Guardián de almas ©

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CAPÍTULO 7

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Me acosté y estuve con la mirada hacia el techo por varias horas. Perdida en la bruma de pensamientos que venían e iban de un lado al otro, encontrando un camino para que encajara a la perfección. Todo lo que sabía de la muerte y de los cementerios, tenía otra cara de la moneda. Ya no podía mirar el cementerio como lo veía antes. Mucho peor a los gatos.

El día en que encontré a ese gato muerte en mi habitación, había muerto por salvarme.

Los gatos eran guardianes de las almas, y yo tenía una porción del poder de un guardián, caso que traería problemas más adelante. Tendría que ir al cementerio por las noches, para ayudar al chico guardián en su trabajo.

¿Ilógico? Estaba arrepintiéndome por haber recogido ese dije de forma estrellada del cementerio. Si no lo hubiera hecho, todo estaría en paz. No me hubiera enterado de los guardianes. Ni tampoco hubiera visto espectros.

—Soy una tonta por completo —farfullé en mi cuarto. Cerré los ojos por un momento. Era de madrugada, debía de dormir al menos unas horas. Ya mismo amanecía, y tenía que ir a la secundaria.

Annie se había ido a su casa con mucho miedo. Quería preguntar qué mismo pasó dentro del cementerio, pero esquivé su pregunta con un: «Luego te digo».

No quería decirle que me enteré de una realidad que no tenía lógica, que era una fantasía. Todo, menos eso. Quería seguir siendo la chica normal. Al menos, ante sus ojos.

Suspiré profundamente, sintiendo al mismo momento, una corriente de aire que pasó por todo mi cuarto, entrando desde la ventana. No vino sola, sino acompañada por una risa infantil que hizo abrir los ojos de golpe. Unos pasos se escucharon por toda la habitación, como si estuvieran corriendo y riendo a la vez. Mi corazón comenzó a palpitar demasiado.

«Desde ahora, podrás ver ciertos seres. Desde almas, hasta los espectros».

Las palabras que dijo aquel chico guardián resonaron en mi cabeza, haciendo eco y bailando escalofriante por todo mi cuerpo. No quería ver nuevamente otro espectro, ni siquiera que se me acerque algo extraño.

«Y no solo eso, los seres oscuros irán hacia ti, por tener una parte del poder de un guardián».

Sí. Tenía poder de guardián dentro de mi alma. Solo por haber tocado ese dije.

Respiré profundamente, e intenté cerrar nuevamente los ojos. Me tapé con una sábana de pie a cabeza, como si ese fuera un método para protegerme de la cosa que caminaba por toda la habitación.

Más pasos y una risilla juguetona.

Pude escuchar el sonido de pasos arriba del techo, algunas cosas se cayeron en mi cuarto. Apreté los labios, ya deseaba que el sol saliera y alumbrara toda la habitación. No sabía qué mismo era lo que estaba rodando ahí.

—Que se vaya. Por favor —mascullé temblorosa. Me hice un ovillo en la cama. Quería gritar a mis padres para que vinieran, pero no me atrevía abrir la boca. Estaba demasiado atemorizada que estaba agarrotada.

El colchón de mi cama, crujió sintiendo el peso de algo posarse en ello. La sábana que estaba cubierta, la jalaron bruscamente, acompañado de esa misma risilla.

Las campanas de la muerte resuenan, anunciando la llegada de otro muerto —dijo una voz chillona. No quería abrir los ojos, los mantenía cerrados y mi cuerpo en un ovillo—. Una vida se apagará como una vela, y todo se reiniciará de cero.

Algo peludo estaba subiendo encima de mí. Mi cuerpo comenzó a temblar demasiado. Intenté no tenerle miedo, de no sollozar, de no sentir pavor a lo paranormal. Mi madre siempre decía que había que tenerles miedo a los vivos que a los muertos.

En este caso, no podía estar de acuerdo.

Ese algo estaba a punto de hacerme daño. La piel de mi cuerpo, se puso como la de una gallina. Un presentimiento cruzó por mi pecho, matando toda valentía que intentaba crecer.

Niña humana, abre los ojos. Solo soy un servidor que viene anunciando la muerte de otro humano. —Esta vez su voz se escuchó en mi oído—. Para cada ocasión, hay un ser que anuncia la nueva noticia.

¿Qué quería decir?

No quería abrir los ojos, pero aquel ser, era demasiado insistente. Hasta sentía como tocaba mi ropa.

—¡Aléjate de mí! —vociferé con los ojos abiertos. Muy mal decisión, pude al fin verlo. Un cuerpo deforme, todo lleno de pelo negro, y dos ojos saltones me estaban mirando fijamente—. Oh Dios mío.



Señorita Yuuki

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En el texto hay: cementerios, gatos, romance

Editado: 22.04.2019

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