Hasta las últimas consecuencias

Tamaño de fuente: - +

Villanos 2: Mundo de cabeza

Vamos un poco más atrás:

Dos años antes...

La alarma sonó, era la primera vez que lo hacía y eso le preocupó, el visor marcaba que era en un salón con la chica #324, nunca la había visto, no tenían permitido hablar con los chicos a menos que sea estrictamente necesario. 

El problema es que nunca lo fue.

Supuso que la reconocería cuando estuvieran frente a frente, no le era difícil distinguir entre alguien tranquilo y alguien con un ataque esquizofrénico, como saltaba en el visor.

 Corrió al aula, tenía que llegar lo más rápido que pudiera para lograr detenerla. 

Abrió el aula, el corazón se le cayó a los piés. 

Sobre la profesora se encontraba una niña pequeña, con sus mejillas llenas de pecas y lentes de marco fino. Tenía un cuchillo cerca de su cuello, al parecer los imbéciles de vigilancia no habían hecho bien su trabajo de revisar las cosas que traían los chicos. 

—Hey, niña —la llamó con el ceño fruncido—. Relájate, ven... Vine a ayudarte.

—Ellos me dicen —murmuró. 

— ¿Ellos? ¿Es que no tienes personalidad para hacer lo que vos queres? —la retó con la mirada. La profesora estaba bastante nerviosa, quería que su ira se enfocara en él. 

La joven le gritó molesta, parecía estar en un estado de locura completa. 

— ¡Ella me envenenó! ¡Ella nos va a matar! 

Una joven pelirroja pasaba de pura casualidad por ahí mientras buscaba a su amiga, sabía que ella estaba en algunos de esos salones. 

Escuchó el grito y la piel se puso de gallina, se parecía bastante al de ella, lo que hizo que se preocupara aún más. Entró a ese cuarto y se la encontró con un hombre de traje violeta intentando retenerla.

— ¿Jose? —murmuró con los ojos abiertos como platos.

La chica la miró a los ojos, comenzó a temblar y a llorar. No sabía qué pasaba, pero la miraba como si que le hubiera hecho algo realmente malo. Sentía miedo por la posición en la que se encontraba. 

El resto del curso intentaba fingir que nada pasaba, esa era una regla, cuando entraban los médicos o las personas de violetas había que esconderse o fingir que nada sucedía. A veces llegaron hasta salir del aula por problemas como esos. 

— ¿Vos también? —preguntó llorando con lágrimas amargas. —¿Estás con ellos? Pensé que eramos amigas Shugar... ¡Pensé que eramos amigas Mily!—gritó tristemente.

—Jose... Y-yo no estoy con nadie, solo contigo  —intentó acercarse. Vio al hombre que la estaba apresando—. Déjala—le ordenó molesta. 

 —No —negó de forma firme.

No podía verla llorar, era su mejor amiga, no quería que esté así, odiaba ver sus lágrimas.

Se acercó sin importarle cuántas veces le dijeron que no lo haga. La profesora se encontraba tirada en el piso intentando salir del shock, se encontraba exhausta por ese forcejeo para que no la matara.

—Nosotras somos amigas... —murmuró tristemente y queriendo acercarse.

El joven poco a poco soltó su agarre, la respiración de la chica comenzaba a acelerarse por el llanto. Le estaba rompiendo el corazón verla así.

—No, estás con ellos... otra vez estoy sola —llevó las palmas de sus manos a sus ojos.

No entendía nada, lloraba sin parar como si que hubiera hecho algo realmente malo. ¿Qué pasaba en el pobre mundo de su amiga?

Recordó la enfermedad que padecía su compañera, la abrazó con fuerza intentando consolarla. No tenía idea de que tenía que hacer en esas situaciones, luego buscaría información, cualquier cosa con tal de ayudarla. 

— ¿Sabes? Venía para acá porque hice algo para nosotras —le habló mientras se separaba de su abrazo y la miraba a los ojos.

El hombre miraba esa escena. Odiaba verla llorar, no la conocía de nada y ya hacía que se sintiera realmente mal. Quería poder estar en esa posición y consolarla, pero debía mantenerse al margen o tendría problemas.

La chica de cabellera pelirroja sacó un dibujo algo arrugado, no era ningún experta en esa materia pero se sentía orgullosa.

—No lo pintaste bien, mi mamá me dijo que hay que pintar en círculos —dijo reprimiendo los sollozos. 

La colorada se sonrojó e infló los cachetes molesta, la otra joven se rió de forma tierna. 

Esa risa era hermosa.

Le encantó...

Era realmente linda verla sonreír.

—Hice lo que pude con lo que tuve —normalmente decía eso, sobre todo cuando no cumplía lo que deseaba.

Dejó de mirarla, debía continuar con sus quehaceres, aunque quería quedarse y verla sonreir.

Ayudó a la mujer, quien intentaba no mantenerse asustada, esa joven no había hecho nada malo como para enojarse con ella, solo estaba enferma. 



C. M. Mosquera

Editado: 10.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar