Happy

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Capítulo 1 "Este no es el inicio".

YoonGi... vamos amigo — sus nudillos golpean con suavidad la puerta del apartamento. — Déjame entrar, solo será un momento.

El joven al otro lado de la puerta, tira de su labio inferior hasta lastimarse. Sus manos van al picaporte y sus dedos lo giran deliberadamente, parece indeciso sobre si abrir o no, y mientras deja caer con lentitud su cabeza sobre la superficie de madera, sus dedos resbalan por el metal del seguro

YoonGi, por favor, por favor, te lo suplico. Necesito que abras esta puerta.

YoonGi aprieta un poco los parpados antes de examinar la estancia en la que ha pasado las últimas noches.

Él no se atreve a pisar su habitación. Detenerse frente a ella, hace que sienta que su cabeza va a estallar. No puede entenderlo, no.

Está asustado.

Desorientado.

Él no puede...

Sus felinos ojos café vagan por el piso del pasillo lleno de cristales. Si no recuerda mal, antes de estrellarlos habían sido licoreras y un par de floreros. Bonitos, de hecho.

No es como si importara de todos modos. TaeHyung estaba muerto. Destrozar su casa no iba a cambiar nada.

— Nam... — grazna en voz baja, y suena extraño. Demasiado grave y ronco y sus cejas se crispan un poco, porque es la primera palabra que ha pronunciado en casi una semana. El castaño al otro lado de la puerta, pega el oído a la madera.

— ¿YoonGi?... Por un demonio hermano, estoy aterrado. Por un momento creí que no estarías aquí... Anda, déjame entrar. Lo resolveremos. — Asegura con calidez empujando un poco la puerta — Solo abre esta cosa.

Después del funeral, NamJoon noto que sería imposible que YoonGi volviera a casa tan pronto. Parecía congelado, despidiendo a los asistentes mientras asentía una y otra vez a palabras que él estaba seguro, YoonGi no estaba escuchando. Le vio dar la mano un par de veces a algunas personas mientras su mirada vagaba por el lugar, como si intentara reconocer que era lo que acababa de pasar.

No pudo evitar pensar que ese sujeto, ese chico rubio demasiado pálido y delgado, con ojeras aún más marcadas que de costumbre, ese muchacho vestido impecablemente en traje negro con movimientos mecánicos y forzados... él no se parecía en nada al YoonGi que había conocido. Algo en la mirada café parecía diferente, como si de pronto, su amigo se hubiese convertido en un frágil cascarón completamente vacío y eso en definitiva lo asustó.

Así que consideró buena idea pasar disimuladamente por el edificio del rubio y dejar su nombre y número al encargado en gerencia, para que lo llamaran en caso ocurriera algo. Si bien YoonGi había mostrado entereza y serenidad, aun parecía perdido y confuso. NamJoon no sabía mucho de este tipo de cosas, pero intuía que eso no podía ser bueno. YoonGi parecía haberse ocultado, resguardándose de algo, conteniendo todo el tiempo sus emociones tras una falsa cortina de tranquilidad, pensó que eso solo podría convertirlo en una bomba de tiempo y temía por su seguridad. Se encontró solo durante la noche, incapaz de dormir, pensando que el gerente del lugar llamaría para decirle cualquier cosa que lo aterraría, que YoonGi había cometido alguna estupidez y algo en verdad horrible había pasado. Le sorprendió bastante que no lo llamaran de inmediato, sin embargo después de una semana, por fin ocurrió. El gerente sonaba algo asustado cuando le pidió que por favor se acercara lo más pronto posible. Quería reportar posibles destrozos en el piso de su amigo, pero este se negaba a abrir la puerta. YoonGi incluso había cambiado la cerradura, puesto que ninguna de las llaves del encargado de mantenimiento logró abrirla.

No hay nada que resolver. — escucha a la voz decir. Suena temblorosa y un poco más grave que de costumbre.

YoonGi, eso no puedes saberlo.

NamJoon jadea con sorpresa cuando la puerta se abre con brusquedad.

Ahí, a centímetros de él, su pequeño amigo lo mira con una expresión tan desoladora que se le parte el corazón. Olfatea un poco el ambiente cuando el aroma a alcohol lo golpea como una bofetada. YoonGi permanece ahí, de pie. Sujetando la puerta mientras sorbe por la nariz, la enorme camiseta color crema cubre gran parte de sus piernas embutidas en un buzo gris demasiado grande para él. NamJoon reconoce las prendas al instante. Esa ropa no es suya. La ha visto en TaeHyung cuando el equipo de la editorial había ido de paseo a la playa. Se ve mal, parece agotado y a pesar de las marcadas ojeras y la hinchazón en el rostro demacrado producto del llanto, hay algo de lo que el castaño no puede despegar la mirada.

El cabello de YoonGi está empapado y revuelto y escurre de este los restos mal quitados del tinte negro.



Serendipia

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En el texto hay: taegi, yoonmin, duelo

Editado: 21.08.2019

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