Hasta las últimas consecuencias

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Víctimas 7: Tomando las riendas

— ¡Mamá! —gritó mientras sentía como alguien la tomaba y se la llevaban dentro de esa horrible oscuridad, la cual la poco a poco la hundía en la locura.

Despertó transpirada, agitada, con los ojos lagrimosos. Trató de enfocar, quizás la oscuridad absoluta fue lo que más la aterró, después de todo en esas fechas su compañera se dedicaba a terminar sus trabajos prácticos. Aunque últimamente estaba ligeramente más enfocada en planear unas vacaciones en la que vayan, ella, Milagros, Carolina (su hermana menor) y su madre.

Se levantó, quería huir de la oscuridad, se abalanzó sobre el interruptor de la luz. Le costó un poco acostumbrar la vista a la ambiente, parpadeó múltiples veces. Al lograr ubicarse en tiempo y espacio, se dijo a si misma que no estaba segura de poder dormir sola esa noche.

Apagó la luz y se dirigió silenciosamente a la habitación de su compañera. Por alguna extraña razón tenía un fuerte malestar. Quizás era su imaginación, pero desde que su amiga había comenzado a trabajar sentía que la estaban pasando todas muy mal.

Ella notaba el malestar de su compañera, pero trataba de convencerse de que en realidad era paranoia suya, que tenía alguna especie de resentimiento por parte del ese crecimiento de su compañera, puesto que ahora no podían estar juntas siempre. Quizás estaba celosa y quería trabajar como ella, no estaba segura.

Abrió la puerta con cuidado, no quería ni asustarla ni despertarla. Tenía muchos pensamientos aleatorios sobre su vida y era demasiado temprano como para estar revisando lo que era su vida.

Se acostó junto a su compañera, quien por alguna razón ocupaba solo la mitad de la cama. Se acurrucó a su lado, ya no tenía tanto miedo de dormir.

—Tengo miedo, doc... —murmuró Milagros, cosa que hizo que la pelinegro se sobresaltara. 

— ¿Qué, Mily? —preguntó en un susurro. Prendió la luz tenue que tenía su compañera en la mesa de noche, ahí notó que la muchacha seguía dormida. Aprovechó para ver la hora, eran las 2 am.

Apagó la luz, sabía que ocasionalmente, sobretodo en periodos de trabajos finales, su compañera hablaba dormida.

Normalmente soltaba frases sueltas, en los peores casos hablaba de forma continua. 

—No, no quiero fallar de vuelta. No quiero que siga muriendo gente —murmuró—. Después del último desastre... yo no quiero fallarle a nadie. 

Su voz se quebró, así que la muchacha nuevamente prendió la luz, en ese momento notó que algunas lagrimas caían de su rostro. Su corazón se estrujo de inmediato, como hace rato no le pasaba. Volvió a apagar la luz y la abrazó con fuerza.

—Tengo miedo de estar exponiendo a Jose. ¿Y si tratan de hacerle algo? —preguntó.

<<Preocupate por ti, tonta, vos estás destruida. No yo >>pensó molesta.

—No me importa lo que me pase... pero yo la... —en ese momento se quedó callada, completamente dormida.

Trató de conciliar el sueño, pero no podía, lo que Milagros dijo daba vueltas y vueltas. Quizás era hora de tomar cartas en el asunto. 

Nunca había sido imaginación suya, ese trabajo le hacía daño, afectaba su psiquis, no dejaría que eso siguiera pasando. 

Sabía que ese trabajo le hacía mal, supuso que era hora de sacarla de allí por la fuerza. Mañana se pondría manos a la obra. 

—Te lo juro Mily, sacaré todo lo que te hace mal de tu vida, aunque te duela —le susurró. La pelirroja se puso de lado, aún más cerca suyo y continuó durmiendo.

~Y~

Había sido una mañana difícil, escuchar esa horrible voz constantemente era insano y lo estresaba demasiado. Tenía miedo de que le arrebatara el control de su cuerpo y hacerle daño a alguien que le importaba. Aunque habían solo tres personas que le importaban.

Sabía quién había sido la responsable de su desequilibrio y también quien iba a ser la persona que lo podría ayudar. 

Esa misma mañana su madre lo había llamado desde la cárcel, no sabía nada de ella desde hace 3 años. Habían llegado a un acuerdo entre el colegio y los abogados de su madre, no lo llamaría hasta mucho tiempo después de que él comenzara a sentirse mejor. 

La conversación fue muy incómoda, después de todo el seguía muy molesto con ella. Ella había matado a una de las personas que más quiso. 

—No puedo creer que una simple llamada me haya desequilibrado tanto. —Se dijo a si mismo mientras caminaba con las manos de en los bolsillos.

Quería hablar con su amiga, la estúpida pelirroja que siempre lo estaba molestando. Necesitaba sentirse mejor y distraerse. Anichini se encontraba en un viaje muy importante para ver a su familia, no podía contar con su concejo, ya que el imbécil se había olvidado su celular.

Por alguna razón alguien lo había convocado para hablar con los directivos. La cadena jerárquica de ese sitio era un poco confusa, pero sabía que no debía ser para felicitarlo.



C. M. Mosquera

Editado: 10.11.2019

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