Hasta el fin

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Capítulo 6

A la mañana siguiente fue Gabe quien llamó a Eden y ella sabía bien a qué se debía su llamada.

―Hola Gabe, buenos días, ¿qué quieres saber? ―fue la pregunta que lo dejó descolocado.

―Hola, ya veo que sabes por qué te llamo. Cuéntame todo ―enfatizó con una voz risueña.

—No hay mucho para contarte ―le dijo sin más vueltas―. Hoy empiezo a trabajar con tu hermano ―comentó sin mucha emoción.

—Ya lo sé. Me pidió permiso ―respondió entre risas.

—No me extraña que lo supieras, ustedes se cuentan todo ―le recalcó.

—Bueno, dime más ―le animó a que le contara más cosas.

—Eso es todo, ayer me ofreció el trabajo y ahora estoy yendo a la empresa ―le expresó.

—Te irá perfecto ―remarcó con seguridad.

—¿Por qué le mostraste los bocetos de ese año? ―le inquirió dándole a entender sobre el asunto de los dibujos.

—Son los únicos que tengo que me regalaste y creo que son grandiosos ―confesó su mejor amigo―. No me gusta que se lleven mal y portal motivo creí bien que ambos trabajaran juntos ―manifestó.

—Espero que no me saque canas verdes, a veces es irritable ―dijo sin pelos en la lengua.

—Tú tienes tus mañas también, jovencita ―reafirmó.

—Lo sé y no las niego ―abrió los ojos ante la contestación.

—Por casualidad, ¿conociste a su novia? ―arqueó una ceja ante la pregunta.

—Sí, ¿cómo lo sabes? ―se sorprendió cuando lo escuchó.

—Suele presentarse casi al final del día, todos los días ―afirmó―. Priscilla es insoportable ―se apretó el puente de su nariz.

—Veo que no te cae muy bien ―acotó ella.

—No, para nada ―remató con irritación en su voz―. Es asquerosa cuando se lo propone y cada vez que escucho alguna tontería suya, me dan ganas de responderle pero me contengo solo por Matt ―suspiró no del todo tranquilo.

—Bueno, cada pareja tiene sus propias reglas y saben cómo tratarse ―comentó sin tener idea de lo que era una relación amorosa.

—Sí pero yo te estaba hablando en general ―anunció―. Ella es como un grano superficial, no se ve pero te duele —escupió sin preámbulos.

Ante la comparación que le hizo de su cuñada, Eden se rio a carcajadas.

—No hables así de tu futura cuñada —le dijo la chica.

—Ten por seguro que esa mujer no se casará con Matt —entrecerró los ojos aunque ella no lo viera—. ¿Por qué te creías que quería que te conociera más? —arqueó una ceja ante su interrogación.

—No puedes cambiar la opinión de tu hermano y si habría tenido interés en tu hermano y sabía que tenía pareja, podías estar seguro de que no iba a aceptar beber algo con él —aclaró sin remiendos.

—Lo has hecho —sonrió con aquel tono que a Eden a veces le daban ganas de sopapearlo.

—Tú nunca me dijiste que tenía novia, Gabe —le dijo ella algo molesta desde la línea del teléfono móvil—. Y me pareció muy raro cuando me invitó la bebida y luego la cena —emitió.

—Eso quiere decir que no está tan seguro de seguir la relación que tiene con Priscilla —se frotó la barbilla ante la conclusión que había sacado.

—No lo sé, bueno... debo dejarte porque estoy llegando algo tarde al trabajo, nos hablamos luego —contestó intentando cortarle la llamada.

—Nos vemos, que te vaya grandioso en tu primer día de trabajo —le respondió con sinceridad.

—Gracias, igual para ti —articuló con alegría.

Eden condujo hacia la discográfica y llegó un minuto antes del horario que la había citado el día anterior, Matt.

Aparcó el auto, se bajó del mismo y entró al edificio luego de saludar al hombre de seguridad. Entró al elevador para subir al tercer piso y esperó a que las puertas se cerraran.

—Justo en horario —le dijo una voz masculina apenas las puertas se abrieron y dejaron ver a un Matt apoyado sobre el umbral de la puerta de su oficina.

—Buen día —replicó con normalidad.

—Buenos días —repitió él—, ¿preparada para trabajar? —levantó una ceja al tiempo que le hacía la pregunta.

—Sí. ¿Dónde estaré trabajando? —quiso saber con curiosidad.

—Aquí, conmigo —le dijo Matt señalándole en dirección a su despacho.

Eden frunció el ceño y lo miró.

—Esa es tu oficina —recalcó con énfasis.

—Trabajarás dentro de mi oficina también —afirmó con una sonrisa—. Allí tienes tu escritorio y silla —le dijo señalándolos.

—¿No crees que es fuera de lo profesional? —arqueó una ceja—. ¿Un jefe y una publicista trabajando en la misma oficina? Se ve de cualquier manera, menos profesional —admitió sin titubeos en su voz.



Sylvie Dupuy

Editado: 01.08.2019

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