Hasta las últimas consecuencias

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Víctimas 3: Mala suerte

Estaba molesta y aburrida, sabía que ese sería un mal día, más que malo, uno pésimo. No había podido conciliar el sueño esa noche, a la tarde tenía que ir con la psicóloga y Mily no estaba con ella para disfrutar su día con alguien. 

Uriel se le acercó para molestarla, pero le puso tal cara que lo hizo retroceder. Se dio cuenta que no quería ver ni su sombra. No comprendía su mal humor, sabía que nunca le cayó bien, al menos no desde el secuestro. Sabía que lo culpaba por lo que le pasó a Milagros.

—Señorita Cerquera, responda la pregunta —dijo su maestra molesta por su falta de atención, realmente no le importaba. 

—No sé, no estaba prestando atención —dijo molesta. La mujer se cruzó de brazos.

— ¿Qué le sucede hoy? Está más distraída e insolente que de costumbre —ella se encogió de hombros. No quería aguantar a nadie.

Su celular comenzó a vibrar.

Hermanita de corazón: Holisssss

Hermanita de corazón: Las clases están aburridas aquí, es un poco pesada lógica computacional.

Yo también estoy aburrida

¿Crees que tu "super inteligencia" sirva de algo para este momento?

Le clavó visto, asumió que había logrado enojarla por una vez en su vida, pero fue grande su sorpresa cuando alguien derribó la puerta de una patada y ese alguien era su amiga.

— ¡Troll en las mazmorras! —acto seguido se hizo la muerta tirándose al piso. 

Uriel estallaba en carcajadas junto conmigo, inclusive la profesora parecía disfrutar del espectaculo. Acto seguido se levantó e hizo una reverencia, saludó a sus amigos y se alejó de allí corriendo.

<<Estoy segura de que todo estará bien >>pensó sonriendole a la colorada y aplaudiendo junto con todo el curso. 

—Luego la regañarán por su mal comportamiento —comentó su maestra para si misma—, pero al menos nos entretuvimos.

Quizás el día no fuera tan malo. 

~Y~ 

Otra noche que no podía dormir. Tenía los ojos abiertos de par en par, era hasta incapaz de cerrarlos.

La charla con la psicóloga fue algo turbulenta, tenía muchos deseos de hablar sobre la muerte de su madre, pero ella no quería. Era uno de los recuerdos que más enterrados tenía y esperaba que se mantuviera así.

Sabía que ella se fue frente a sus ojos. Todos los años los psiquiatras o psicólogos trataban de hablar sobre ella, pero no le gustaba. No quería recordar esas cosas, le dolían. En esas fechas su tío, quien pagaba su costosa matrícula en ese colegio para que sea un internado, le mandaba un mensaje por su celular para preguntarle su estado y mandarle sus condolencias. 

Debía de estar durmiendo, al igual que Milagros, quien estaba trabajando en sus proyectos de mitad de año, podía ver la luz del comedor prendida y a ella molesta porque sus resultados no estaban bien.

Decidió salir a buscar algo de agua, estaba sedienta.

Abrió la puerta, se encontró con una imagen desagradable y triste.

Salió corriendo a su encuentro, trato de despertarla, se sentía una estúpida. Ella siempre estaba encima suyo, revisando que no esté enferma, ahora la había dejado sola.

Deseó que Uriel estuviera despierto, comenzó a marcarle, al parecer Dios estaba de su lado por primera vez en su vida. El chico respondió.

— ¿Hola? —se lo oía somnoliento.

Corrió hacia la cocina, sacó el botiquín de emergencia.

—Uriel, trae a la enfermera a mi habitación, es Mily —dijo ella sobresaltada. 

Al parecer entendió que se trataba de una situación urgente y no de una broma, solo cortó, esperaba que estuviera buscandola. 

Encontró el botiquín, fue hacia la mesa. Dejó a su amiga recostada en el piso de madera. Buscó unas tijeras y le cortó la remera, se podía ver a simple vista la cicatriz de la operación del corazón que le hicieron cuando eran más jóvenes. 

Puso un poco de alcohol en sus heridas, mientras internamente se juraba que nunca más volvería dejar que eso pasara, no volvería a dejarla sola.

Sus muñecas estaban llenas de sangre, habían sido cortadas, en su pecho había algunos más. No estaba segura si había perdido la consciencia, estaba dormida o su ataque psicótico había acabado ya.

<<Y si... ¿y si le dio un paro cardíaco? >>la idea la atemorizó, tomó su pulso, seguía latiendo.

La enfermera llegó corriendo junto con Uriel, quien parecía muy preocupado.

~Y~

Estaba estresada, al límite. Tenía miedo, el día de visitar a su querida madre a su tumba, pero no se animaba a hacerlo sola. El sol nacía en el horizonte y algunos rayos ingresaban en la habitación.

Milagros estaba dormida en su camilla, la maquina que medía su corazón mostraba que estaba bien, pero tenía miedo de que no despertara. Las consecuencias de eso serían graves y la culpa la carcomía.



C. M. Mosquera

Editado: 10.11.2019

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