Hasta el fin

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Capítulo 8

Eden continuó almorzando sin decirle nada de lo que había pasado minutos antes.

—¿Acaso no me dirás nada? —preguntó él con curiosidad.

—¿Debería de hacerlo? No tengo porqué meterme en asuntos de pareja —continuó comiendo.

—Tú todo lo dices y eres directa, jamás te quedas callada —escupió.

—Priscilla es tu problema, no el mío —acotó sin más.

—Acabo de terminar con ella —le dijo sin vueltas.

—¿Quieres que te aplauda? —emuló el gesto.

—Quería saber lo que piensas al respecto —comentó.

—Matt, solo soy tu empleada y la mejor amiga de tu hermano —confesó con seriedad—, después de eso, no me pidas una opinión porque si lo recuerdas una vez te dije mi punto de vista —volvió a repetírselo.

—Me diste a entender que no te gustaba para mí —levantó las cejas cuando se lo dijo.

—Te di a entender que lo que le estabas haciendo no estaba bien —apostilló con resolución—, ninguna mujer soportaría eso. Tarde o temprano iba a pasar esto de recién —le aclaró sin vueltas.

—Priscilla se volvió celosa y obsesiva —emitió.

—Tendría sus motivos —dijo tajante.

—¿Justificas que sea así? —arqueó una ceja estando sorprendido.

—Solo opino que ninguno de los dos estuvo bien, después de ahí, soy neutral —admitió con firmeza.

—Había llegado a pensar que eras feminista, por cómo hablas de los hombres —le manifestó creyendo aquello.

—Ni por casualidad, no me gustan cosas que veo en hombres, tampoco me gustan cosas que veo en mujeres —rectificó—. Te repito, soy neutral y cuando algo no me gusta, lo digo. Sin importar si es hombreo mujer —declaró con contundencia.

—Me parece bien que digas lo que piensas —replicó con honestidad.

—Al parecer a ti mucho no te gusta que sea directa —respondió al mirarlo a los ojos.

—Me choca un poco que lo seas, no estoy acostumbrado —contestó dándolo por sentado.

—No estás acostumbrado a que una mujer te diga lo que piensa en verdad, siempre quieres que la mujer te ponga en un pedestal porque te crees tan famoso que nadie puede resistirse a ti —se lo escupió de tal manera que él quedó petrificado.

A Eden ni siquiera le tembló la voz cuando se lo dijo directo y en su cara.

—¿Te hicieron algo antes? —inquirió con intriga—. Lo digo por la manera en cómo hablas refiriéndote a mí —le expresó.

—No, no me han hecho nada antes pero no me gusta que un hombre sea así de arrogante y que se haga el irresistible porque sabe que tiene dinero y fama —anunció.

—Entonces, ¿por qué te pones nerviosa cuando estoy cerca de ti? —se lo preguntó con burla.

—Creo que te estás equivocando, no estoy nerviosa cuando estás cerca de mí —notificó sin titubeos.

—¿Segura? —arqueó una ceja de nuevo al observarla con atención y le regaló una sonrisa de lado.

—Muy segura —afirmó.

—En ese caso, no tienes problema en que me acerque un poco más, ¿no? —sugirió acercándose más a ella.

—Para nada —le acotó.

A pesar de lo mucho que ella le negó el no ponerse nerviosa cerca de él, su estómago se apretujo al instante cuando sintió el aroma de su perfume masculino tan penetrante en su nariz.

Intentó quitarse el aroma, emulando rascarse el puente de la nariz pero fue en vano. Una vez que terminaron de almorzar, él pidió la cuenta. Eden quiso pagar su parte pero él se negó.

—No necesito que me pagues el plato, eres solo mi jefe.

—Yo de un principio te invité a almorzar.

La joven no le discutió porque estaba en lo cierto. Una vez que se levantaron de las sillas y salieron del restaurante para volver atrabajar, Matt se giró para mirarla a los ojos.

—¿Nos vamos al cine? —le preguntó y ella arqueó una ceja.

—¿Qué? ¿Al cine?

—Sí, vamos a ver una película, hay una que se estrenó la semana pasada, ¿qué dices?

—Digo que estamos en horario laboral, no podemos ausentarnos porque se nos da la gana.

—Soy el jefe, ¿lo recuerdas?

—Con más razón todavía, deberías dar el ejemplo y quedarte en el horario de trabajo. Luego tendrás tiempo de sobra si quieres ir al cine —le dijo tajante.

—Que complicada eres mujer —bufó revoleando los ojos.

—Complicada, no. Sensata, sí.

—Para que veas que no soy un insensato como dices, me quedaré a trabajar.

—Bien por ti —le emitió con sequedad y caminó delante de él para ir hacia la compañía discográfica.

Unas horas después, cuando el horario de trabajo finalizó, fue Matt quien volvió a preguntarle si quería ir con él a ver una película.



Sylvie Dupuy

Editado: 01.08.2019

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