Hasta las últimas consecuencias

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Villanos 4: Una tragedia

Era algo extraño salir con alguien, normalmente se iba del trabajo para su casa, pero la invitación de Marilú había sido algo que lo sacó de la rutina. 

Llegaron a un bar bastante tranquilo, era tarde, los relevos habían tardado un poco más de lo normal en llegar ese día. 

Se sentaron en un rincón, sacaron sus cartas y el chico comenzó a barajarlas mientras la joven llamaba a uno de los meseros. Esperaban no pasar por algún inconveniente respecto a la edad de Fernando, quien no parecía muy menor, pero si le pedían su DNI descubrirían que no podía estar allí.

<< ¿Realmente ella podría ser un chivo expiatorio en caso de que me atrapen? Podría ser una ligera distracción para la policía >>pensó repartiendo las cartas. <<Creo que puedo usar más la cabeza que el corazón y no hacer nada que cague mi vida>> no lo pensaba con mucha convicción.

No era un animal sin capacidad de controlarse, lo tenía claro, pero podía no saber esconder sus sentimientos. Se quedaba mirándola como tonto a través de la pantalla.

Sus días tenían más sentido ahora, bueno, parecía un idiota enamorado. Con el correr del tiempo se había logrado acercar muy lentamente y, con una gran cantidad de esfuerzo, no parecer un acosador. 

—Truco —cantó Marilú.

—Quiero —dijo seguro de si mismo.

Pasar la tarde así era un cambio grato. Aunque sabía que no lo sería para su estómago y cabeza al día siguiente. Las cosas en el colegio estaban un poco más turbulentas de lo que deseaba. 

La policía había estado durante mucho tiempo rondando por ahí, la tensión sobre ese colegio estaba en aumento y le incomodaba mucho. No sabía que había pasado, solo sentía suerte de que su pequeño amor.

~Y~

Se había perdido por idiota, no estaba lo suficientemente borracho como para no saber dónde estaba. Realmente estaba algo lento de reflejos, pero no era nada extraordinario. Por distraído se había equivocado de colectivo.

Ahora estaba en un barrio desconocido, era de noche y no sabía que le esperaba. Se sentía un idiota, no podía equivocarse de esa forma.

Caminó, el alumbrado público no ayudaba mucho, estaban muy obstruidas y la noche era muy oscura. No era el barrio más bonito del mundo, pero no estaba aterrado, sentía que no corría peligro.

Buscó la parada del colectivo, esperaba tener suerte a pesar de la hora. No quería dormir en la calle, hace mucho no tenía que hacerlo y no quería retomar eso ahora.

Suspiró, quería acercarse lo más posible a algún lugar donde haya mucha gente, allí podría sacar el celular y llamar algún taxi o Uber. 

Después de unos minutos escuchó un estruendoso disparo. Se puso contra la pared, el corazón le latía a mil por hora, no sabía de dónde venía, pero se oía cerca.

No pasó un minuto en silencio, puesto que un grito lo interrumpió. Por desgracia esa voz la conocía muy bien, no sabía si le aterró el tiro o el que su dueña se encontrara muy cerca de él. Podía meterse en problemas sin intención.

— ¡Mamá! —se escuchó con la voz quebraba a lo lejos.

Podía huir, pero eso no era lo correcto.

Si realmente la amaba y no era solo un jodido pedofilo, entonces iría a ayudarla.

Corrió siguiendo su voz, al llegar se dio cuenta de que la mujer estaba tirada en el piso, había un gran charco de sangre a su alrededor. Tomó su pulso aunque sabía que no serviría de nada. La mujer estaba muerta, una herida como esa no podría dejarla vivir.

La veía llorar preocupada, no la culpaba. Él había estado en esa situación en su momento. 

Tenía que sacarla de ese lugar, estaban expuestos y la misma persona loca que le disparó a esa mujer podría hacerle el mismo daño a ella.

—Ven, enana, vamos adentro —la alzo a pesar de que ella no quería y no la culpaba. El amor a una madre era de las cosas más grandes que podían existir.

— ¡No quiero! —gritó llorando, le hizo señas para que guardara silencio.

Ingresaron a la casa, trabó la puerta y llamo a  la policía. Pidió una ambulancia y protección con algo de desesperación en su voz. Necesitaban que alguien los sacaran de ahí. 

Solo unos minutos después de haber terminado la llamada notó que había valijas ahí. 

Acaso, ¿planeaban irse?

Se acercó a la pequeña Cerquera, no sabía como ayudarla a aliviar ese dolor. Desearía ser él quien estuviera sufriendo eso por ella, no quería verla mal. Únicamente atinó a abrazarla.

— ¿Por qué mi mamá no se despierta? —preguntó llorando.

No había pensado que con 8 años ella no tuviera el concepto de la muerte muy claro, no tenía deseos de explicarselo.

— ¿Por qué tenía tanta sangre? —cuestionó entre sollozos—. ¿Va a estar bien?



C. M. Mosquera

Editado: 10.11.2019

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