Hawa: Debemos salir a flote | #2 |

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Capítulo 5

Llego a casa pensando que tal vez ésta sea la última vez que la vea en un largo tiempo. Es decir, claro que volveré en ocasiones, pero ya no será lo mismo si lo hago. No comeré aquí, no pasaré el tiempo libre (si es que lo tengo) aquí, y, definitivamente, no dormiré aquí. Clark se encuentra caminando nerviosamente por la cocina mientras habla por teléfono. Se despega tan sólo un segundo para saludarme y luego sigue con su conversación. Yo paso de largo la pequeña sala de estar y me dirijo hacia el pasillo, deteniéndome en el umbral de la puerta de mi habitación.

            Me quedo allí un momento admirando mi cuarto, pero no entro y sigo caminando por el pequeño pasillo. Será mejor que antes hable con mi madre; contarle lo que me ha dicho Danna y convencerla de que me deje ir sin provocar más problemas.

            Me acerco hacia su puerta, y la abro con normalidad.

            Mamá está en medio proceso de cambiarse la camiseta. Se tapa con ambos brazos el torso, que estaría desnudo si no fuera porque llevase puesto el sostén. Pero eso no es lo que me deja quieta; eso no es lo que detiene mi corazón y, efectivamente, eso no es la razón por la cual mi madre trata de taparse torpemente con los brazos.

            Lleva una horrible marca rosada en el abdomen.

            Agarra con ineptitud la otra camiseta que está sobre un estante del armario abierto y se la apoya sobre la mancha, mientras da unos pasos hacia atrás y se choca con la puerta del ropero.

            Salgo de mi estupor y la miro con ojos abiertos.

            —Quítate eso.

            —Me estoy vistiendo —espeta, aunque todavía sigue un poco nerviosa.

            Me acerco en tres zancadas y lucho con sus manos hasta arrancarle la camiseta. La arrojo sobre la cama y, en cuanto le observo el abdomen una vez más, me llevo las manos a la boca.

            Tiene una horrible quemadura del tamaño de un plato pequeño. La piel levemente enrojecida y unas pocas ampollas hacen que ahogue una exclamación. Mamá vacila con las manos, pero ya sabe que es tarde para ocultarla.

            —Audrey… —suspira, pero yo salgo corriendo.

            Entro en mi habitación y azoto la puerta detrás de mí. Con mucha rapidez, abro mi armario y comienzo a sacar ropa al azar. Casi al instante, mamá toca a la puerta pero yo sacudo la cabeza. Retiro un bolso grande de un estante y tiro todo adentro.

            —Audrey, por favor, hablemos —murmura con desesperación detrás de la pared.

            Trato de ser fuerte, en serio que quiero serlo; pero no puedo. Un sollozo débil se me escapa y me tapo la nariz y la boca con una mano para que mamá no pueda escucharme. Tenía la quemadura de mi ataque. A los tres segundos levanto la mirada para recomponerme, y sigo con mi labor. Después de la ropa aleatoria, coloco dos pares de zapatillas y mis botas.

            Mamá se decide por abrir la puerta, y yo sólo la dejo hacerlo. Me mira atentamente mientras apoyo el bolso en la cama y le coloco el cierre.

            Parpadea con ojos desorbitados.

            —¿Qué haces? —pregunta exasperada.

            Tratando de que no me vea, me paso el dorso de la mano por debajo de la nariz.

            —Mañana me voy —es lo único que digo, con un hilo de voz.

            —¿A dónde?—Casi exclama, con pena en la mirada— ¿Otra vez vas a dejarme?

            Me quedo congelada. La miro tal vez con más dureza de la necesaria, mientras me tiembla la barbilla y los labios. ¿Es que no lo puede entender?

            —Si te dejé es porque quería que estuvieras a salvo —digo, y mi voz se quiebra con la última palabra—. Y si te dejo ahora será por la misma razón.



MEG

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En el texto hay: misterio, elementos naturales, romance

Editado: 04.05.2018

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