Guardián de almas ©

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CAPÍTULO 26

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Tenía que hablar con Zero, luego me encargaría de explicarle a Nathan. Primero, tenía que encontrarme a solas con el líder de los guardianes. Él debía de saber lo que miré en los recuerdos de esa alma. Tal vez, ya lo sabía desde el comienzo, solo que no quería decirnos por un motivo en especial. ¿Por qué ocultarlo? ¿Tan difícil era decir que Nathan fue humano?

Debía de encontrar la manera para saber la verdad.

Observé al reloj de la pared de mi cuarto, ya marcaba las diez de la noche. Hora para el escape clandestino de mi casa. En cuanto con mi amiga Annie, tuve que rogarle que no preguntara nada, después me encargaría de explicarle con punto y coma la situación.

Por el momento, debía de encontrarme con Zero.

Bajé por el balcón de mi casa, y fui escapándome sigilosamente por las calles nocturnas de mi cuadra. Mi pecho estaba lleno de avidez por saber la verdad de la situación de mi amigo guardián. Tanto misterio, estaba desesperándome.

A medida que caminaba a paso apresurado, dentro de mi cabeza, se llenaba de muchas cosas no específicas del asunto. Había muchas reglas para los guardianes, especialmente para Nathan. ¿Por qué las reglas? Y si las incumplía… ¿Qué podría suceder? Tengo que saberlo.

▬★♦★▬

 

Pisé tierra del campo santo, rodeándome por completo el ambiente mustio de este. Nuevamente, miraba las bóvedas que se alzaban silenciosas por todo el lugar. Algunos gatos, maullaban a lo lejos. Esta vez, no estaba Nathan. Decidí entrar por otro lado para buscar a Zero. Primero hablaría con él, después con mi amigo guardián.

A medida que caminaba, buscaba con la mirada algún índice de Zero, y me llenaba de escalofríos por todo el cuerpo. Nunca pensé sentir esa clase de sensación, al caminar por el cementerio a solas.

Una adolescente vagando por un lugar en medio de la noche, donde enterraban a personas. No se veía tan lindo el cuadro que, daba mi persona en mitad de la oscuridad.

—Aparece, Zero idiota —murmuré, caminando con los brazos alrededor de mi estómago, abrigándome del miedo de mi sistema—. ¡Zero! ¡Aparece! ¡Tengo que hablar algo contigo!

Grité, haciendo eco por todos los rincones de las bóvedas.

El viento transcurría con tranquilidad. A lo lejos, se escuchó los maullidos de los gatos, más los chillidos de los grillos, y los ululares de las aves.

Una esfera brillante, apareció flotando alrededor de mí, seguidas de otras más, dando luz por todo el sitio. Parecían luciérnagas tan brillantes y llenas de vida. Pude escuchar unas risitas traviesas de niños rondar por el lugar.

Las pequeñas almas, se arremolinaron alrededor de mí. Sonreí levemente. Eran niños, que estaban riéndose. Todo el miedo que sentí, lo reemplazó la tranquilidad.

—¿Ya no tienes miedo? —preguntó alguien desde lo alto del pilar de una bóveda. Estaba con el albornoz de su abrigo, cubriéndole el rostro, mientras se encontraba sentado, mirándome fijamente.

—Nathan.

—¿Por qué entraste sola? Fui a buscarte a casa, pero te vi saliendo de tu cuarto. No dije nada, porque quería saber cómo le hacías al escaparte —explicaba, mientras de un salto, aterrizaba en el suelo—. Me sorprendió al ver que te dirigías al mismo lugar de siempre. Luego….. llamaste a Zero.

No lo había sentido en todo el camino.

—Eso fue por…. —No tenía idea que decirle para convencerlo. Respiré profundamente y solté lo que me vino a la mente—. Tengo curiosidad de ciertos temas. Por eso, lo buscaba.

—Dudo que él, aclare tu curiosidad. —Se sacó el albornoz, mostrando su rostro. Unas esferas pequeñas, bailaron alrededor de él, mientras se escuchaba las risas de los infantes—. Son niños. Siempre los superviso. Los pequeños guardianes, deben aprender ciertas cosas.

¿Pequeños guardianes?

Unos maullidos de cachorros, aparecieron, seguido de muchos gatitos.

—Nuevos guardianes —farfullé al sentir como uno de ellos, ronroneaba pasando por mis piernas—. ¿Los guardianes pequeños pueden transformarse en forma humana?

—Ellos todavía no. Pero los demás como yo, sí. Solo que la mayoría, no les gusta estar en esa forma, sino en su transformación de gato —contestó, mirándome fijamente—. ¿Estás segura que es por eso?



Señorita Yuuki

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En el texto hay: cementerios, gatos, romance

Editado: 26.08.2019

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