Guardián de almas ©

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CAPÍTULO 25

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La voz de Annie, me trajo a la realidad. Estaba en el aula, justo cuando el profesor de literatura, terminó sus clases. Por suerte, no me tomó como su muñeco nerd del salón. Ni tenía ganas de seguir hablando de poetas, o de frases sacadas de los libros que leí de niña. Aquellos que mi abuelito traía, para compartir los conocimientos literarios conmigo.

Cierto. Por la mañana, no encontré a Nathan por ningún lado de mi habitación, solo quedó un poco de lana en mi ropa, producto de su cuerpo lanudo. Él me acompañó toda la noche, como un fiel amigo.

—En toda la clase, estuviste en la luna, Alice —argumentó mi amiga. Puso una botella de agua helada en mi mejilla—. Por suerte, ese profesor, no te llamó a preguntar como lo hace siempre.

—Sí. Por suerte —contesté, tomando la botella de agua y viendo su composición física. Tan translúcida. Antes de pequeña, pensaba que las almas eran de formas humanas y transparentes, pero en la actualidad, la realidad mató a la imaginación. Aunque en la etapa de transición son incorpóreas.

—¿Algo está mal? Te noto demasiado preocupada. Hasta tienes ojeras como un mapache. —Señala con su dedo en el sitio detallado—. ¿Todavía no puedes decírmelo?

No, no podía hacerlo.

¿De qué servía decirlo? Posiblemente, no me creyera nada acerca de los guardianes.

Gatos guardianes, ayudantes de las almas descarriadas. Un trabajo demasiado estresante y duro. Aún quedaban sueltas ciertas cosas sobre ellos. Faltaba conocer más de los seres que cuidan espíritus.

¿Nathan era normal? Esa pregunta, estaba rondando por mi cabeza desde la mañana. Las preguntas que hizo, y la manera que se expresó, hacían llenarme de incógnitas sobre él. Sentía demasiada preocupación por su bienestar.

¿Y si las reglas que le dijo Zero eran por algo? Entendía ese sentimiento de saber más, de tener un barullo atravesado dentro de la cabeza. Como también el hecho de hacer algo prohibido. Infringir la regla, solo por curiosidad.

Los guardianes, no debían de tener ese sentimiento. Ellos se limitaban en ciertas emociones, no eran abiertos como los humanos en ese plano. Por ello, sentía que en cualquier momento, algo le iba a suceder a Nathan.

Posiblemente, se dejaría llevar por la curiosidad, cometiendo un gran error.

—¿Alice? De nuevo en la luna —dijo Annie, enarcando el ceño—. Quisiera amarrarte para que me digas todo lo que te tiene de esta manera. ¿Tan duro es el tema?

Demasiado.

—No es para tanto, solo son problemas míos. Tú despreocúpate —aseguré con precisión. Me levanté, y sonreí levemente—. No he podido dormir bien. Iré a tomar una taza de café en el bar del patio. Al menos, este receso, hará despertarme un poco.

—Te acompaño. —Tomó uno de mis brazos y salimos del aula. El plan de estar sola, estaba descartado. No podía negarme cuando lo decía de una manera muy amable—. ¿Por qué no pudiste dormir?

—Pesadillas.

—Yo las tenía cuando era niña; pero mi abuelita, me enseñó a rezar, y desde ahí, dejé de tenerlas —expresó. Ella era creyente, el antónimo de mí. Estaba a punto de decirle que eso no funcionaba; sin embargo, no quería que se pusiera decaída por mis estúpidas palabras de chica poco creyente—. O quizás sea tu inconsciente. He escuchado que, los sueños demuestran esa parte de ti que no muestras a nadie.

¿Una parte de mí que no muestro a nadie?

Dudo que fuera eso. ¿Monstruos comiéndome viva? No, de eso no se trataba.

—Quizás sea así —contesté a medida que íbamos al bar del patio central. Hay muchos alumnos esparcidos por todo el lugar. El alboroto por comprar, era evidente—. Compraré yo. Puedes esperarme en una de las mesas. ¿Café?

—Chocolate con un sanduche. —Me dio el dinero, y miró por todos los alrededores—. Iré a esperarte en la mesa del rincón. Si te pisan el pie, lucha por tu vida —Se refería al tumulto de alborotadores—. Suerte.

Sonreí e intenté colarme en ese montón de personas.

En los últimos días, no había tenido un humor bueno. Por mi falta de sueño, o por las situaciones que se presentaron anteriormente. Desde de escaparme por las noches, el estrés era mi mejor amigo de todas las horas. Más las pesadillas que venían acompañada de terror y de insomnio.



Señorita Yuuki

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En el texto hay: cementerios, gatos, romance

Editado: 26.08.2019

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