Hannah. la zona oscura

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5-Mentiras, sólo mentiras.

El inspector Brandon Pearce aún seguía teniendo muchas dudas. Los papeles no mentían, siempre y cuando no fueran falsos. Pero tenía la certeza de que algo no encajaba. El caso de Hannah Sullivan había ocurrido hacía ocho años y él no recordaba exactamente lo ocurrido. Creía recordar vagamente que Hannah había sido detenida en su propia casa por la policía. Las fotografías que habían recuperado del ordenador del abogado fallecido mostraban a la muchacha con el rostro cubierto de sangre. No, algo no concordaba con la declaración del joven psicólogo.

Lo primero que hizo en cuanto dejó a la joven en la comisaria, fue volver a su domicilio y conectarse a su ordenador. Entró en la página del Washington Post y tecleó el nombre de Hannah Sullivan en el buscador del periódico digital. Al instante apareció la noticia que buscaba.

No sé equivocaba. Hannah había sido detenida en su casa, rodeada por los cadáveres del resto de su familia. Sus huellas estaban en el arma homicida.

Esos papeles decían lo contrario.

Volvió a leerlos detenidamente:

«14 de mayo de 2013. Hospital Saint Joseph. Diario personal del doctor Bernard Patterson.

La joven Hannah Sullivan de quince años, diagnosticada con esquizofrenia paranoide ha empeorado notablemente en los últimos días. Se le administra risperidona por goteo intravenoso y aripiprazol en solución de 7,5 mg, en prevención de un brote psicótico. Permanece aislada y atada en su cama para prevenir autoagresiones. Se la mantiene bajo constante vigilancia».

Si Hannah fue retenida en el hospital y sedada en la fecha que indicaba el diario del doctor Patterson, un día antes de los hechos, no parecía posible que justo un día después pudiera escaparse del hospital y cometer los crímenes.

Aunque en realidad se trataba tan sólo del diario personal del médico, algo muy fácil de falsificar, los informes parecían reales.

Lo que no se podía objetar era que la policía había detenido a una jovencita a la que habían identificado como Hannah Sullivan y que posteriormente, después del juicio había sido devuelta al hospital del que se había fugado. ¿Se habrían equivocado al identificar a Hannah? No lo creía. La policía había comparado las fotografías de la joven. Indudablemente era ella. Fue detenida en aquella vivienda, pero en el registro del hospital figuraba como interna. ¿Cuál era la verdad?

Brandon tomó el teléfono para llamar a la comisaría, quería saber cómo se encontraba Hannah. Seguramente mañana sería trasladada a la penitenciaría de Albertson donde permanecería hasta la fecha del juicio. El inspector les entregaría a sus abogados aquellas pruebas para que a su vez las presentarán al juez. Ellos decidirían si eran falsas o no. Su trabajo era localizar a Hannah y eso había hecho.

«Pero hay algo que no cuadra». Repitió su mente con un martilleo incesante.

Dejó de nuevo el teléfono sobre la mesa de su escritorio y otra vez frente al ordenador tecleó en el buscador de Google.

Escribió el nombre del psicólogo: Jonas Patterson Lowe y esperó.

No tardó mucho en aparecer la información que buscaba:

"Jonas Patterson Lowe. Nacido en 1998, fallecido en 2013.

El jovencísimo hijo del eminente doctor Bernard Patterson doctor en psicología, falleció en el hospital del cual su padre era director. La autopsia reveló que la muerte del muchacho fue por intoxicación de varios fármacos. El forense determinó que la muerte había sido por suicidio..."

Sí Jonas Patterson había muerto a los quince años, ¿quién era Jason Lowe?

Brandon Pearce volvió a tomar el teléfono. Tenía que emitir una orden de búsqueda de aquel joven que se hacía pasar por psicólogo. Marcó el número de la comisaria y esperó.

—¡Jefe! ¿Es usted? Soy Wong. No va a creerse lo que ha sucedido. Es ella, esa joven...Hannah...

—¿Que ha ocurrido? —Preguntó Pearce alarmado.

—Nadie sabe cómo ha podido pasar, jefe...Hannah se ha fugado...

En ese preciso momento la comunicación se cortó.

Pearce estaba a punto de colgar el teléfono cuando escuchó un ruido que parecía proceder de la cocina.

El inspector se volvió rápidamente y se sobresaltó al ver la figura de una persona de pie justo detrás de él. Parecía una mujer. Vestía un largo vestido blanco y llevaba una máscara de las que se usan en los carnavales. En su mano derecha llevaba unos de sus cuchillos de cocina que seguramente había cogido momentos antes.

El intruso se quitó la máscara y Brandon pudo ver sus rasgos.

—¿Eres tú? —Dijo el inspector sobresaltado —. Siempre has sido tú, ¿verdad?

Una voz ronca le contestó:

—Sí, inspector y después de lo que ha averiguado no puedo dejarle con vida.



Marcus Turkill

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En el texto hay: paranormal, crimen

Editado: 19.02.2018

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