Hannah. la zona oscura

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6-Confesión(1)

—¡Qué has hecho, Hannah!

Jason nunca había imaginado que la joven se fugara de la comisaria. Eso complicaba todos sus planes. Estaban en su apartamento a donde Hannah había acudido tras fugarse.

—No te das cuenta de todo lo que he tenido que hacer para demostrar que eras inocente. Ahora lo has estropeado todo. La policía pensará que fuiste tú la que asesinó al inspector Brandon. Llevaba planeando esto desde hace años.

—¿El inspector Brandon Pearce ha muerto?

—Fue asesinado hace unas horas. Déjame que te lo cuente todo Hannah y por favor no digas nada hasta que haya terminado. Luego podrás hacer lo que quieras. Ya estoy cansado de fingir, muy cansado.

»Siempre he sentido algo especial por ti, Hannah. En realidad, me enamoré tan perdidamente de ti como sólo un adolescente puede llegar a hacerlo. Te veía reír junto aquel niño, Jonas y los celos me destrozaban por dentro —Jason bajó la cabeza no atreviéndose a mirar a aquella que amaba por encima de todo —. Él era tu mejor amigo y a mí ni siquiera me mirabas. ¿Quién era yo? Simplemente un loco más abandonado por su familia en aquel hospital. ¡Un enfermo! Tú, una diosa. Todos estaban pendientes de ti, Hannah. ¿Cómo osaba imaginar acercarme a ti? El director del hospital te cuidaba como a una hija, sentía predilección por esa dulce niña siempre sonriente y trataba de encontrar una forma de curarte y su hijo...ese ladrón. Él se llevaba todas tus risas...Por eso tuve que deshacerme de él.

»Fue muy fácil, en realidad. No era la primera vez que lo hacía, Hannah, ya había matado algunos animales antes de que me encerraran, perros y gatos mayormente y me divertía viéndolos agonizar entre violentos espasmos.

»Jonas confiaba en mí y logré ganarme su amistad, pero sólo tenía un objetivo, vengarme del acreedor de tus sonrisas y de tus miradas. Le invité una tarde a mi habitación con la excusa de enseñarle un libro que había encontrado en la biblioteca del hospital. A él le encantaba la lectura y no dudó en acompañarme. Esa misma tarde había entrado a escondidas en la sala donde el doctor Patterson guardaba las drogas, me las ingenié para conseguir las llaves del armario donde las almacenaba y cogí tantas como pude. Ni siquiera me fijé en lo que cogía. después en mi habitación mientras Jonas hojeaba el libro que le había enseñado, preparé el refresco. Un refresco mortal. Le había añadido lo menos doce de esas pastillas, disolviéndolas antes de ofrecérseló. Fíjate que me dijo que el refresco tenía un sabor raro pero que le gustaba. ¡El muy imbécil se lo bebió todo y esperé hasta que murió! No puedes imaginar el alivio que sentí, ¡por fin podrías fijarte en mí!

Hannah no decía nada, pero lo escuchaba todo, estaba sentada en un rincón del sofá y no se atrevía a mirar a Jason, mientras este le iba relatando aquel relato de horror. Las manos cubrían su rostro y las lágrimas rodaban por sus mejillas. Pero no eran lágrimas de miedo o de dolor, eran de tristeza. Tan sólo podía pensar en aquel niño del hospital al que había visto muchísimas veces mirándola fijamente para acto seguido apartar la mirada. Aquel niño que siempre la seguía de lejos y al que ella no prestaba atención. Si tan sólo por un momento se hubiera vuelto para hablar con él, para ser su amiga. Todo era culpa suya en realidad.

—Sí, Hannah, lo maté por ti. Pero después de eso tampoco te fijaste en mí.

»El doctor Patterson, destrozado por la muerte de su hijo, no volvió a ser el mismo. Su atención por ti disminuyó e incluso pensó en devolverte con tu familia porque había llegado a la conclusión de que era incapaz de curar tu enfermedad. Yo no podía permitir eso. Te separarían de mí y no volvería a verte.

»Fue entonces cuando no tuve más remedio que tomar aquella peligrosa decisión. Si tu familia moría y tú eras la principal sospechosa, jamás te dejarían salir del psiquiátrico. Estarías conmigo para siempre. Durante muchos días planeé como hacerlo hasta que di con una idea.

»En aquellas semanas tu enfermedad había empeorado y te mantenían sedada y encerrada en la zona de vigilancia. Era muy difícil entrar allí y muy arriesgado, porque si advertían mi presencia mi plan fracasaría, lo que hicieran conmigo no me importaba lo más mínimo. ¿Cómo lo hice? Todavía no puedo creer la suerte que tuve. Durante un tiempo estudié los movimientos de los carceleros que te mantenían retenida, porque de eso mismo se trataba, tenía que sacarte de aquella prisión y lo logré. Te escondí en uno de esos carros que se utilizan para trasladar la ropa sucia y aproveché el momento en que el camión de la lavandería venía a buscarla. Nadie vio nada y cuando advirtieron que no estabas en tu habitación ya era demasiado tarde para ellos. Conseguí hacer que nos fugáramos y después ya puedes imaginarte lo que hice. Estabas tan drogada que me costó poder llevarte hasta tu casa, te dejé por un momento en el jardín, bien oculta y me colé dentro de la vivienda. Tu padre fue el primero en morir, me hice con un cuchillo en la cocina y le corté el cuello antes de que se diera cuenta de mi presencia. Tu madre fue la siguiente y después todos tus hermanos. Puedes creer que no sentí nada al hacerlo, ni siquiera cuando ahogué a ese bebé tan indefenso. Sé que estoy muy enfermo, Hannah, pero en aquel momento sólo lo hacía por ti, puedes creerme.



Marcus Turkill

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En el texto hay: paranormal, crimen

Editado: 19.02.2018

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