Hasta las últimas consecuencias

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Víctimas 6:Zona de confort

Era difícil ser positiva, pero si era lo que necesitaba para no tener una nueva recaída, entonces eso era lo que haría. 

Esa noche se acostó temprano, estuvo alrededor de dos horas acostada, buscando una posición cómoda en la que dormir, pero no lograba.

La puerta de su habitación se abrió lentamente, la colorada venía arrastrando ese pequeño peluche con el que dormía todas las noches, no  importaba tener 15 años. Todas las noches dormía con ese patético juguete.

— ¿Puedo dormir con vos? —preguntó con una voz quebrada y tierna.

—Sí —se corrió un poco para darle algo de espacio.

Al acostarse juntas lograron conciliar el sueño.

~Y~

Después de clases tomó su pequeña mochila, se dirigió al salón dónde tenía planeado asistir a clases de dibujo. 

Se sentó en una mesa alejada, había varios chicos, la mayoría catalogados como "normales", ya que ese taller no era solo para los "raritos" como ella. 

No estaba segura de cómo encarar a la gente nueva, su círculo de amigos no se expandía hace años, sólo hablaba con Milagros y Uriel.

Decidió prestar atención en la clase, su profesor hacía algunos chistes, hacía comentarios muy divertidos y continuaba explicando. 

Después de eso les dio tiempo para dibujar, comenzó a trazar algunos bosquejos mientras trataba de pensar que podía dibujar.

Estaba bastante concentrada, había encontrado inspiración suficiente como para continuar sus dibujos. Se había puesto los auriculares al máximo, cada tanto tarareaba frases de las canciones que escuchaba.

Estaba algo incómoda, puesto que se sentía algo vigilada. Aunque buscó de forma disimulada a quien la estaba mirando, no lograba encontrar a la persona. 

Soltó unos minutos su cuaderno de dibujo y se desperezó, en ese momento notó que había una muchacha a lo lejos, quién la miraba atentamente, cuando sus miradas se cruzaron la muchacha la bajó.

Creyó haber encontrado por fin a quien estaba molestandola. La chica estaba sentada en un rincón, al igual que ella, sin nadie alrededor. 

Se levantó silenciosamente, tomó todas sus cosas y se trasladó al lado de ella.

La muchacha recién se dio cuenta de que se sentó a su lado cuando escuchó el ruido de la silla moviéndose. Inmediatamente cerró su cuaderno y fingió estar distraída.

—Hola, soy nueva. ¿Puedo ver tu dibujo para tener una referencia? —preguntó con curiosidad. La  muchacha se sonrojó de inmediato.

—N-no sé si es buena idea —dijo en un susurró, hablaba de forma muy dulce.

—Solo uno, por favor —le pidió con dulzura.

La muchacha le entregó el cuaderno, por cuestiones de azar logró abrirlo en la última hoja que la muchacha se encontraba dibujando. 

Se vio muy sorprendida, había un hermoso retrato a medio hacer de ella, se veía hermoso y realista. Era algo increíble, al parecer el nivel de ese curso era bastante alto. 

—Veo que estás viendo los increíbles dibujos de Saya —habló el profesor de forma simpática—. Es genial con los retratos.

—Lo noto, ojalá llegue a ser tan buena como ella en esto —comentó mientras cambiaba de hoja para que no pasará vergüenza.

La muchacha se sonrojó notablemente y se encogió de hombros.

—No es nada, lo aprenderás pronto —comentó sonriendo tímidamente.

El profesor se retiró para hablar con otros de los chicos, aprovechó que nadie les estaba prestando atención para poder encararla.

—Si querías dibujarme solo tenías que pedir que me acerque, no me molestaría acercarme —la muchacha se ponía más roja por cada palabra que salía de su boca—. ¿Estás bien? 

—S-sí —hablaba bajito, como si que estuviera cansada—. Eres muy directa.

—Lo siento —se disculpó al percatarse que podía estar sonando un poco agresiva—. Soy Josefina, un gusto.

—Saya, aunque ya lo sabías. —Sonrió, se la veía un poco avergonzada. 

Después de esa interacción se quedaron calladas, ambas, mirando el dibujo de la otra. La pelinegro quería hablar, encontrar algún tema de conversación, pero no sabía de que hablar, no era buena comenzando conversaciones.

—Desearía ser buena para hablar —murmuró la muchacha—. Así sabría que decir en este momento.

—Pienso lo mismo —dijo la joven divertida—. Supongo que somos solo dos muchachas muy tímidas. Lo bueno es que ayuda a seducir.

—No lo creo —murmuró con una sonrisa enorme—, nadie me prestaría atención. 

—Meh, no te rindas, ya llegará tu momento. Disfruta de tu habilidad para dibujar, las relaciones siempre pueden esperar —le dijo mientras se concentraba en su dibujo nuevamente.



C. M. Mosquera

Editado: 10.11.2019

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