Hasta las últimas consecuencias

Tamaño de fuente: - +

Villanos 5: Cosas vitales

Hace unos meses había renunciado a su trabajo, tenía que cortar todas las relaciones con la pequeña pelinegro de la que se había enamorado. Hizo lo posible por no levantar sospechas, dijo que quería aprovechar la ayuda económica de su pareja y comenzar a estudiar en la universidad.

Ahora comenzaba la parte más incómoda, debía hacer peleas estúpidas, hacer que la pareja se marchite. Quizás ambos eran igual de depravados, puesto que Trigo era mucho menor que ella, la diferencia de edad fue mucho más notoria cuando recién había comenzado la relación. 

Durante varios años había sido una persona complaciente, siempre la llenó de detalles simples que la enamoraban todos los días. Fue algo difícil, pero lo consiguió, las cosas seguían en pie después de años juntos.

<<Me da pena >>murmuró mirando la computadora, un poco aburrido. <<Está muy enamorada de mi... es a quién necesito para seguir adelante. >>Miraba las últimas noticias del nuevo asesino, el cual había cobrado venganza por la muerte de Rosita Perez, era el golpe de suerte que estaba necesitando para continuar sus planes.

El maldito de su padre había servido para algo después de todo, logró tomar su imperio criminal, su maldita existencia por fin podía servir para traerle algo de felicidad a su vida después de haberlo torturado por tantos años. Manejarlo desde la oscuridad era difícil, era una gran máquina de lavado de dinero.

Escribió un pequeño mensaje, avisando a sus seguidores que pronto comenzarían sus vacaciones, se retiraría por un año y medio de los trabajos directos y personales, pero mantendría un contacto muy distante. 

No podía arriesgarse a que sus planes se vieran arruinados por tratar de expander su negocio. Había trabajado por años para que llegara ese momento. 

Escuchó las llaves de la puerta de ingreso, miró la hora, su pareja se había tardado 20 minutos tarde. Preparó su peor cara para recibirla, escuchó los pasos dirigirse a la oficina en la que se encontraba "estudiando".

Abrió la puerta, en ese momento bufó.

—Hola amor —dijo con ánimo y con una voz tierna.

—Llegaste tarde —habló molesto.

— ¿Te pasa algo? —preguntó extrañada  y frunciendo el ceño mientras se descalzaba. 

—Nunca llegas tan tarde, ¿pasó algo? —preguntó indagador.

—No, solo hubo un choque y había mucho tráfico —le explicó relajada.

—No vi ninguna noticia de algún choque —se cruzó de brazos mientras giraba con la silla para verla.

— ¿Esto es una broma? —le preguntó extrañada, de alguna forma se sentía controlada y le estaba comenzando a disgustar—. Si estás de mal humor dejalo afuera, acá, conmigo, no.

—No estoy de mal humor, yo... lo siento —comenzó a practicar su papel de víctima—. Me preocupé porque no llegabas, siempre que pasan estas cosas me avisas... no me molesta que llegues tarde, solo que no avises. Sabes que siempre que tienes planes que te emergen de golpe yo no me he quejado, pero...

—No, entiendo corazón —dijo abrazandolo con fuerza—, disculpame. No quise hacerte preocupar. 

Le correspondió el abrazo, era triste tener que lastimar a consciencia a alguien, creyó que era suficiente con el hecho de haberla estado usando. Se prometió que una vez que todo acabara le recompensaría de alguna forma, y solo esperaba que alguna vez lo perdonara o lo entendiera.

Aunque ni él mismo se entendía.

Había pasado tanto tiempo y seguía enamorado como el primer día. Estaba haciendo una estúpidez, apostando a una relación que podía no funcionar. No estaba seguro ni de como era esa muchacha, casi no la conocía. Sin embargo, cada interacción con ella era maravillosa, un momento que tenía ganas de atesorar para siempre.

Era un imbécil, atrapado en un cuento de hadas del que deseaba nunca despertar. Tenía a su reina, tan lejos, a quien desde hace años gobernaba su corazón, pero al parecer era algo inevitable.

Se separaron, su novia se fue de la habitación mientras él se concentraba en pasar el mensaje encriptado a sus ayudantes.



C. M. Mosquera

Editado: 10.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar