Hasta el fin

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Capítulo 9

Eden quedó estupefacta y cayó demasiado tarde en darse cuenta de lo que estaba pasando realmente entre Matt y ella. Lo empujó y acto seguido le propinó una cachetada.

―¡Eres un idiota! ―le gritó.

―Que conste que tú participaste como pudiste del beso también ―le dijo entre risas.

―¿Qué sabes tú de eso? ―le preguntó frunciendo el ceño y entrecerrando los ojos.

―Tengo experiencia, me doy cuenta que no sabes besar.

―No infles tu ego. Si crees que no sé besar entonces por algo habrá sido.

―No te creo si me dices que no gustas de mí, ni un poquito.

―No eres la perla de la ostra, Matt ―le declaró.

―Que me haga el idiota contigo, no quiere decir que no te vea cuándo y cómo me miras ―fue directo en sus palabras.

―¿Acaso tienes intuición masculina? ―le preguntó sarcástica―, porque sabía que solo las mujeres la tenemos. Volveré a trabajar y haré de cuenta que no ha pasado nada entre los dos ―comentó intentando no pensar en el beso.

―Veo cómo evades la situación, no te creí capaz de eso ―arqueó una ceja y de brazos cruzados―. Pensé que la mujer que conocí antes seguía siendo directa y sin miedo ―le acotó desafiándola.

―Lo que hiciste fue un error y tú lo sabes bien ―escupió mirándolo a los ojos.

―Lo hice para callarte pero realmente, desde hacía tiempo lo quería hacer ―expresó sin vueltas―. No pensé que me llegarías a dar una cachetada, puede que haya actuado mal pero no merecía el tortazo ―manifestó con algo de molestia en su voz.

―Te merecías el cachetazo, no puedes besarme en contra de mi voluntad ―respondió.

―No te forcé a nada, no digas pavadas. Te besé pero tú pudiste alejarte cuando habrías querido, sin embargo no lo hiciste. Te dejaste llevar ―le contestó observándola a los ojos una vez más.

―Matt, acabas de terminar con Priscilla ―le ratificó apretándose el puente de su nariz.

―¿Por qué la metes en la conversación? ―cuestionó frunciendo el ceño―. No me interesa más nada de ella, creo que nunca me interesó de verdad.

―¿Y crees que por haberme dado el beso estás interesado en mí? ―le preguntó burlonamente.

―¿Por qué no podría estarlo?

―Matt, somos el agua y el aceite. Eres mi nuevo jefe, el hermano de mi mejor amigo ―le aclaró.

―¿Acaso pactaron Gabe y tú en no mezclarse con los hermanos de sus amigos? ―le inquirió arqueando una ceja.

―No, para nada.

―No lo creo yo tampoco, de hacerlo, nunca te habría presentado ante mí ―le recalcó―, porque si lo recuerdas, él mismo tiene muchas ganas que terminemos saliendo para conocernos mejor.

―¿Qué se supone que haga ahora? ―le preguntó un poco confundida y rascándose la frente―, no eres el tipo de hombre con el que saldría ―comentó tratando de que él no se diera cuenta que en verdad le gustaba y bastante a pesar de todo.

―Nunca saliste con ningún hombre, que es diferente Eden.

―Que no sepa besar, como dices tú no quiere decir que no salí con alguien.

―Eden, si hubieras salido con alguien, desde la primera cita habrías besado. Un hombre en la primera cita, no se quedará con las manos y la boca quietas.

―Puede que lo haya frenado de haberlo intentado.

―Puede que ni segunda cita habrías tenido con el hombre. No entiendo porqué justificas algo que salta a simple vista.

La muchacha tragó saliva y quedó con la mente en blanco.

―¿Me das el día libre? Por favor ―suplicó.

Matt quedó algo resignado ante aquella pregunta.

―Sí, puedes irte cuando quieras.

―Te lo agradezco.

La joven tomó el abrigo y su cartera y, salió deprisa de la oficina sin despedirse de su jefe. Matt se sentó en la silla giratoria e intentó concentrarse en el trabajo pendiente para no estar pensando en lo sucedido durante lo que restaba de la tarde.

Eden por su parte, condujo con bastante rapidez hacia el trabajo de Gabe. No quería molestarlo y no era de hacerlo tampoco pero sentía que necesitaba contarle lo que había pasado entre su hermano y ella cuanto antes. Su mejor amigo siempre había querido emparejar a su hermano con ella y aunque él no fue el que hizo el empujón, fue el que de un principio los había presentado y ahí estaba el dilema, Eden no sabía si eso era para bien o para mal porque sentía que Matt no era el indicado para ella. Su arrogancia y su forma de ser repelaban a la joven, sobre todo por lo mujeriego que era. Y eso último no podía tolerarlo.

Estacionó de manera brusca el coche y el portero del establecimiento la recibió.

―¿Se encuentra bien señorita? ―cuestionó con preocupación en su voz.

―Sí gracias. Estoy apurada ―le respondió con amabilidad y una sonrisa.

―De acuerdo, vaya tranquila ―le sonrió también.

Minutos posteriores, golpeó la puerta del camerino donde se encontraba su amigo y su voz hizo que pasara al interior. Gabe se encontró con la cara casi desencajada de su mejor amiga.

―¿Qué te pasó? ¿No deberías estar trabajando con Matt? ―le inquirió frunciendo el ceño.



Sylvie Dupuy

Editado: 01.08.2019

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