Hannah. la zona oscura

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1 - Olvido

13 de octubre de 2017. Bufete de abogados Barton & Carteret. Washington, D.C.

—Tendrá que ser hoy. Esta tarde a las siete en punto —James Carteret, abogado criminalista, sujetaba con fuerza el teléfono móvil en su mano izquierda mientras con la mano libre pasaba rápidamente las hojas de su agenda —. Ella ha vuelto a hablar...Sí, después de cuatro años... Nos han encargado su caso, pero antes quieren hacer una evaluación psicológica. Se encargará de ello un joven recién salido de la facultad. Su nombre es Jason, Jason Lowe...No, Henry, no le conozco aún. En estos momentos está aguardando afuera...No creo que esperen gran cosa. Su declaración no interesa a nadie a estas alturas, excepto a nosotros. Todas las pruebas recayeron en su contra, fue acusada, sentenciada y olvidada. Nadie se ha preocupado por ella en estos últimos cuatro años. Creían que nunca saldría del shock. Al parecer se equivocaban...Mandaré a Thomas Bennet a hablar con ella. Él podrá hacerse cargo. Creo que llevaré este caso personalmente...Sí, tienes razón, se va a convertir en el caso más mediático de los últimos años. Puede significar un buen empujón para nuestro bufete después del fracaso con el caso Stendhal...Bien, luego te cuento. Adiós, Henry.

James Carteret pulsó el botón de finalizar llamada del móvil y lo guardó en el bolsillo de su americana.

Se acercó hasta el amplio ventanal con vistas a Capitol Hill y observó a su alrededor. Era una vista impresionante la que podía observarse desde su despacho. A lo lejos el obelisco, uno de los muchos símbolos egipcios que había repartidos por la ciudad. Al frente, junto a la biblioteca del congreso, el grandioso capitolio con su blanca fachada de mármol. Unas vistas privilegiadas. Tan privilegiadas como el caso que les habían encargado gracias a sus contactos en las altas esferas. El caso de Hannah Sullivan, la niña asesina, como la bautizaron los periódicos sensacionalistas.

Nunca hubo pruebas suficientes para inculparla en el asesinato de su familia, por lo menos no definitivas, en opinión suya, pero todo estuvo en su contra. Se la encontró en posesión del arma homicida. Rodeada de los cadáveres de sus padres y hermanos y cubierta de sangre. Las huellas en el cuchillo eran las suyas. No había señales de que nadie hubiera entrado en la casa. Las puertas y ventanas no estaban forzadas y no se encontró ninguna huella o señal de alguien que pareciera provenir del exterior de la vivienda. Todo eso y su incapacidad para explicar lo sucedido fueron suficientes motivos para que el juez encargado del juicio la hallara culpable de homicidio en primer grado. Fue encerrada en Albertson, el psiquiátrico para criminales con las mejores medidas de seguridad del país. Una fortaleza en sí misma. Un antiguo hospital para enfermos incurables, reconvertido en prisión. Un lugar de olvido.

James Carteret se acercó de nuevo a la mesa de su escritorio y pulsó el botón del interfono que le comunicaba con su secretaria.

—Amanda, haga el favor de hacer pasar al señor Lowe.

—Sí, señor.

—Gracias.

James Carteret se quedó de pie, esperando a que el joven entrara. Sonaron dos golpecitos en la puerta, antes de abrirse esta y de que Amanda hiciera pasar al joven psicólogo.

—Señor Lowe, es un placer conocerle —dijo James Carteret acudiendo junto a la puerta a recibirle. Le estrechó la mano y le hizo entrar en el despacho —. Haga el favor de sentarse.

Carteret se fijó en que el psicólogo, mucho más joven de lo que suponía, echaba un rápido vistazo a los amplios ventanales antes de sentarse en la silla que le ofrecía.

—¿Unas vistas impresionantes, verdad?

—Sí —contestó Jason —. Se ve toda la ciudad.

—Efectivamente. Me han dicho que hace muy poco que se ha licenciado.

—No hace aún un año.

—Y ya trabaja en el hospital Saint Elizabeths...Y le han encargado su primer trabajo. Un trabajo difícil, ¿no cree?

—Explorar la mente de un enfermo siempre es difícil, Señor Carteret...

—No lo pongo en duda. Voy a serle sincero, Señor Lowe, esperaba que el hospital mandara a alguien más, ¿cómo diría? Más experimentado. No es que dude de sus conocimientos...

—Le comprendo perfectamente —respondió el joven —, yo fui el primer sorprendido.

—Este caso será muy popular. Los periodistas pelearán por la noticia como buitres tras un trozo de carne podrida. Habrá mucha tensión. Sinceramente, ¿cree que está preparado?

—Sí, lo creo. Esa joven sólo es una persona enferma que busca ayuda como cualquier otro paciente. Es mi obligación darle la ayuda que necesita, esté o no cualificado, lo haré.

—Esa es la contestación que esperaba oír —dijo Carteret sonriendo —. Creo que sus superiores han debido ver lo mismo que yo acabo de observar. Está usted dispuesto a pelear y la palabra derrota no entra en su vocabulario. No quiero robarle más tiempo, Señor Lowe. Le hice venir por un asunto, digamos, un tanto delicado. Nosotros queremos acceder a toda la información que la paciente le refiera. Somos sus abogados  y ahora que ella ha procedido a realizar una apelación a su anterior juicio, necesitamos saberlo todo.



Marcus Turkill

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En el texto hay: paranormal, crimen

Editado: 19.02.2018

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