Hawa: Debemos salir a flote | #2 |

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Capítulo 6

Tomo una sábana entre los dedos y me enredo en ella; todavía no quiero levantarme. Esto está tan… cómodo. Me ruedo de costado, y como necesito estirarme un poco más, dejo de doblar las rodillas y las extiendo por todo el espacio. Escondo mi rostro un poco más entre la suavidad de la almohada, y entonces me doy cuenta y abro los ojos de un tirón.

            No estoy en el sofá. Las sábanas blancas con rayas celestes y marrones se enredan por toda la cama, y un gran almohadón yace de costado a mi izquierda. Miro para todos lados, un poco trastornada. No hay nadie más en la habitación, y yo sigo con la misma ropa que usé para dormir ayer. «¿Y por qué diablos piensas en ello?», me pregunto a mí misma. No debe ser sí o sí como en las películas, donde la chica aparece en la habitación sin recordar nada, después de haber hecho…

            Me incorporo de golpe. «Ya cállate». No he estado borracha, ni siquiera puedo ponerme ebria. Me quito las sábanas de una patada y comienzo a escudriñar cada rincón de la habitación de Fénix. ¿Dónde me he dejado el bolso?

            Oigo un ruido al otro lado de la pared, y entonces voy corriendo a abrir la puerta. Me asomo al tiempo en que Fénix entra en su departamento; va calzado, ahora, con unas botas negras, y vestido con unos jeans diferentes y su chaqueta. Llega con dos vasos descartables de café en un brazo.

            —¿Quieres contarme qué has hecho? —pregunto elevando una ceja, notando que no pensaba decirlo por su cuenta.

            Me mira, como si recién se percatara de mí, y entonces abre la boca con cierta distracción y después la frunce como si no entendiera bien la pregunta.

            Levanta el brazo.

            —Traje café —responde con obviedad. Se acerca a una mesita y le tira unas llaves encima—. Me sentí bastante patético ayer sin comida, y pensé que al menos en el desayuno podría tener algo…

            —No —interrumpo—, ¿por qué ahora mismo estoy dentro de tu habitación?

            Sonríe un poco, y no me gusta su tono de burla. Deja los vasos de café en la base de la ventana que da con la cocina mientras se humedece los labios.

            —No lo sé, tal vez te morías por dormir ahí a mi lado.

            —Ya, en serio —espeto, y entonces visualizo mi bolso junto al sofá, donde yo lo había dejado.

            —Te quedaste dormida al instante allí echada sobre mí. Te cargué y te dejé en la habitación, porque te veía muy incómoda —observa la expresión en mi rostro— Tranquila, yo me vine a dormir al sofá; quedaste sola en la habitación. ¿Quieres café?

            Miro con ojos desorbitados cuando él toma un vaso y me lo tiende.

            —Por si no recuerdas, todavía me debes un café —me regaña, levantando las cejas.

            Dejo escapar una carcajada seca, y acepto el café de su mano.

            —¿Por eso no me prestaste el lavarropas?

            —Creo que simplemente nos olvidamos de ese asunto tan importante cuando tú descubriste tus poderes.

            Tomo un sorbo del líquido oscuro, y el sabor fuerte a café no tarda en llenarme por completo.

            —Cámbiate —dice Fénix, mientras agarra su vaso de un rápido movimiento y entra en la cocina—. Jota no tardará en venir con Ash.

            Casi escupo el café, pero, como ya estaba tragando el sorbo y estaba cayendo justo por mi garganta, por un segundo pensé que se me iba a salir por la nariz.

            Me llevo una mano hacia mi boca y espero a que se me pase la fea sensación, y, de paso, que se me pase la torpeza.



MEG

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En el texto hay: misterio, elementos naturales, romance

Editado: 04.05.2018

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