Guardianes de Akasha

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 10

No sabíamos qué hacer a continuación. Cuando parecía que daba dos pasos hacia delante, terminaba retrocediendo otros cinco, y eso era lo que podía describir completamente nuestra situación.

—¿Es verdad que lo ha aceptado como su guardián?—me interrogó Oriel, diciéndolo más alto de lo que hubiera sido apropiado, pero supuse que sus intenciones eran que Massimo no se perdiera de la conversación.

—No hemos tenido otra alternativa—dije defensiva, no quería ser acusada de nada por el momento.

—Él es demasiado peligroso—nos regañó Annabella, como si fuéramos dos niños que necesitaran de un escarmiento.

Seguíamos en la parte trasera del fogón, el cual habíamos convertido en una escena horrenda de asesinato; haciéndome recordar las palabras que el padre de Annabella me había especificado sobre el tipo de competencia que era aquella, esas batallas sangrientas y luchas por el poder, donde siempre uno tendría que morir—o en este caso, una batalla en donde hasta los guardianes que deseaban poseer iban a perecer—.

Observé a Massimo, quién de pronto estaba demasiado melancólico como para que mi odio por él siguiera en aumento. Cuando se percató de mi mirada, volvió a su indiferente manera de ser, lo vi esbozar una sonrisa y sentí nauseas de pronto al recordar toda la sangre que había estado bañando su rostro hasta hacía apenas unos momentos.

—No creas que esto se va a quedar así—siseó y me abstuve de ir tras él para golpearlo.

Tomé una gran bocanada de aire y pasé mis manos por mi cabello, intentando relajarme.

—No te pregunté—le dije para zanjar el tema de una vez por todas—. Lo harás porque yo quiero que así sea.

Aún no me acostumbraba a esa descarga de adrenalina que me embargaba cada vez que hacía utilidad de mi rango con Massimo, era un tipo de sensación que en mis precarias situaciones jamás pude experimentar, siempre era quien recibía órdenes o era oprimido. Pero tenía que parar de hacerme la víctima y afrontar un poco de la realidad que amenazaba con tomar todo de mí.

—Quien lo diría, amo Massimo—giré para encarar al dueño de aquella voz, y era un hombre que jamás había visto, pero al parecer, que mi guardián estaba muy familiarizado.

—Robert, tan escoria como siempre.

Parecía un individuo de lo más peculiar, con aquel cabello oscuro en ondas llegando hasta su mentón, la incipiente barba que le crecía y sus ropas negras destejidas, algo así como un tipo de esclavo muy vivaz.

— ¿Quién es este?—ahora Annabella fue quien se acercó a la escena y dio la cara por nosotros, incapaces aún de formular alguna pregunta.

—Robert Cathédra, a su servicio—tomó la mano de Annabella y la besó con gentileza, un gesto que me recordó bastante a Oriel.

—Es igual a ti—le susurré al guardián en tono burlón, ocasionando que me viera con asombro y desconcierto.

—Por supuesto que no, él es sólo un pueblerino ¿cómo puedes compararme con semejante humano?

Terminé riéndome un poco más alto de lo debido, logrando que Robert posara su completa atención a mí, su intensa mirada hacía que me cohibiera.

—Vaya, tienes a dos damiselas bastante hermosas a tu cuidado Massimo, me siento tan celoso de ti.

Massimo apretó la mandíbula y pensé que se le echaría encima, pero sólo suspiró y se acomodó un mechón de cabello. Era sorprendente la manera en que Robert parecía saber manejarlo, por lo que me interesé un poco más en ese sujeto pensando que tal vez podría serme de ayuda a la hora de hacer que Massimo dejara de intentar matarme o por lo menos, que dejara de decirlo a cada rato.

— ¡Por allá se escuchó el ruido! ¡Vamos!—aquellos gritos nos alarmaron, no cabía duda de que eran los soldados que resguardaban la academia, siempre resultaba increíble que ese tipo de detalles importantes se nos olvidaban, parecía que teníamos muchos ánimos de morir.

—Fue más rápido de lo que creí—testificó Massimo mirando a Robert, prometiéndole mil cosas con sus ojos, éste sólo asintió, tornándose serio.

—Por aquí—fue lo último que dijo antes de que lo siguiéramos sin poner peros.

Tenerle miedo no sería una buena opción, resignarse tampoco se sumaba a la lista de cosas que debería considerar nunca más, llegar a ese tipo de punto en donde las decisiones que tomara no sólo me afectaban a mí, quería decir que no podía ser lo suficientemente inconsciente de sólo elegir de manera egoísta.

Suspiré y me llevé las manos a la cara, intentando no dejar de prestar atención hacia donde nos dirigíamos, estábamos a punto de ingresar a la academia por una ventana de la planta baja, Robert aseguraba que él había encantado específicamente esa para poder escabullirse en las noches con alguna compañía, comentario que todos acordamos pudo haberse ahorrado.



laive

#100 en Fantasía
#100 en Magia
#36 en Paranormal
#36 en Mística

En el texto hay: guardianes, demonios, mundo medieval

Editado: 24.08.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar