Hasta el fin

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Capítulo 4

Eden estaba esperando por él en el horario que le había dicho, en la entrada de la compañía discográfica. A pesar de no agradarle mucho la idea de estar teniendo que ir con Matt a tomar algo, sentía unos leves nervios que comenzaban a producirse en la boca de su estómago. Sacudió la cabeza cuando los empezó a sentir y cambió de posición para aplacarlos.

Miró su reloj pulsera, eran pasadas las siete de la tarde y ya se estaba agobiando de la espera. No tenía porqué esperar tanto pero presentía que Matt se lo estaba haciendo a propósito.

El sol ya había bajado y la brisa de aquel verano era cálida pero fresca a la vez.

Un grupo de jóvenes salió de la compañía entre risas y charlas y, uno de ellos al mirarla, le sonrió y guiñó un ojo. Eden se quedó sorprendida y ruborizada ante tal gesto que terminó por regalarle una sonrisa nerviosa en señal de amabilidad.

Ya eran las siete y veinte cuando volvió a mirar el reloj, se mordió el labio inferior por la impaciencia que sentía. Cuatro grupos más de jóvenes salieron y fue allí cuando Matt se dignó a aparecer.

―Siento haberte hecho esperar, la reunión que tuve me llevó tiempo ―se excusó.

―No te preocupes ―le dijo con una falsa sonrisa.

―De saberlo antes te habría dicho que pasaras dentro ―la miró incómodo.

―No era mi intención molestar, no quiero causarte problemas ―le aseguró con seriedad.

―No lo hubiera sido, podrías haber esperado en uno de los sillones de la recepción ―le comentó.

―No me gusta invadir tanto un lugar de trabajo ―fue lo único que le salió.

―Nadie te iba a decir nada por sentarte y esperar, a lo sumo te habrían preguntado el porqué llegaste ―replicó observándola.

―Te lo agradezco pero no es agradable escuchar una queja de un jefe por culpa de una persona ajena a la compañía ―manifestó.

―No cuando eres el jefe ―le dijo con énfasis.

Eden quedó estupefacta ante la respuesta.

―¿Eres el dueño de la compañía discográfica? ―le inquirió nuevamente con total sorpresa.

―Así es. Veo que te sorprendió ―sonrió de lado.

―Sí, un poco. Tu hermano nunca me lo comentó, no tendría que decírmelo tampoco ―levantó las cejas estando asombrada aún―, aunque soy de las personas que no les gusta hurgar la vida de los demás ―le expresó.

―Es la primera vez que una mujer no se inmuta cuando sabe mi trabajo ―volvió a decirle incrédulo.

―Sabía que eras manager más no que eras dueño de la compañía discográfica ―le aclaró.

―¿Viniste con tu auto o en autobús? ―le preguntó cambiando con brusquedad de tema.

―Vine con el coche ―admitió.

―Si quieres, puedes dejar tu auto aquí y nos vamos con el mío ―emitió con sencillez.

La cara de Eden fue de incertidumbre.

―¿En tu auto? ―le inquirió dudando.

―Sí, no te haré nada raro si eso crees de mí ―le comentó con afirmación.

―Está bien, vamos con el tuyo. ¿No hay personal de seguridad por las noches? ―le cuestionó cuando entraron nuevamente a la compañía y bajaron al subsuelo con el elevador.

―No se necesita, la compañía tiene un sistema de alarma silenciosa ―remató diciéndole con seriedad.

―Ya veo ―dijo con certeza.

La joven no se sorprendió mucho cuando Matt no le abrió la puerta del acompañante, puesto que no era una cita y tampoco sentía la necesidad de agradarle a ella.

La tensión y los nervios en Eden aumentaron cuando estuvieron dentro del auto. La muchacha parecía una estatua al lado de él porque no sabía qué decirle o cómo actuar. Prefería mirar el paisaje a través de la ventanilla.

―¿Es muy lejos el lugar donde vamos? ―le formuló y él la miró con una ceja levantada.

Cuando Eden le miró la cara al hombre supo que había hecho pregunta desubicada y se sentía ruborizada de la vergüenza por la manera en cómo la miraba.

―Más o menos ―acotó sin más.

―Solo lo quise saber porque mañana es día de semana y hay que madrugar ―le dijo y volvió a hundirse más en el asiento por la respuesta miserable que le había dado.

―¿Eres muy puntual en tu trabajo? ―rio ante el comentario de la joven.

―Trato de serlo, aparte tengo clases que tomar de mis estudios ―concluyó con afirmación en su voz.

―¿Por la mañana? ―preguntó.

―Solo los jueves ―le respondió y Matt se partió de la risa.

Eden arqueó una ceja ante su risa.

―Lo siento por haberme reído pero es que dices que hay que madrugar y solo tomas una clase por la mañana, que son los jueves y hoy es martes, o sea no hay nada que impida que no podamos acostarnos tarde ―volvió a reír ante aquellas palabras.

―¿No trabajas mañana? ―le interpeló intentando bajar los nervios que sintió cuando Matt le dijo eso.

―Sí pero al ser el jefe tengo derecho a presentarme a las diez si quiero ―apostilló con certeza.



Sylvie Dupuy

Editado: 01.08.2019

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