Hechizo de amor (brujas 2)

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Epilogo

-¿Cómo se llamó mi padre, abuela? –pregunto la ahora princesa ese día en especial sintió una gran necesidad por hablar con ella, tenía una intuición muy especial que hacía que su corazón latiera con cada vez más fuerza y en ese momento era cuando más ansiaba su voz, su apoyo, su cariño. Ambas estaban sentadas en un hermoso prado lleno de flores, según la mujer, fue allí en donde creció su progenitor.

-Victor, así se llamaba su padre, un hombre que ame y que me amó con locura, mas que esposos fuimos amantes, compañeros, cómplices, amigos, marido y mujer no era mas que un titulo que no siento que nos definiera –confesó con voz soñadora, era evidente que la historia que existió entre ellos debió ser realmente mágica y especial.

-¿Tiene algun significado en especial?

-Si, hace referencia a un hombre vencedor. Llevábamos mucho tiempo juntos cuando decidimos que queríamos ser padres, yo ya era un poco mayor por lo que no fue fácil quedar en embarazo, tuve varios abortos, mas de los que me gustaría admitir, pero cuando ya empezábamos a perder la esperanza llegó él a llenarnos de amor y alegría; yo elegí el nombre, quería que una parte de mi compañero de vida durara una generación mas y su nombre siempre me fascino. ¿Por qué tu pregunta? –la joven miro a su abuela con un sentimiento indescifrable, era una extraña combinación entre nervios, alegría, miedo, emoción y mucho amor.

-Creo que estoy embarazada, y de verdad quiero que mi hijo o hija tengan un nombre especial, que tenga un significado especial, y nada mejor que el nombre de mi padre. Si es niña, será Victoria, si es niño, será Victor –su abuela la miro con los ojos llenos de amor.

-¡Cinco años de casados y por fin tendrán hijos! Dios, Nasila, no sabes lo feliz que me haces, de verdad que te mereces todo esto que te está pasando y más –ella se acercó la abrazo, aunque no acostumbraba a buscarla en sus sueños con mucha regularidad, siempre que lo hacia la llenaba con su sabiduría, con sus recuerdos, con sus hermosas palabras, además que por suerte, las visiones nunca terminaron, y si le ayudaron mucho a entender como funcionaba el castillo y el país en general.

-Si, la verdad es que estoy muy asustada, siento que no puedo con tanto, nunca he tenido lo que se dice un ejemplo a seguir en cuanto a ese asunto en específico, no quiero ser el tipo de madre que fue mi madre –su progenitora debía estar en algun lugar del mundo cumpliendo una cadena perpetua desde hacia poco más de cuatro años.

-No, mi bella princesa, no tienes porque tener tal miedo, tu y tu madre son completamente distintas, no solo en cuanto su forma de pensar, que, hablando de ello, tu eres mucho más inteligente, también en lo que hay en tu corazón, en tus sentimientos, tu eres una mujer amorosa, delicada, detallista, sensible, dulce, tu eres mucho mejor que ella, eso te lo puedo asegurar, serás la mejor madre del mundo.

Despertó con los suaves y dulces besos que dejaba su esposo en su espalda desnuda, había caído dormida cuando después de hacer el amor en varias oportunidades su energía se agotó.

-Pero que hermosa forma de despertar –susurró ella girándose hasta quedar boca arriba, por lo que él aprovecho para acariciar sus pechos y su abdomen sobre la sabana.

-Todo ser por mi amada –él empezó bajando un poco la delgada tela que la cubría, cinco años y aun la deseaba como la primera vez, nunca se podría cansar de su maravilloso y esbelto cuerpo, mucho menos de la suavidad de su piel o de lo bien que se siente estar en su interior.

Estaba por besar sus senos cuando ella soltó un pequeño quejido, aquello lo detuvo en seco.

-¿Qué sucedió? ¿Te lastime de alguna forma? –preguntó alarmado, nunca le había sucedido nada parecido. Su esposa acaricio su rostro intentando calmarlo, lo que menor quería era preocuparlo sin razón.

-Calma, amor, estoy bien, es solo que estoy un poco sensible, en especial de los senos –sus palabras no menguaron la preocupación del príncipe heredero, todo lo contrario, se podría decir que hasta la empeoro, ella nunca se ponía así, ni siquiera cuando estaba cerca de tener su periodo, por lo que estaba seguro de que fuese lo que fuese que lo causara, debía ser de gravedad.

-No, dime la verdad, ¿Te sientes mal? ¿Estás enferma? Porque si es así voy ya mismo a buscar a mi madre –la joven lo detuvo antes de que saliera corriendo a buscar una ayuda innecesaria, pero es que él la amaba tanto que su mayor miedo era perderla.

-No estoy enferma, Alan, es solo que el embarazo ya esta haciendo de las suyas en mi cuerpo –confesó de repente dejándolo sin palabras. Según sus cuentas, debía tener poco mas de un mes, pero en su defensa, no quiso decirlo ni hacerse ilusiones hasta estar completamente segura, y ahora lo estaba.

-Espera, ¿Estas…? –no pudo terminar la pregunta, quedó en shock.

-Si, seremos padres y el reino por fin tendrá el heredero que tanto nos piden –al futuro rey, importándole poco su desnudez, quito la sabana y dejo su abdomen a plena vista, acaricio su piel como si se tratase de la mas hermosa y delicada joya que había visto en su vida, allí dentro crecía el fruto de su amor.



Fernanda Suarez

Editado: 15.01.2019

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