Hannah. la zona oscura

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5-Abandonada

15 de octubre del 2017. Hogar de la familia Sullivan. Boston.

 

Thomas Bennet había acudido al lugar de los hechos. La vivienda de la familia Sullivan, donde todos sus miembros habían sido asesinados. Todos menos Hannah, la hija mayor.

Habían pasado cuatro años desde aquel luctuoso incidente. La casa permanecía cerrada y en total abandono. No había vuelto a venderse, ni tan siquiera a alquilarse. Además, era muy complicada su venta debido a los crímenes allí cometidos. El recuerdo aún sobrevolaba la vivienda como una sombra de mal augurio. Así, vista desde afuera, parecía una casa común y corriente. Pero había algo, algo intangible que hacía que fuera poco deseable.

"Es la sangre", pensó Thomas al contemplar la dañada edificación. "La sangre no puede borrarse de la memoria".

Thomas sacó del bolsillo de su abrigo la llave de la vivienda. La había solicitado aquella misma mañana en el juzgado. Abrió la puerta principal y el olor a moho y a cerrado atacó sus fosas nasales.

Estaba allí por una única razón. Hannah le había confesado la verdad y le había mencionado algo que la policía en su momento pasó por alto. Una prueba que aclararía sus dudas y que demostraría la inocencia de la joven.

Todo en aquella casa estaba adormecido. El aire parecía no moverse, el polvo permanecía suspendido, los sonidos se amortiguaban y el tiempo se ralentizaba hasta casi detenerse. Nadie entró en la casa después que la policía terminara con sus indagaciones. Hasta la misma vivienda parecía retener la respiración, espantada por lo ocurrido entre sus paredes.

Las marcas de los cuerpos y las manchas secas de sangre todavía seguían allí. ¿Estarían también sus espíritus atrapados entre sus muros?

Thomas era lo que se dice un escéptico, y a pesar de ello, su instinto le avisaba de que algo no andaba bien.

Siguiendo las instrucciones que le había dado Hannah, subió a la segunda planta donde se encontraban los dormitorios. La primera habitación era la de las dos hermanas de la joven, la puerta entreabierta dejaba vislumbrar las manchas de sangre sobre la cama donde las niñas habían perdido la vida. Nadie se preocupó por limpiar la casa ni eliminar tan macabros recuerdos. Thomas aceleró el paso evitando mirar.

La última habitación a la derecha del pasillo era la de Hannah. Allí debería estar lo que buscaba. Según le dijo la joven, en el momento del asesinato tenía junto a ella su móvil y tuvo tiempo de activar la cámara de fotos. Realizó varias fotografías mientras corría escaleras arriba, hacia su habitación y luego escondió la tarjeta de memoria del teléfono en algún lugar de su cuarto.

No había vuelto a recordar nada hasta hacía unas semanas. Esa tarjeta era la clave de su inocencia. El verdadero asesino debía aparecer en esas fotografías. Encontrarla era de vital importancia.

Hannah no recordaba donde lo escondió. Sólo le dijo que, confusa y aterrorizada subió a su cuarto y allí dejó el pequeño dispositivo tras ocultarse bajo la cama. Cuando volvió a bajar, al comprobar que no se oía ningún ruido, toda su familia se hallaba muerta y el asesino había desaparecido. Más tarde llegó la policía y se la llevaron detenida. El resto de la historia ya lo conocían todos.

Thomas inspeccionó toda la habitación. Era casi imposible pensar que la policía, durante sus registros, no hubiera localizado la tarjeta del teléfono móvil. Obviamente era pequeña y fácil de ocultar, pero la policía hacía bien su trabajo.

Las palabras de Hannah volvieron a su mente. Ella misma le había dicho donde se encontraba la tarjeta, sin ni siquiera darse cuenta. "Subió a su cuarto y allí dejó el pequeño dispositivo tras ocultarse bajo la cama". Después de esconderse lo ocultó; bajo la cama, donde ella se ocultaba.

Allí estaba, justo entre dos de las barras de sujeción del somier.

Apretó fuertemente la tarjeta de memoria en su puño y bajó de dos en dos los escalones de la vivienda. Salió de allí lo más rápido posible, dándose cuenta de que el aire fresco de aquella mañana otoñal despejaba su mente. La atmósfera de la casa era tan espesa que apenas había podido respirar en su interior.

Con aquellas nuevas pruebas, el caso podía darse por zanjado. Esta vez sí que ganarían el pleito.

Thomas estaba deseoso de ver aquellas imágenes. Sabía que se trataba de una prueba y que su obligación era presentársela al juez que llevaba el caso, pero tenía que saber de antemano que aquellas fotos exculparían a su cliente. No podía presentarse ante su jefe, el señor Carteret, sin saber lo que había en aquella maldita tarjeta de memoria.

Camino de su automóvil, Thomas sacó del bolsillo su teléfono móvil y abrió la cubierta de plástico que dejaba ver el desnudo interior del aparato. Rozó la batería caliente cuando insertó la tarjeta de memoria en el lugar indicado para ello. Tras cerrar la tapa, volvió a conectar su móvil. Impaciente por comprobar el contenido, esperó a que la pantalla se activara. Un sonido muy agradable le indicó que el dispositivo ya estaba conectado y rápidamente pulsó el icono que decía galería. La pantalla se oscureció para acto seguido mostrar una sucesión de imágenes en baja resolución. Presionó la primera de ellas y...



Marcus Turkill

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En el texto hay: paranormal, crimen

Editado: 19.02.2018

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