Hasta la eternidad

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Quinto acto

Conduce en silencio hasta que dejamos el campus y la ciudad atrás. Yo le miro sin emitir sonido alguno, casi puedo ver el mecanismo de su cerebro trabajar, maquinar. Pensar. No he podido parar de llorar, tan solo quiero retroceder en el tiempo y marcharme antes de que ella salga de la biblioteca. Que todo esto haya sido un sueño.

Entonces se detiene en lo alto de una colina en la que nunca antes hemos estado. Apaga el motor y apoya la cabeza en el volante, cerrando los ojos y llevándose las manos a la cabeza. Yo me tapo la boca para que no escuche mis llantos, sé que le ponen nervioso. El aire parece desaparecer y necesito respirar, así que abro la puerta para salir del coche, me alejo varios pasos y dejo que mi cuerpo se desplome en el suelo. Y lloro. Lloro hasta que sus brazos me rodean y sus besos en la cabeza tratan de reconfortarme.

—Todo saldrá bien —dice con decisión.

—No puede salir bien, Tyler —balbuceo—. He matado a una persona.

—Mírame. —Me sujeta por ambas mejillas y se coloca frente a mí—. Nadie debe enterarse de esto jamás. ¿Me has oído? —Cierro los ojos con fuerza y más lágrimas salen de ellos—. ¿¡Me has oído!? —Asiento y él vuelve a abrazarme.

—¿Qué vamos a hacer?

—Por el momento, alejarnos de aquí. Vamos.



Nerea Vara

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En el texto hay: historia corta, amor, onion

Editado: 06.11.2018

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