Hasta que llegue mañana

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Capítulo 6: Aún me dueles.

15/Mayo/2013
Derek 20 años.

Camino por la calle cabizbajo mientras regreso a casa de mi madre, no está muy cerca, normalmente tomo el autobús, pero hoy no me ajusta para nada, si voy en autobús no podré comprar los pañales y las leches de los niños, no tengo opción.

Todo es cada vez más difícil, y el hecho de que ella no esté a mi lado para apoyarme lo hace aún más duro para mí.

“¿Por qué lo hiciste Hanna?, mamá me dijo que simplemente tomaste una pequeña maleta y te fuiste, después de despedirte de ella y de los niños diciendo “no puedo soportarlo más”. Conozco a mi madre, ella no te preguntaría la razón, ni trataría de detenerte como yo lo hubiera hecho. Sólo te diría que lo pensaras. ¿Pero ya hace cuánto de eso?... Dos semanas y aún no sé nada de ti. Supongo que estás con tus padres, no me sorprendería, pero creo que por lo menos deberías de visitar a tus hijos, Matt no para de llorar por ti, tiene tres años, necesita a su madre.”

Te amo Hanna, y siempre te amaré.

Meto la carta en el sobre, para enviarla. Lo más seguro es que debe ser a casa de sus padres. Salgo de la oficina postal y continúo mi camino a casa, mi estómago comienza a rugir, tengo demasiada hambre. ¡Y vaya suerte la mía!, la vida no cree que he sufrido suficiente y como por arte de magia, o un golpe cruel del destino, un rico olor a comida inmunda mis fosas nasales.

Me doy cuenta de qué camino junto a un elegante restaurante de comida italiana.

Intento seguir caminando sin voltear, pero me es imposible, es como si algo que obligara a voltear y ver, para así poder sufrir por no tener dinero para comprarme ni un plato de comida.

Mi sangre se congela cuando me poso frente al ventanal y observo hacia adentro del restaurante... ¿Es ella?, Hanna... Pero se ve distinta, su cabello está más corto y se viste como lo haría antes de conocerme, como la muñeca de porcelana que su madre deseaba que fuera.

Mi vista viaja de ella a su acompañante. Frunzo el ceño y aprieto mis manos en puños cuando veo al hombre junto a ella, el mismo rubio idiota al que golpee fuera de su casa cuando tenía dieciséis años.

No sé en qué momento me adentro en el lujoso restaurante. Mi sangre está ardiendo de enojo cuando me poso frente a ellos.

—Señor...necesita una reservación. —escucho la voz del recepcionista a mis espaldas.

Hanna tiene una expresión de terror mientras que el hombre me mira con la ceja arqueada, de manera altanera.

—D-Derek qué... ¿Qué haces aquí? —pregunta sorprendida mientras se pone de pie.

—Esa es la maldita pregunta que yo debería hacerte a ti, ¡no sé nada de ti desde hace dos semanas! y ¿de repente te encuentro aquí con este imbécil? —comienzo a alterarme.

—Yo... Y... yo —comienza a tartamudear mientras sus ojos se cristalizan cuando nuestras miradas chocan.

El hombre se pone de pie y avanza hacia ella, colocando sus manos en los hombros de mi esposa.

—¿Estas bien? —le pregunta y ella asiente bajando la mirada.

—¡Quítale las manos de encima, imbécil! —grito enojado mientras avanzo hacia él dispuesto a golpearlo.

De pronto siento como unos fuertes brazos rodean mi cuerpo impidiéndome atacar.

—Señor... Tiene que salir, este no es un lugar para venir a hacer escándalo. —me dice el guardia mientras trata de arrastrarme hacia la puerta.

—¡No!, suélteme, ¡ella es mi esposa! —comienzo a gritar forcejeando.

Hanna me observa con los ojos cristalizado, hace un gesto como de querer correr hacia mí. Lo sé, estoy seguros de eso, ella aún me ama.

—¿Segura que estas bien? —réplica sin quitarle las manos de encima.

Ella asiente nuevamente sin apartar su mirada de mí, su rostro refleja la lucha mental que tiene en ese momento, pero no se mueve, ni dice nada.

¿Eso es todo lo que hará?, ¿dedicarse a verme con lástima en lugar de hacer o decir algo?

De un tirón me zafo del agarre de guardia y camino hacia ellos furioso.

Cuando estoy cerca, el rubio se posa frente a ella de manera protectora... Pero yo no tengo la intención de golpearla a ella. Es a él.

Rápidamente estrello mi puño contra su rostro. Maldito niño rico, no sabe defenderse. Él Se deja caer de manera dramática. Hanna y el resto de las personas me observan horrorizados.

—¡Decide Hanna, te quedas con él o vuelves a casa conmigo! —grito con voz quebrada.

No quiero llorar, no quiero que estas personas desconocidas sepan que tan destruido estoy en este momento.

—Lo siento —susurra después de un silencio sepulcral. —, no puedo con esto. —dice y siento que mi sangre se congela en ese momento.



Bexy L. Perez

Editado: 02.02.2020

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