Guardianes de Akasha

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Capítulo 9

  —No te atrevas a pensar que eres mi amo. Por lo que de una vez se lo advierto señorita, no pienso volver a servir a nadie, así que no me importa si tengo que matarte en el proceso para lograrlo.   

Frío, eso era lo único que sentía cuando aquel pelirrojo me miraba. Sus ojos me inquietaban, algo en él indicaba desequilibrio, una mente trastornada por algo mucho más allá de mi entendimiento. La adrenalina que había sentido cuando luché contra el vigilante se esfumó, me temblaban las piernas y no tenía nada que objetar. Seguí intercambiando miradas con aquel ser tan dispar, y advertí que comenzaba a perderme en el enigma de su persona.

  —Yo no entiendo de que me estás hablando—solté sin convicción—. Tú solo apareciste de la nada. 

Otra vez su cara resplandeció, podía detallar sobre como su cabello se convertía en llamas, aquellas que amenazaban con incinerarme si no le daba la respuesta que buscaba, pero que lamentablemente no poseía.     

  —Tú has sido la que me liberó, no fue una coincidencia y lo sabes.

Recordé la forma violenta en qué fui llevada hasta ese lugar, como contra todo pronostico me enfrenté a la figura atroz del puente y aquella manera ferviente en la que mi corazón dictó que debía ir sin importar las consecuencias. Entonces, analicé lo sucedido, pensé en el cuarzo marrón del que había salido y llegué a la conclusión... era otro guardián. 

No, no podía serlo.

  —Oriel dijo que los guardianes están encerrados en Turmalinas de birmania, es imposible que salgas de un cuarzo—murmuré más para mi misma que para el ser que deseaba asesinarme.

  —¿Oriel?—preguntó ahora consternado—. ¿Quién es ese?

—Oriel Andrew—volví a repetir.       

—Así que una sabandija Andrew, pues bien, eres una estúpida si creíste lo que aquel ingenuo te dijo—rodó los ojos con notable sarcasmo, lo que me hizo rememorar mi desagradable primer encuentro con el chico.

—Parece que es algo propio de los guardianes ser tan irrespetuosos cuando recién conocen a alguien. No sabía nada sobre ti, ni siquiera tenía la intención de encontrarte, ni deseo tampoco tener nada que ver contigo o la mentada competencia, suficientes problemas tengo en este momento como para agregarte a mi lista.

Nos quedamos en silencio, sin tener nada más que decirnos, el no podía contraatacar eso y tampoco le impediría que se marchara, ya le había dicho millones de veces a Oriel que no iba a participar en la competencia, no tenía ganas de morir en batalla por algo que no podría manejar jamás.

 —Ojalá fuera tan sencillo como lo planteas. No puedo irme por voluntad propia, sólo tu puedes romper el sello que me mantiene atado a ti. 

Quise echarme a reír en su cara de la incredulidad. 

  — ¿Qué yo te libere? Reacciona, no tengo ningún poder, es imposible—ahora si que todo el mundo se había vuelto demente, era una sencilla humana con bastante mala suerte—. En todo caso no sabría como hacer tal cosa, es mejor que te marches de una vez y te prometo que no le mencionaré a nadie que te he visto ¿de acuerdo? Nos vemos.

Di media vuelta intentando alejarme lo más rápido posible del guardián, sin embargo, me percaté de una opresión en mi brazo y lo último que supe fue que había terminado encerrada en sus brazos. No se veía para nada feliz, y yo mucho menos lo estaba debido a que presentía un terrible desenlace.

  —No quieras hacerte la chistosa conmigo humana, más te vale que hagas el conjuro de liberación ahora mismo, por que si no te voy a drenar toda la sangre de tu maldito cuerpo ¿comprendes?

Digerí su ultimátum y tragué saliva para poder replicar, pero nada salía; hasta comencé a creer que había perdido la voz en algún momento, él esperaba algo absurdo. Eso me llevó a reflexionar sobre Ulysseus, y la forma en la que el otro día le pedí que me salvara, pero por algún motivo no estaba tan segura de llamarle, algo me decía que si lo hacía estaría en verdad perdida. 

«Seguramente Julián me ayudaría.»

Aún dolía pensar en él, tanto que mejor no lo hacía. La forma violenta en la que cayó al suelo cuando me ofreció otra oportunidad de vivir me carcomía, fue como una intercambio despiadado, su vida por la mía, y tal vez jamás me lo perdonaría, tal vez esa criatura llegó para hacerme pagar por eso.  

 —Más te vale que la sueltes, o te juro que te voy a matar en este instante. 

Miré hacia la ventana, justo para ver a Oriel alzado por una burbuja de agua, se veía desafiante y colérico, tan sobresaltado como nunca antes lo había visto. Su cabello castaño estaba crispado y sus manos en puños, conteniendo una clase de rabia que no podía catalogar. 

  —Así que decidiste aparecerte, heredero mestizo, no hay nada peor que tener que encontrarme con el linaje de perros falderos de la insensata Akasha. 



laive

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En el texto hay: guardianes, demonios, mundo medieval

Editado: 24.08.2019

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