Hasta el fin

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Capítulo 2

Fue relativamente temprano cuando Eden se despertó de su sueño y miró el reloj, no podía creer que aún ni siquiera era el horario del desayuno, observó hacia la ventana para poder conciliar el sueño nuevamente pero fue inútil.

Se levantó y abrió la puerta de la recámara para bajar a la cocina en donde se prepararía una taza de leche caliente para volver a dormir.

Una vez que lo preparó, salió al jardín trasero y se sentó en una de las sillas que estaban alrededor de la piscina.

Matt la sorprendió por detrás.

―¿Qué haces despierta a esta hora? ―le preguntó caminando hacia ella y sentándose en la silla de al lado.

―¿Puedo preguntar lo mismo? ―cuestionó levantando una ceja al sorprenderse de verlo allí también.

―Tenía calor y decidí ir a nadar un rato ―contestó―, aunque estaba un poco borracho ―le habló mientras se secaba el cabello con la toalla.

Los dos se rieron ante el comentario de Matt.

―Yo me desperté porque pensé que era el horario del desayuno ―respondió con firmeza.

―Ya veo... Y dime, ¿hace cuánto que se conocen mi hermano y tú? ―quiso saber.

―Hará unos tres años ―puso cara de pensativa al decírselo.

―¿Y eres en verdad su mejor amiga como él dice o solo estás a su lado por fama? ―le preguntó y a Eden se le desencajó la cara.

―No deberías juzgarme sin antes conocerme ―escupió con molestia en su voz―. No soy sus otras amigas ―apostilló con seriedad.

―¿Otras amigas? ―formuló con intriga.

―Gabe tiene otras amigas, pero él las llama amigas de diversión. Dice que la única centrada y con la que siempre puede hablar de cosas serias soy yo ―replicó con una sonrisa y de manera honesta.

―Si Gabe lo dice, es por algo ―aseguró.

―Entonces si es así, no tendrías que preguntarme esa clase de cosas ―emitió con algo de incomodidad en su voz―. Me iré a dormir ―se levantó de la silla―, buenas noches.

―Buenas noches ―le dijo mirándola caminar hacia las escaleras.

Antes que la perdiera de vista, él se levantó de donde estaba y corrió dentro para hablarle de nuevo.

―Discúlpame por haber sido desubicado en haberte hecho esa pregunta ―se sintió algo apenado por su manera de abordarla.

―No te preocupes, no tienes que pedirme disculpas, actuaría de igual manera si el caso sería al revés ―se lo dijo con sinceridad.

―Gracias, de verdad ―asintió con la cabeza mientras le hablaba―. Por querer así a mi hermano ―le expresó con franqueza.

―Es un gran hombre y merece que lo quieran bien ―le confesó―. Hasta luego.

Ella terminó por subir las escaleras e ir nuevamente a la habitación que ocupaba, para intentar dormir otra vez.

Matt por su parte quedó un rato más mirando el agua de la piscina y decidió ir a dormir después de relajarse y bajarle la borrachera.

Alrededor de las nueve de la mañana, Gabe se levantó y bajó a la cocina para preparar el desayuno para su hermano, su mejor amiga y él.

Pronto bajó Eden también.

―Buenos días ―le dijo su amiga.

―Buen día, ¿me ayudas con el desayuno? ―le preguntó su amigo.

―Claro. ¿Desayunas huevos revueltos? ―interrogó frunciendo el ceño.

―No, son para Matt. ¿Preparas café? ―sugirió.

―Sí, ¿solo café o algo más? ―cuestionó con intriga.

―Café y panqueques ―acotó con una sonrisa.

―De acuerdo. ¿Tus padres cuándo vuelven de sus vacaciones? ―hizo la pregunta con interés.

―La semana que viene ―le aseguró.

―¿Y sabían de la fiesta de anoche? ―repitió una nueva interrogación.

―Sí guardabosques ―le respondió y ambos se partieron de la risa―. No seas tan seria por favor ―abrió los ojos fingiendo preocupación.

―Ok, pregunto porque a veces los hijos no comentan ese tipo de cosas ―le contestó queriendo llevar la razón.

―Estamos bastante grandes para hacer travesuras como adolescentes con granos, que siempre montan una fiesta cada vez que sus padres salen de vacaciones ―frunció el ceño con seriedad― y tú sabes bien a qué tipo de fiestas me refiero ―manifestó con acierto.

―Sí, lo sé. A pesar de algunos borrachitos por ahí ―comentó sin más―, los invitados fueron centrados ―afirmó con naturalidad.

―¿Lo dices por Matt? ―arqueó una ceja cuando se lo preguntó.

―A ese de seguro se le fue la borrachera apenas terminó de nadar en la piscina ―rio apenas lo notificó.

―¿Cuándo? ―formuló Gabe, mirándola con suma atención a los ojos y levantando las cejas.

―A la madrugada ―tiró sin importancia.

―¿Y tú cómo lo sabes? ―quedó curioso.

―Estuve con él ―le respondió y de inmediato aclaró su respuesta―, bueno, es decir, me levanté para prepararme una taza de leche caliente y él ya estaba despierto y recién salido de la piscina ―replicó con seriedad.



Sylvie Dupuy

Editado: 01.08.2019

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