Hannah. la zona oscura

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2-Oscuro

—¿Se encuentra con fuerzas para contestar a mis preguntas? —preguntó el joven psicólogo.

 La muchacha le miró aterrada

—¿Cree usted que recordaré?

—No lo sé. Quiero ser sincero con usted. La terapia en estos casos es bastante...intrusiva. He de hacer que recuerde todo aquello que le hizo daño. Tiene que buscar en su interior esos dolorosos recuerdos y dejar que afloren a su consciente. No será fácil. La forma en que lo haremos será bajo hipnosis terapéutica. Entrará en un estado de relajación muy profundo y yo le guiaré a través de sus recuerdos.

—Quiero intentarlo...Quiero recordar.
—En ese caso pediré que la trasladen a un lugar donde podamos estar más cómodos. Aguarde un momento, no tardaré mucho.
—No tengo donde ir —contestó la joven sonriendo por primera vez.
Hannah vio alejarse al psicólogo recorriendo el pasillo en dirección a la salida. No estuvo ausente mucho tiempo. Cuando le vio regresar, suspiró de alivio. No sabía por qué, pero se sentía muy tranquila en presencia del joven.
—Arreglado. La trasladarán a otra sala en unos minutos -dijo Jason —. Yo la esperaré allí.
—Gracias.
Jason llegó a la sala que le habían indicado y esperó junto a la puerta. Parecía una sala de interrogatorios, con una mesa central y dos sillas situadas una frente a la otra.
Hannah llegó en unos minutos, acompañada por dos celadores. El joven se fijó en que iba esposada de pies y manos. Al entrar, vio cómo uno de los celadores procedía a quitarle los grilletes y a volver a encadenarla a la mesa. El otro celador, situado tras la joven, vigilaba la operación. Ambos llevaban porras y sprays irritantes y parecían muy competentes en sus obligaciones.
—Gracias, caballeros —dijo Jason —¿Pueden dejarnos solos? Se lo agradecería.
—Cuando termine, pulse ese botón junto a la puerta. Nosotros vendremos a abrirle —dijo uno de los celadores. Luego ambos salieron de la sala.
Jason se sentó en la silla frente a la joven. Abrió su maletín y saco un bloc de notas y una grabadora.
—No le importará que grabe la conversación, ¿verdad? Eso me ayudará más tarde.
—No, claro que no —contestó Hannah.
—Bien. 
Jason apretó un botón de la grabadora y esta emitió un ligero ronroneo.
—Doctor Jason Lowe, primera sesión con la paciente, Hannah Sullivan, Diecinueve años de edad —. La voz de Jason sonó alta y clara —. Hannah, cierre los ojos y respire profundamente...Concéntrese en mi voz. Tome aire profundamente, reténgalo y ahora expúlselo muy lentamente. Sienta como sus músculos se van relajando... Vuelva a respirar, bien, aguante y suéltelo de nuevo...Su cuerpo está pesado. Nota un agradable cansancio en los músculos de sus piernas y de sus brazos... Cuando cuente hasta tres notará un profundo sopor. Relájese, respire aún más profundamente.
Jason vio cómo la joven se iba relajando. Su respiración se hacía más acompasada.
—Hannah, quiero vea a su familia, a sus padres, a sus hermanos. Es muy temprano, por la mañana y acaba de despertarse. Nota el sol en sus párpados, es un precioso día de primavera. Hoy es quince de mayo, Hannah. El año es el dos mil trece....Se encuentra muy a gusto y relajada. Dígame qué están haciendo sus padres.
—Están preparando el desayuno. Papá está haciendo zumo de naranja. Huele a naranjas recién exprimidas. Mamá está en la cocina. Ella prepara los cereales para Jack. Los de chocolate y miel son los que más le gustan.
—¿Sus hermanos dónde están?
—Están todos sentados a la mesa. Harriet y Helena están riéndose y Jack me pregunta algo. Quiere saber cuánto falta para las vacaciones de verano. El bebé está en su cuna, duerme.
—¿Qué es lo que sucede ahora, Hannah?
—Suena el teléfono, es el móvil de papá. Es una llamada del trabajo. Lo coge, se le ve preocupado. Algo pasa.
—¿Su padre parece nervioso?
—No, sólo molesto. Dice que le han cambiado el turno, tendrá que trabajar de noche y eso no le gusta.
La joven cambió de expresión súbitamente.
—¿Qué ocurre, Hannah?
—Hay algo raro... Hay alguien en casa.
—¿Quién es, Hannah? ¿Cómo ha entrado en la vivienda?
—No lo sé,  ya estaba dentro... Está detrás de mis padres y... Tiene algo en la mano...
—¿Qué tiene en la mano, Hannah?
—No puedo verlo, es...¡es un cuchillo! 
Hannah empezó a agitarse en la silla, su respiración era entrecortada. Jason sabía que debía aguantar un poco mas antes de despertar a la muchacha. Ese era el momento clave, cuando los recuerdos reprimidos podían aflorar.
—No, no quiero verlo...¡Nooo!
—Hannah, despierte...contaré hasta tres y despertará...Uno, dos y...
La joven abrió los ojos de repente. Unos ojos llenos de ira.
—No sé por qué se empeña en llamarme así, yo no soy Hannah...
—¿Arianne?
—Hola de nuevo, doctor. ¿Le divierte hacer sufrir a ésa idiota?
—No la hacía sufrir, estoy tratando de ayudarla.
—Si quiere puede ayudarme a mí. Hace muchísimo tiempo que nadie me consuela, estoy un poquito desesperada...
La joven hizo intención de levantarse, pero las esposas le impidieron moverse.
—Arianne, me gustaría volver a hablar con Hannah.
—Creo que va a ser imposible, de momento. Hannah sigue allí, la pobrecita.
Había de todo menos compasión en el tono de voz de Arianne.
—¿Tú sabes lo que pasó?
—Claro. Compartimos la mente además del cuerpo. Yo sé todo lo que hace y piensa esa inútil. Y créeme, a veces es desesperante.
—Por qué no me cuentas lo qué pasó. Seguro que tú lo sabes mejor que ella.
Jason había decidido utilizar a la némesis de la joven Hannah. Era su mejor baza.
—No, creo que no. 
—Estoy empezando a dudar de que lo sepas. Te gusta mucho presumir, pero creo que no sabes nada
—¿Es esa una nueva táctica psicológica? ¿Me tomas por idiota? Si quieres saber lo que pasó, tendrás que ganártelo, doctorcito. Todo tiene un precio.
—Bien, ¿y qué tengo que hacer?
—Jugar a un jueguecito. ¿De verdad quieres jugar? Será muy divertido.
—Jugaré.
—Valiente sí que eres. Aún no sabes de qué trata el juego. Acércate, te lo diré al oído.
Jason sabía que no podía fiarse de la joven, pero estaba dispuesto a arriesgarse. Se acercó lo suficiente para que ella le hablara al oído y fue entonces cuando sintió los labios de ella en los suyos. Jason se retiró de inmediato. Tenía que haberlo adivinado.
—Perdón...Perdón —dijo riéndose —. No he podido evitarlo.
—¿Vas a contármelo ahora?
—Tal vez...Vale, de acuerdo. Fue ella, esa chiflada fue quien mató a toda su familia.
—A lo mejor fuiste tú —dijo Jason, tomando de nuevo las riendas.
—¿Yo?...—Arianne puso cara de asombro—. Quizás sí.



Marcus Turkill

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En el texto hay: paranormal, crimen

Editado: 19.02.2018

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