Guardiana de la noche

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CAPÍTULO I

–¡Daniel! Ya es hora de que te metas. Tienes que bañarte y alistar tus útiles para la escuela –grita por quinta ocasión una señora a su hijo que vuela una cometa, pero éste no hace caso. La mujer vuelve a meterse a su casa, tal vez para darle una sexta oportunidad.

Daniel está tan embelesado con la cometa que no se da cuenta de que alguien está detrás de él, una entidad que está a punto de abalanzársele para atacarlo. La arremetida sería fatal, pero Daniel suspira profundo, suelta la cometa y pregunta sin expresión alguna:

–¿Qué haces aquí, Némesis?

En la sombra de esta entidad se observa que sus alas van desapareciendo hasta mostrar la figura de una mujer que se para frente a Daniel y lo mira desafiante.

–Hago mi trabajo –le contesta.

–¿Matándome? –Daniel ladea la cabeza fríamente.

Némesis hace un gesto como si le hubiesen dicho una obviedad y responde:

–Pensaba castigarte por ser un niño tan desobediente… –Trata de reprimir una carcajada y continúa– Además, ¿cómo iba a saber que eras tú?

Daniel la observa despectivamente de pies a cabeza.

–Creo que estás perdiendo tu… toque.

Némesis, al oír esto, toma rápidamente a Daniel por el cuello y lo alza hasta tenerlo frente a su rostro. El insolente chiquillo no muestra ninguna incomodidad.

–Detesto esos comentarios –dice Némesis entre dientes y después lo suelta con rudeza. –Y tú, ¿qué demonios estás haciendo aquí?

–Busco al Portador –contesta el niño.

–¿A quién? ¿A esa niña llamada, creo, Mónica?

–Sí, esa misma.

Némesis se ríe sarcásticamente, y después de unos segundos habla:

–Vas muy atrasado. Mi hermano la asesinó hace una semana.

–¡¿Qué?! –pregunta asombrado. –No puede seguir matando Portadores. Supongo que no ha encontrado la forma de descifrar las visiones de Átropos.

–Supones bien –contesta la mujer.

–¿Cómo pasó?

–Después de lo de Ana en España, mi hermanito tuvo que huir de allí y llegó a Argentina, donde conoció a Carlos, un universitario. Fue en una exposición y le pareció que este chico tendría potencial, pero…

–Ellos estuvieron a punto de encontrarlo –concluye Daniel.

–Exacto. Fue terrible. Cuando supo que andaban cerca, tuvo que ahogar a Carlos en un lago. Después de eso huyó a México, y allí encontró a Mónica.

–Pues hasta ahora fue la que más le duró. –Daniel cruza los brazos. –¿Cuánto tiempo estuvo con ella?

–Siete años.

–Tanto tiempo y no pudo descifrar absolutamente nada...

–No es tan fácil como crees.

–Hemos perdido muchísimo tiempo. Si tan sólo nos dejaran involucrarnos. ¡No somos unos inútiles! –dice esto último mostrando enojo.

–Creo que él y los demás lo saben. Sin embargo, no podemos descuidar nuestras tareas. Después de todo es el equilibrio lo que se busca para la humanidad, Morfeo.

–Todo esto me fastidia.

El pequeño niño da unos pasos hacia adelante sin dejar de observar el cielo. Nemésis se le acerca colocándose a su lado y le pregunta:

–¿Qué has hecho con el niño, con el verdadero Daniel?

–Duerme bajo su cama.

–¿Desde cuándo?

–Desde esta mañana.

Morfeo respira hondo y Némesis se percata de la preocupación que tiene y que quiere disimular.

–¿Sabes para dónde se fue tu hermanito? –pregunta Morfeo.

–No lo sé. Pudo ir a cualquier parte: Canadá, Groelandia, con los pingüinos en la Antártida... en fin. Creo que deberías mejor preocuparte por hacer lo tuyo. Ve a la humanidad: necesitan sueños, esperanzas… ¡respetar de nuevo a la Noche!

–¡Eso es lo que quiero! Quiero que se respete a la Noche –dice, ya no un niño, sino un hombre que a pesar de verse joven tiene una mirada que expresa muchos años de experiencia. Sigue observando el cielo que oscurece, como si esperase una respuesta.



Guadalupe Velázquez

Editado: 15.01.2019

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