Hasta el fin

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Capítulo 5

Luego de aquella salida, Eden prefirió no aparecerse por la casa de los hermanos y solo verse con Gabe cuando era por cuestiones de trabajo fuera de la residencia.

Incluso su mejor amigo le preguntó el porqué no se encontraban de vez en cuando en la casa pero ella solo le respondió que tenía muchas cosas que hacer de la facultad, algo que era verdad pero que bien podía pasarse en cualquier momento por la casa de los McMahon sin problemas.

Ella no quería porque no tenía intenciones de encontrarse con Matt y recordar aquella salida. Hasta que una llamada de un número desconocido la sacó de lo que estaba leyendo de una de las materias de la carrera en su cómodo sillón.

Tomó la llamada y habló:

Hola ―preguntó intrigada y habiendo fruncido el ceño cuando no conoció el número.

Hola Eden ―dijo la voz de la otra línea.

¿Quién habla? Porque no tengo registrado tu número ―contestó.

Soy Matt ―emitió él.

¿Qué pasó? ¿Necesitas algo? ―se sorprendió de escucharlo.

No ha pasado nada, solo le pedí tu número personal a Gabe porque me pareció extraño que no pasaras por la casa en estos días, ¿estás bien? ―lo sintió algo preocupado.

Sí, estoy bien. Estoy un poco atrasada con las cosas de la universidad, por eso no pasé los días anteriores por la casa ―mintió en parte.

Si es eso, está bien. Por otra parte, quería comentarte otra cosa ―le respondió.

Dime ―acotó ella.

¿Tienes algún tiempo libre hoy o cuándo lo tendrías? ―le preguntó y Eden se quedó desconcertada.

Bueno, como tenerlo no lo estoy teniendo pero había decidido cortar un poco las horas de estudio y trabajos de la facultad alrededor de las siete ―comentó sin más.

Es decir en quince minutos ―replicó mirando el reloj pulsera.

Sí, ¿por qué? ―cuestionó.

¿Podrías venir hasta la discográfica ahora? ―le formuló con interés.

¿Para qué? ―le inquirió ella intrigada.

Necesito hablar contigo ―fue todo lo que le dijo.

¿Por algo en especial? ―reanudó la interrogación.

¿Podrías solo venir y te cuento aquí? ―recalcó.

De acuerdo, en unos minutos estaré por ahí ―revoleó los ojos cuando le contestó.

Gracias, te espero ―fue lo único que le articuló.

Matt cortó la llamada y ella acomodó sus cosas de la facultad para tomar el abrigo y la cartera e irse con el auto hasta la compañía del hermano de Gabe.

La muchacha había quedado algo intrigada con aquella inesperada llamada por parte de él y aunque era reacia a intentar establecer una buena relación con el sujeto, debía de hacer lo posible por llevarse bien ya que era el hermano mayor de su mejor amigo y lo quería demasiado.

Había llegado al lugar cinco minutos después de las siete de la tarde y apenas salió del coche caminó hacia el interior del establecimiento. El hombre de seguridad la saludó y preguntó el motivo de la visita.

―Me llamó Matt porque quería hablar conmigo, no sé si aún se encuentra aquí ―le dejó saber con algo de dudas en su voz.

―Sí, ¿Eden? ―le preguntó intentando saber si era ella.

―Sí, soy la misma ―le respondió con una sonrisa.

―Sube, te está esperando, es el piso tres ―le terminó de comentar.

―Gracias ―le agradeció con una sonrisa.

Una recepcionista y alguna que otra empleada más, la miraban con atención, Eden trató de no observarlas por miedo a que le dijeran algo.

¿Qué estoy haciendo aquí? Ni siquiera me llevo bien con él como para estar subiendo ahora a su piso y saber de qué quiere conversar o qué es lo que quiere en verdad de mí ―pensó Eden.

La voz a través del parlante le anunció que había llegado al piso tres y las puertas se abrieron para salir luego de allí.

El piso no contaba con secretarias y nada parecido a ellas. Solo su oficina y él sumergido en la lectura de unos papeles. Ni siquiera se molestó en levantar la cabeza cuando ella entró al despacho y se puso frente a él.

―Perdón por llegar tarde, ¿de qué quieres hablar? ―le preguntó ella yendo directo al grano.

―No te oí entrar ―dijo él levantando la cabeza y dejando de lado los papeles.

―No quise molestarte ―comentó.

―Puedes sentarte y te lo diré, no tiene púas el asiento ―le respondió de manera graciosa y con una sonrisa.

Eden se sentó y dejó su cartera a un lado de su cuerpo.

―¿Y bien? ―le inquirió ella mirándolo a los ojos.

―¿Algo para beber? ―le preguntó amable, señalándole en mini bar que tenía en un costado de la oficina.

―No. ¿Me dirás lo que tienes para decirme o vine a perder el tiempo? ―volvió a interrogarlo, esta vez con algo de molestia en su voz.



Sylvie Dupuy

Editado: 01.08.2019

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