Hannah. la zona oscura

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4-Oculto

11.23 AM. 14 de octubre del 2017. Centro psiquiátrico penitenciario albertson.

 

—Doctor Jason Lowe, segunda sesión con la paciente Hannah Sullivan.

Con ella o con cualquiera de las otras personalidades, aún no sabía quién era la joven que tenía delante.

—¿Hannah? —La joven se encontraba de nuevo en la misma sala de interrogatorios que la vez anterior.

—¿Sí, doctor?

—Puede llamarme Jason, si quiere.

Ella bajó la vista tímidamente.

—Hannah, ¿conoce usted a alguien que se llame, Arianne?

En la mayoría de los casos, la personalidad primaría, en este caso, Hannah, no suele reconocer a las otras identidades que comparten su mente y su cuerpo.

—He oído hablar de ella, aunque no sé quién es. El psiquiatra de la prisión me dijo que podía tener personalidad múltiple. Me hicieron un examen psicológico cuando salí del coma...¿Usted creé que es posible?

—Sí, Hannah, ayer hablé con ella. 

—¿Entonces es cierto? ¿Estoy loca...?

—No, Hannah, usted no está loca. Sólo presenta un trastorno de personalidad. Yo estoy aquí para ayudarla. Hay terapias que pueden servirle. Ante todo debe comprender que esas otras identidades son una parte de usted. No son personas extrañas, son otras facetas de su propia personalidad. El trauma que usted vivió en su infancia fue el detonante de su enfermedad.

—¿Creé usted que pudo ser Arianne, la que...la que hizo eso?

—¿Se refiere al asesinato de su familia?...Aún no dispongo de los datos necesarios. Arianne tiene una personalidad más, ejem...Más sensual que la suya, pero eso no significa que fuera ella la que tuvo algo que ver con el incidente de su familia. Durante la sesión de hipnosis dijo usted que había alguien más en la casa, ¿puede recordar algo más?

—No, sólo recuerdo que vi a alguien detrás de mis padres. Creí que podría tratarse de un hombre, aunque no estoy segura. Tuve como un flashback. Las visiones se sucedían unas a otras muy rápido. No acerté a distinguir a nadie claramente. Sentí mucho miedo y luego...nada.

—Necesito volver a hablar con esa otra personalidad, Hannah. Creo que Arianne podría actuar de desbloqueante.

—Pero, yo no sé cómo hacerlo... No creo ser capaz...

—Tendría que volver a hipnotizarla. ¿Confía en mí?

—Sí, Jason. confió en...Confío en ti.

                                                                                                                   ...

 

Jason había vuelto a hipnotizar a la joven. Arianne apareció casi de inmediato.

—Hola de nuevo, doctor. Me has echado de menos.

—Siempre es agradable hablar contigo. Arianne. 

—Te gusto, ¿verdad? Si no fuera por estas cadenas, podríamos divertirnos un rato, ¿por qué no pides que me las quiten?

—En realidad no he venido a hablar contigo, Arianne. Sé que hay alguien más ahí con vosotras. Me gustaría hablar con ella.

—Eso es imposible...Aquí sólo estamos la estúpida y yo—Arianne se había puesto muy nerviosa.

—Eso no es cierto. Ella ya ha hablado conmigo.

—No te creo...Ella no habla nunca con nadie — Arianne forcejeaba con los grilletes que la encadenaban a la mesa —Te hará daño y no quiero que lo haga. Mejor vete, no quiero seguir hablando.

—Quiero intentarlo, Arianne. Puede que ella sepa lo que ocurrió aquel día.

—Ella lo sabe todo, pero es peligrosa.

—Creo que correré ese riesgo.

Arianne cerró los ojos. Su respiración era agitada, el sudor perlaba su frente y su cuerpo parecía encogerse de dolor o...de miedo. En un momento dado, Arianne trató de ponerse en pie, pero los grilletes se lo impidieron. Su cuerpo se convulsionaba con violentos espasmos. Aquello era lo más parecido a una posesión diabólica y si Jason no hubiera sido todo lo pragmático y descreído que era, habría acabado creyendo que de eso mismo se trataba.

—¿Cómo te llamas? —preguntó el psicólogo en voz alta.

Un gruñido escapó de la boca de aquello que tenía delante y que había dejado de ser humano. El cabello cubría su rostro y dejaba entrever unos ojos inyectados en sangre. Sus manos parecían garras aferrando las cadenas, tirando con fuerza de ellas. Jason se echó hacía atrás instintivamente al ver cómo aquel desencajado rostro fijaba en él su mirada.

—Te dije que la dejaras en paz —gruñó aquello. Su voz rasposa, como la voz de un fumador empedernido.

—Dime tu nombre...—repitió Jason aún más alto.

La que antes fuera una joven tímida y tranquila se arrojó contra el psicólogo con violento ímpetu. Sólo las cadenas impidieron que sus garras alcanzaran a Jason, pero el impacto fue tan fuerte que retumbó en la sala. 



Marcus Turkill

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En el texto hay: paranormal, crimen

Editado: 19.02.2018

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