Hada Madrina 2

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Capítulo 3

Si algo tengo que agradecerle a Janice, fue sacar el tema de la fecha, porque así tuvimos tiempo en el viaje de regreso a casa de tratar el asunto.

—Supongo que tendremos que sentarnos para cotejar nuestras agendas.

—Lo bueno de ser el hijo del jefe, es que puedo despejar un par de semanas cuando quiera.

—Suerte que tienes. Yo estoy condicionada por la agenda estatal; ya sabes, periodos de declaraciones, pagos de impuestos, esas cosas. Y con las fechas libres que quedan tengo que compartirlas con los 15 compañeros de mi departamento. Y si le sumamos que soy la nueva, pues me quedan poscas posibilidades. Casi puedo asegurar que me tocarán las fechas que nadie quiere. Sentí la mano de Dave apretando la mía.—como he dicho, yo puedo coger las que quiera, así que nos ajustaremos a lo que tú tengas.

—Pero será lo peor de lo peor.

—Tú dime cuando, y con lo que sea, buscaré un destino donde eso no importe.

—¿Qué quieres decir?

—Que si tú quieres unas vacaciones en verano, viajaremos hacia el verano, con playas, sol, aguas tranquilas… Y si quieres unas vacaciones de invierno, volaremos a Laponia para conseguir nieve, o al polo norte. Tú solo dime lo que quieres y yo te lo daré.

—Ya casi me has convencido. Ya sé por qué tienes felices a todos tus clientes. —Dave torció la boca ligeramente.

—No a todos, pero eso ya no importa. —Aquello me preocupó.

—¿Has tenido algún problema?

—Digamos que Amanda no quedó muy contenta cuando rompí nuestra relación. Y si ella no es feliz, su padre tampoco.

—Has perdido su cuenta por mi culpa. —Deduje. La mano de Dave me obligó a mirarlo.

—Jamás pienses que tú eres la culpable de eso. Fue mi error. Dejé que me arrastrara hacia donde ella quería, y no me preocupé en mantener la distancia.

—Pero yo me…

—¡No! —Él me cortó antes de que dijese nada más. —Tú no rompiste nada, no te entrometiste. Rompí con Amanda porque no quería seguir adelante con ello, no estaba enamorado de ella, no tenía ningún plan de futuro.  Y creí que se lo había dejado bien claro, pero parece ser que no lo hice con el suficiente convencimiento según su opinión.

—¿No entiendo? — Él dejó escapar un suspiro.

—Teníamos ideas diferentes de lo que estaba sucediendo entre nosotros. Ella pensaba que acabaríamos casándonos, solo era cuestión de tiempo, porque los dos teníamos una trayectoria similar con nuestros planes de futuro. Pero eso era lo que ella creía, era su plan, no el mío.

—Así que…

—Yo nunca he buscado una mujer que rellene ese hueco en la fotografía perfecta. El vacío que hay que rellenar siempre estuvo aquí.  —Su mano guio la mía hasta su corazón, para sostenerla contra su pecho. —Lo que realmente siempre he necesitado, es a alguien que me completara aquí, y tu encajas perfectamente. —¿Estaba a punto de llorar? Probablemente, pero es que era imposible no hacerlo ante semejantes palabras. Dave… Dave… me había desarmado. Ni entrenamiento, ni gaitas. Nada de lo que Eleanor me había enseñado durante todo este tiempo, me había preparado para este momento.

—Dave… —Sus ojos volaron de la carretera hacia mí por varias veces, hasta que giró el volante y nos sacó de la carretera. Detuvo el coche en el arcén, se giró hacia mí, tomó mi rostro entre sus manos y…

—Si me miras de esa manera solo puedo hacer una cosa… —Y me besó. En ese momento, habría detenido el tiempo, para siempre. Vaya, me estaba volviendo un merengue. —Y ahora voy a llevarte a casa, antes de que cometa una estupidez.

No sé lo que me poseyó en ese momento, pero mi cuerpo tomó el control, dejando de lado a mi aturdida cabeza. Me lancé sobre la boca de Dave para exigir más de sus labios, lo que nos llevó a una lucha de voluntades, por ver cual de los dos conseguía más del otro. Respirar pasó a segundo puesto, pasando a primer lugar nuestro beso, otorgándole el poder de ser la única función vital que necesitábamos para seguir con vida.

Sus labios me alimentaban, sus manos me sostenían, su cuerpo me calentaba. Solo en el momento que nos tomamos una pausa para recuperar el aire, me di cuenta de que estaba sentada a horcajadas sobre mi prometido. Y por la expresión de su cara, podía decir que se sentía encantado de ser utilizado como montura.

—¡Dios, Tai! —Estaba a punto de hacerlo callar de nuevo ocupando su boca, cuando un par de golpes sobre la ventanilla del conductor nos hizo regresar al presente. Ambos giramos la cabeza para toparnos con un uniforme policial. Dave accionó el mecanismo de bajada del cristal, pero no retiró su otra mano de mi trasero, impidiendo que abandonara mi cálido asiento.

—¿Ocurre algo agente? —Unos ojos muy abiertos nos miraban sorprendidos desde el otro lado.

—¿Dave, Dave Wilson?

—Sí.

—Seguro que no te acuerdas de mí.  —Los ojos de Dave se estrecharon hacia él.



Iris Boo

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En el texto hay: humor, amor, hada madrina

Editado: 16.02.2020

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