Hannah. la zona oscura

Tamaño de fuente: - +

6-Confesión(2)

—¡Eris! ¿Todavía sigues creyendo que existe? —Dijo Jason volviéndose a mirarla.

Hannah no contestó. Mantenía los ojos cerrados intentando evitar mirar al monstruo que tenía delante.

—Ese abogado murió chillando como un cerdo. El muy idiota, porque no puede decirse otra cosa de él, me llamó por teléfono para intentar sonsacarme algo de mi conversación contigo. Al final fui yo quien averiguó que tú, Hannah, sí tú, le habías dicho dónde encontrar esas fotografías. No tuve más remedio que ir a su casa y recuperarlas, ahora no me interesa que aparezcan, porque ahora mi objetivo es sacarte de prisión y esas fotos te incriminan. ¿Quién las escondió bajo la cama y cómo te enteraste tú de su paradero? Eso no lo sé.

—Fue Eris, ya te lo he dicho —repitió Hannah—. Sé que no crees en ella, pero es real...

Jason negó con la cabeza riendo por lo bajo.

—Tú la escuchaste, Jason, habló contigo...—Observó la joven.

—Fuiste tú, fingiendo, igual que cuando te hacías pasar por Arianne. Leías ese libro: Sybil, que explicaba los síntomas de un trastorno de personalidad múltiple y los copiaste a la perfección, incluso me hiciste dudar a mí. Estudié psicología, en eso no mentí...

—Me refiero a la grabación, la que escuchaste aquí mismo en tu casa...Ella te avisó.

—¿Cómo sabes eso? ¡Nunca lo he comentado con nadie!

—Te avisó que me dejaras en paz, tú no has obedecido, Jason.

—¡Tú no puedes saber eso!

—Eris sí lo sabe.

Jason sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.

—Eres un asesino, Jason. ¿Por qué le entregaste al inspector Pearce esos papeles si luego decidiste matarlo?

—Esos papeles no son falsos, los obtuve en el hospital hace unos años, cuando al acabar la carrera de psicología me presenté en el hospital Saint Joseph para volver a ver al doctor Patterson. Nadie me reconoció y usé un nombre falso para no despertar sospechas. Patterson ya estaba muy enfermo, pero se negaba a jubilarse. Yo necesitaba esos papeles para demostrar tu inocencia. Nunca deseé hacerte daño, Hannah, esa nunca fue mi intención.

—¿También asesinaste al doctor?

—No, Hannah, no hizo falta. Él ya estaba en las últimas. Pude coger esos documentos fácilmente sin que nadie se diera cuenta. Se los entregué al inspector para limpiar tu nombre. Quería poder vivir una vida nueva junto a ti. Pero, ese inspector indagó más de lo que debía y se dio cuenta de que me hacía pasar por un muerto, cosa que era fácil de descubrir si alguien indagaba un poco. Supe que no confiaba en mí desde el primer momento en que le vi y decidí seguirlo a su casa cuando te dejó en la comisaría. Siempre he tenido mucha maña abriendo cerraduras, no me resultó difícil colarme en su casa y...No me equivocaba, Pearce había descubierto que yo no era quien decía ser. Me disfracé, pero en el último momento quise que supiera quién iba a matarle, por lo que dejé que viera mi rostro. Tenías que haber visto su cara al reconocerme, de lo más cómica.

—Sí, muy divertido, Jason— renegó Hannah —. Has conseguido engañar a todo el mundo y crees poder salirte con la tuya...

—Ya lo he hecho, Hannah. No hay ninguna prueba que me incrimine en ninguno de los asesinatos.

—¿Y ahora me matarás a mí? Soy la única que sabe la verdad —dijo Hannah.

—No, cariño, amor mío. Yo te amo. Jamás te haría daño. No te das cuenta de que todo esto lo he hecho por nosotros, para que podamos estar siempre juntos. El inspector Pearce tenía los documentos en su casa y yo los mandé por correo a tus abogados. En cuanto los reciban se los entregarán al juez y quedarás libre. No existe ninguna prueba de que tú mataras al inspector Pearce. Yo no dejé ningún tipo de huellas ni nada que te incriminara. Sospecharán, sí, pero no podrán demostrar nada. Podremos estar juntos al fin.

—¿Tú y yo? —Preguntó Hannah.

—Sí, tú y yo.

—¿Y Eris?

—¿Cómo?

—Sí, no le has preguntado a ella, Jason. ¿No quieres saber lo que opina?

—¡Déjate de tonterías! —Jason se acercó hasta ella, zarandeándola, para después abofetearla —¡No existe, Hannah! ¡Eris no es real!

Ella lo apartó de un fortísimo empujón y Jason, dando un traspiés cayó al suelo.

—¿No existo? —Gritó Hannah, pero su voz ya no era la misma, ni tampoco ella. Era Eris. —Te advertí que la dejaras en paz y no me hiciste caso, qué tengo que hacer para demostrártelo, ¿dispararte otra vez? ¡Ella es mía!

Eris agarró a Jason del cuello y lo levantó del suelo empujándolo contra la pared. La fuerza con que lo sujetaba era increíble, los pies del psicólogo no tocaban el suelo. Luego lo lanzó por el aire y Jason golpeó contra la pared con un fuerte impacto.



Marcus Turkill

#398 en Thriller
#166 en Suspenso
#214 en Misterio

En el texto hay: paranormal, crimen

Editado: 19.02.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar