Hannah. la zona oscura

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4-Pruebas

11:50 AM. 16 de septiembre del 2021. Jardín Botánico Nacional. Washington DC.

Brandon Pearse había acudido a la cita. Se encontraba rodeado de plantas de distintas especies y veía a través de las copas de los árboles la alta cúpula del Capitolio. Paseó por el camino de grava y llegó junto a un pequeño estanque, allí, sentado en un banco de madera blanca estaba el joven psicólogo.

—Buenos días, inspector. Siéntese.

Pearce tomó asiento junto al joven. Luego miró a su alrededor buscando la figura de Hannah, pero no vio a nadie más, estaban ellos dos solos en aquel rincón del jardín.

—¿No ha venido? —Preguntó el inspector.

—Anda por aquí cerca, primero quería ver su reacción cuando le entregue los papeles que ayer le mencioné.

—¿Sabe que podría detenerle ahora mismo por encubrimiento...?

—Creo en la inocencia de Hannah, inspector y después de que vea esto —Jason le mostró un maletín de piel —, usted también creerá.

—Muy bien, le concedo diez minutos para convencerme, si no lo consigue daré orden de búsqueda y captura de esa joven y le detendré usted, doctor.

—Me sobran cinco —Jason abrió el maletín y sacó un fajo de papeles, entregándoselos al policía.

Los papeles eran viejos y arrugados, algunos eran recortes de prensa y otros, el grueso mayor, llevaban el membrete de un hospital. El Saint Joseph.

Pearce empezó a leer por encima y su rostro iba demudándose al leer aquellos papeles.

—¿Cómo accedió a esta documentación?

—Es muy largo de contar, inspector. Sólo le diré que esos papeles forman parte de mi herencia. No supe de ellos hasta hace un año, cuando el abogado que mi padre había contratado para administrar su patrimonio me telefoneó. Mi padre murió hace muy poco...

—¿Y quién era su padre? —Pearce no comprendía nada en absoluto.

—Mi padre era el doctor Bernard Patterson, fundador del hospital Saint Joseph y uno de los más eminentes psiquiatras a nivel mundial.

—Empiezo a comprender... —El inspector Pearce no salía de su asombro —.¿Pero su apellido...?

—Hace años que mi padre y yo no nos hablábamos, tuvimos ciertas discrepancias... Cambié mi nombre y adopté el apellido de mi madre, Lowe. Además no quería que el nombre de mi padre influyera en mi carrera.

—Según estos papeles, Hannah Sullivan permaneció confinada en el hospital el día que sucedieron los hechos. Debido a una crisis de ansiedad la mantuvieron sedada por espacio de tres días. Por lo tanto no pudo ser la causante de la muerte de sus padres.

—Le dije que era una prueba irrefutable. Hannah es inocente de los cargos de los que se le acusa.

—Lo que no entiendo es por qué su padre no dijo nada en su momento. Él sabía que Hannah era inocente y dejó que la encerraran en el psiquiátrico.

—Hannah está enferma, Inspector, tiene esquizofrenia. Imagino que mi padre quiso hacerse cargo de ella. Sus padres y hermanos habían muerto, no tenía a nadie en el mundo y la hubieran encerrado igualmente en cualquier otro psiquiátrico. Él movió los hilos para que la internaran en su hospital y así poder atenderla personalmente. Esa es la explicación que imagino.

—Pero él sabía que en cuanto cumpliera la mayoría de edad sería trasladada a una penitenciaría. Sigo sin comprenderlo.

—También hay una explicación para eso. Cuando Hannah cumplió los dieciocho años, mi padre ya había desarrollado una enfermedad. Tenía Alzheimer. Él siempre pensaba que podía curar a Hannah o por lo menos controlar su enfermedad. Dedicó toda su vida a eso. Yo creo que pensaba decir la verdad antes de que internaran a Hannah en la prisión, pero no contaba con enfermar...Ya ve, inspector, mi padre era bastante peculiar. Creo que todos los genios lo son en mayor o menor medida.

—¿Y usted no conocía nada de esto? —Preguntó Pearce.

—Le aseguro que no. Yo era el mejor amigo de Hannah hasta que la muerte de sus padres la sumió en un profundo estado de shock y ya no reconoció a nadie... ¿Qué piensa hacer ahora, inspector?

—Primero, Hannah tiene que entregarse. Yo me encargaré de presentar estos papeles a los abogados que llevan su caso para que se los entreguen al juez. Si el juez dictamina que estos papeles demuestran su inocencia, Hannah será libre.

—¿Los abogados de Hannah? ¿Se refiere a James Carteret y a su socio Henry Barton?

—Sí, ¿por qué lo pregunta? Creía que usted ya los conocía —respondió el policía.

—Hablé con el señor Carteret —dijo Jason —. No es una persona que me agrade. Intentó convencerme para que le informara de mis conversaciones con Hannah, conversaciones confidenciales...No, lo decía porque leí el nombre de ese abogado en la correspondencia privada de mi padre, ¿Sabía usted, inspector, que James Carteret y mi padre eran buenos amigos?



Marcus Turkill

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En el texto hay: paranormal, crimen

Editado: 19.02.2018

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