Hasta el fin

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Capítulo 10

El siguiente día la situación entre ambos estaba demasiado tirante y ninguno de los dos se habló dentro de la oficina. Ella se había metido de lleno en diseñar las publicidades mientras que él hacía que leía unos papeles.

―¿Podemos hablar? ―se levantó de la silla y se dirigió a ella.

―¿Qué necesitas? ―preguntó levantando la vista de la pantalla para mirarlo.

―Hablar contigo, no me has dicho palabra desde que entraste y pienso que estás molesta conmigo por lo sucedido ayer.

―¿Y no crees que lo estoy? Por lo menos un poco sí.

―Lo siento, ayer te fuiste tan rápido que no me diste tiempo a decirte que aparte de haberte besado para callarte lo hice porque a pesar de esa lengua afilada que tienes, me gustas. ―Le dijo sin rodeos.

Eden quedó estupefacta ante la confesión.

―¿Acaso debo creerte? ―volvió a cuestionarle.

―Podrías hacerlo y de paso darme una oportunidad, creo que... aunque tengas ese carácter podría tolerarlo porque me gustas y porque sé que no eres una mujer como mi ex.

―¿Cómo soy entonces? Si me lo dices, puede que te dé una oportunidad para que me conozcas... y para que nos conozcamos ambos ―comentó moviendo la cabeza.

―Diferente a cualquier otra mujer que conocí, pareces salida de algún cuento inexistente pero que te hace única también, me irritas a veces pero me gusta que no tengas desenfado a la hora de contestarme ―le respondió con una sonrisa satisfecha.

Mientras ella escuchaba atentamente aquellas palabras, iba guardando los archivos y documentos para apagar la computadora y se levantó de donde estaba. Tomó la chaqueta y la cartera y lo miró.

―Es casi mediodía, ¿vamos a almorzar?

―Claro ―le contestó caminando hacia donde ella estaba.

Cuando estuvo a su lado, la joven le acomodó el cuello del blazer y sin que él se lo esperara, lo tomó de las solapas y lo inclinó hacia ella para darle un beso en los labios. A pesar de haber quedado desconcertado y sorprendido, pronto lo enderezó y le regaló una sonrisita de lado mientras entraba al ascensor.

―No lo esperabas, ¿verdad? ―le formuló con la cabeza baja y sonriendo de nuevo.

―La verdad es que no. ¿Por qué lo hiciste? ―quedó desconcertado ante su actitud tan espontánea.

―Porque quise lo hice, espero que no te haya molestado. Creí que sería bueno dejarte ver cómo soy en verdad si me das la oportunidad también ―le confesó algo cohibida.

Matt apretó el botón para detener el elevador y se giró para enfrentarla.

―Entonces eso que pasó en la oficina, no fue un beso... fue ni ―arrugó el puente de la nariz sin darle importancia.

―¿Fue ni? ―frunció el ceño cuando preguntó sin tener una leve idea a lo que se estaba refiriendo.

―Ni beso y ni besito... No fue nada... ―le comunicó con una sonrisa de lado y de manera casi seductora o esa era la impresión de Eden―, a ver qué me dices de este.

El hombre la sujetó de las mejillas y se inclinó hacia el rostro de la muchacha para depositarle un beso, al poco tiempo que separaron sus bocas, se miraron y él volvió a besarla. Esta vez ella enredó los brazos en su cuello y él en su cintura. Si para Eden aquello no había sido el beso, no sabía entonces lo que era en verdad.

―Perfecto. ―Comentó por lo bajo y él sonrió satisfecho, dándole otro beso y luego se alejó de ella.

Pronto se retocó el labial y cuando se miró al espejo que estaba presentable, él apretó el botón para que el ascensor continuara bajando.

Salieron con rumbo a un restaurante bajo las miradas de los demás pero nadie se dio cuenta de algo y para Eden era un gran alivio porque no quería que la vieran como el centro de atención.

Después de varios minutos comenzaron a almorzar mientras charlaban.

―Estaba pensando y si quieres por supuesto, que como el trabajo que tengo a veces me permite ir a otras ciudades, podrías venir conmigo ―le dejó saber.

―¿No te parece que es muy pronto? ―cuestionó sorprendida―, aparte yo debo continuar con la carrera.

―No te digo que mañana debo viajar y me acuerdo que tienes clases pero eso sería lo de menos, se pueden arreglar esas cosas pidiendo que un compañero de materia te preste los apuntes de ese día, es sencillo.

―Lo sé pero también está el trabajo de Gabe, la agenda que a él le llevo ―puso otra excusa.

―El trabajo que tienes con mi hermano se puede hacer a través de una videollamada también, esa no es una buena justificación. ―Le dejó claro.

―Bueno... eso es verdad... De acuerdo, por lo pronto te digo que sí pero puede que cambie de opinión ―le respondió no tan segura.

―No hay problema, por lo menos ya tengo un sí tuyo ―le sonrió.

―¿Te ha vuelto a llamar Priscilla? ―quiso saber.

―No y tampoco pretendo que me llame.

―Entiendo. No la habrás pasado tan bien con ella, ¿no? No es que quiero que te pongas de malhumor o irritado, solo siento curiosidad por saberlo ―le comentó―, nunca he tenido una relación amorosa pero sé qué clase de relación me gustaría tener ―expresó con sinceridad absoluta.



Sylvie Dupuy

Editado: 01.08.2019

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