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Capítulo 4 "Margaritas":

El castaño ajusta las gafas metálicas sobre el puente de su nariz antes de inclinarse para observar mejor aquel peculiar objeto que tanto llama su atención.

Una delicada pantalla cilíndrica que es comúnmente usada para atenuar la luz de las velas. Sin embargo, le parece al castaño, aquella pantalla no tiene nada de común. Está seguro de que ha sido hecha a mano con sumo cuidado, el bambú es fino y la tela se adivina teñida para representar el cielo nocturno, en la parte superior el purpura, azul y negro han sido combinados hermosamente en un degradado, en la parte inferior los mismos tonos y algo de turquesa satinado se han sobrepuesto para pintar el mar. Acerca más el rostro a la pantalla y sus ojos se exploran impresionados los diminutos puntos dorados. Minúsculas estrellas resplandecientes cubren el cielo en el precioso adorno.

— Fascinante. — Murmura incapaz de quitar la mirada de las estrellas.

La primera vez que vine aquí, observé el centro de mesa durante toda la cena.

— Los colores...

— ¿Sabes qué es increíble? — inquiere el pelinegro cuando se percata de la mirada fija en la pequeña lámpara — Todas las mesas tienen una pantalla diferente, pero todas fueron hechas por la misma persona, he estado aquí cinco veces — dice levantando una de sus manos y comenzando a subir los dedos conforme enumera —... he visto una pantalla de un amanecer, otra de un globo aerostático, un campo de flores que creo eran margaritas, un arrecife de coral y esta de cielo estrellado. Son hermosas, pero esta es mi favorita.

—Los colores... — su dedo índice recorre con sutileza el dibujo. YoonGi levanta el rostro hacia el castaño cuando escucha la corta risita — Siempre me ha gustado la pintura y esto es en verdad precioso.

— Pregunté al dueño de lugar — habla Yoongi haciendo un ademán con la mano para señalar la entrada del restaurante — me dijo que las hacía un pintor de una modesta compañía, pero por alguna razón dejo de pintar y se fue muy lejos de aquí, nadie sabe a dónde, así que ya no pueden ser adquiridas.

— Oh...— las comisuras de sus labios tiraron hacia abajo — ¿Qué le habrá ocurrido?... es una lástima, parece talentoso. — susurra antes de recorrer con la mirada el restaurante que YoonGi ha elegido para cenar.

La ambarina iluminación es cómoda, gracias a las lámparas de bambú que cuelgan de algunos puntos del lugar, sin embargo es mucho más suave donde ellos se encuentran, ya que el pelinegro ha optado por un asiento en el centro del restaurante, encontrándose así ambos bajo el cielo estrellado. El rústico tablero redondo de la mesa parece ser el tronco de un árbol, Tae puede ver los anillos café brillantes por el barniz. El piso del lugar es un mosaico de rocas en terrosos tonos grises, cafés, rojizos y mostazas, hay una pequeña plataforma de madera en la parte posterior del lugar, en ella, una mujer de largo y ondulado vestido blanco, cabello castaño recogido en un moño desordenado y un hombre vestido con esmoquin, cantan juntos algo que sin duda alguna es Jazz.

De pronto se siente intimidado.

Si bien no es tan grande, se ve lo suficientemente refinado como para ser costoso. — Señor Min...No... Me siento seguro de...poder estar aquí. Quizá sea mejor si tan solo yo... — susurra empujando su silla un poco hacia atrás.

— Tonterías. — Murmura YoonGi. — Fui yo quien te invitó a cenar TaeHyung, solo relájate y pide lo que quieras.

— ¿Está seguro Señor Min?

— Por supuesto. Solo una cosa más.

— ¿Si? — el castaño acercó tímidamente la silla.

— Si vuelves a llamarme señor Min, yo mismo haré que te echen de aquí. — el pelinegro habla sin levantar la mirada de la carta. — Me haces sentir demasiado mayor, ni siquiera estoy seguro de poder soportar que me llames hyung. Sé que hay formalidades, pero en serio, en serio, soy demasiado joven para toda esa mierda.

TaeHyung parpadea sorprendido.

— Solo dime YoonGi, ¿de acuerdo? — sonríe.

— YoonGi, sí.

 

 

 

 

YoonGi frunce ligeramente el entrecejo, mientras sus dedos estrujan el vaporoso satén crema y el encaje de las cortinas, apartando apenas la tela para ver a través del cristal de la ventana, sus ojos se mantienen fijos en el infinito cielo gris.

Hay días buenos y malos.

Suele también, haber días terribles.

Días en los que todo parece mejorar y luego... El tiempo a su alrededor se detiene, recordándole todo suceso ocurrido, golpeándolo brutalmente sin compasión. En momentos como esos, en momentos en los que su cerebro se embotaba con las imágenes de Kim TaeHyung, YoonGi no tiene muchas opciones para tranquilizarse, así que siempre acaba igual. Ebrio y envuelto entre mantas en el sofá, llorando y maldiciendo todo cuanto lo llevó a conocer al hombre del cual se había enamorado, renegando por la fragilidad de la vida y lo inútil que él sentía había sido.



Serendipia

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En el texto hay: taegi, yoonmin, duelo

Editado: 21.08.2019

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