Hasta el último suspiro

Tamaño de fuente: - +

21

"Sabemos lo que somos, pero no sabemos lo que podemos llegar a ser"

William Shakespeare

Thanos

— ¡Ven aquí maldito infeliz o te juro que...!

— ¡Escúchame primero! — Thadeas rodea una de las colinas de golf. Debo fingir que reconsidero su oferta cuando en realidad necesito un descanso para recuperar fuerzas. Estoy frito. — ¿Thanos?

Mis músculos queman y cada bocanada de aire se siente como un insípido suspiro.

—Oye... si esta es alguna de tus trampas... no caeré — dice desconfiado pero lo veo comenzar a acercarse — ¡Thanos! ¡Thanos!

Inspiro profundamente y me desperezo. Puedo sentir el cosquilleo que produce el musgo en mis piernas y brazos. Sonrío viendo la claridad de los rayos del sol que se filtran a través de los árboles.

Necesito esta paz. Y el bosque me la da.

Desearía quedarme por siempre aquí.

— ¿Te quedarías así conmigo? ¿Por siempre? — una dulce voz proveniente desde un árbol caído me hace girar la cabeza con brusquedad. — Hola... Thanos.

Un escalofrío recorre mi columna. Siempre me ha gustado la forma en la que sus labios moldean cada una de las silabas de mi nombre.

Me incorporo con rapidez para llegar a su lado y tomarla entre mis brazos. La he echado tanto de menos.

Milena...

Ella inclina la cabeza y los rebeldes rizos oscuros enmarcan esas bonitas mejillas suyas. Niega suavemente y se echa a correr convertida en la hermosa loba que es.

No te vayas... no otra vez.

Comienzo a correr tras ella o, al menos por donde la vi perderse. Un ruido a mis espaldas me alerta. Son dos personas hablando. ¿Qué hacen esos intrusos en mi propiedad?

No me interesan. Intento nuevamente retomar mi camino tras la loba pero las palabras de ese tipejo me dejan estático en mi sitio.

¿Qué demonios?

—Bien— él mira a su alrededor, — a partir de aquí te pierdes... no se te ocurra regresar a los límites de la mansión.

— ¿Qué? ¿Dónde estamos?—... su voz.

Me oculto tras un gran pino con el tronco roído. Y me observo... nos observo aquella vez.

¿Estoy delirando? ¿Así de cruel tiene que ser todo?

— ¿Disculpa?

— ¿Eres idiota? ¿No ves que es lo que no encaja aquí?— estoy atónito y no puedo lidiar con los sentimientos que afloran en mi. Tan cínico y desagradable. —Es una pérdida de tiempo, esfúmate lobita. Lo que sea que tu ilusa cabeza este maquinando... pues no sucederá.

El gesto de Milena decae. ¿Cómo no lo vi antes? ¿Por qué continué...?

Me alejo con un porte altivo. ¿Qué creía que hacia?

— ¿Necesitas un rechazo formal lobita? Bien. Yo Thanos Allegheny Corfú te rechazo a ti...

¡Cállate idiota!

Quiero ir hasta mi lado y arrancarme la yugular del coraje.

—Dilo... di tu nombre— exige mi yo del pasado, o de lo que sea que esta visión signifique. — ¿Vas a negarte?— ella asiente tímida. — Es una lástima que haya oído el nombre de las personas que venían a revisar a nuestros equinos...

Ver a Milena en uno de mis recuerdos... mueve tantas cosas en mi interior.

Mis ojos arden e ilusamente limpio una lagrima que se mantiene al vilo de mis pestañas inferiores.

Si solo lo hubiese sabido antes...

— ¿Qué demonios le sucede, Sutter? — escucho la demanda de Thadeas.

—Señor... por favor tiene que darle espacio a...

— ¡Con un cuerno! — escucho el trajín de varias cosas. — No es la primera vez que le pasa. ¡Dime ahora mismo que es lo que le sucede!

—No lo sé — responde Sutter con monotonía. — Su cuerpo no parece querer reaccionar a... — se calla bruscamente, — debo confirmar algo primero.

— ¿De qué hablas? — Thadeas grita otra vez. —Sutter, ven aquí. ¡Te estoy hablando!

— ¿Ahora te interesa lo que suceda conmigo? — Pregunto con voz rasposa, me incorporo poco a poco en mi cama — ¿Estas esperando una mala noticia? ¡Oh! pero que idiota, mi muerte significaría una buena noticia para ti...

Thadeas se apresura a ayudarme colocando una almohada en mi espalda.

—Eres un idiota... ¿Qué sucede contigo? — reprocha — nunca te has comportado de esta manera.

No le respondo. Me parece mucho más interesante la vista de los jardines exteriores que cualquiera de sus movimientos. Le ordeno que se marche pero lo veo dudar.

— Continúas desobedeciendo mis órdenes — escupo con rabia.

—¿Despues de todos estos años sigues odiándome?

—No. Ahora, quiero que te largues — veo a mi mellizo y no puedo entender cómo diablos podemos portar el mismo ADN — no te soporto. Mejor ve corriendo a decirle a Stone que el socio mayoritario de la compañía está a un paso de la muerte.



EnviouSky

Editado: 06.12.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar