Hechizo de amor (brujas 2)

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Capitulo 2

La reina Amira tuvo que morderse el labio inferior para no soltar una fuerte carcajada, su hijo nunca fue de esos que creen estar por encima de los demás solo porque tienen una corona en su cabeza, por el contrario, siempre fue un hombre muy sencillo y amigable, nunca discrimino a nadie por su posición social, aunque lo que no se podía negar era que eso de ser el heredero si le daba cierta ventaja con las mujeres, por lo que conquistar el corazón de una dama nunca fue un problema, así que ver como una jovencita lo ponía en su lugar fue de lo más divertido para ella.

-Siempre me he preguntado si las mujeres como usted o son muy estúpidas o son demasiado valientes, que en otras palabras, igual, terminan siendo estúpidas, ¿Acaso no sabes que lo que haces es una falta de respeto y puede tomar cartas en el asunto? Estas en mi país, incluso, peor aún, en mi casa, y aun así te atrever a tratarme de esa forma –Nasila se des hizo de su agarre y soltó una carcajada, cuando decidió venir en busca de ayuda sabía que podía encontrarse con este tipo de situaciones, los 5 hijos de los reyes eran muy bien conocidos, pues solían compartir mucho con el pueblo, lo que nunca imagino es que esa sería su bienvenida, si es que si lograba quedarse.

-Y yo siempre me he preguntado si es que lo hombres como usted o son muy imbéciles, o es que la cabeza solo les sirve de decoración, que al final, termina siendo lo mismo, no son capaces de ver un poco más allá, son tan superficiales que ven el brillo de una piedra y ya creen que es oro, dígame una cosa, majestad, ¿Está seguro de tener las capacidades necesarias para liderar todo un país? Porque el estómago de las personas no se llenan con sonrisas bonitas –la reina abrió los ojos hasta mas no poder y decidió intervenir, aunque se estaba divirtiendo con la discusión, si no paraban ahora puede que luego lleguen a un punto sin retorno.

-No me has dicho cómo te llamas –dijo centrando la atención de ambos en ella; la joven la miro y sonrió con vergüenza, se dejó llevar por la rabia, dijo muchas cosas, solo esperaba que sus palabras no arruinen su estadía y que la reina no se haga un idea incorrecta de ella.

-Mi nombre es Nasila, Nasila Holmberg, vera, es que vine a buscarla porque necesito su ayuda, es algo muy serio pero me gustaría que lo habláramos a solas –camino hacia ella, ni loca revelaba su secreto en frente del imbécil que permanecía a su lado, desde ya lo odiaba y sentía lastima por su país, con un monarca como ese seguro que no llegaría muy lejos, pero bueno, eso era algo que ella no podía cambiar.

El joven heredero, en medio de la rabia y el dolor que le causaron sus palabras, la tomo del brazo con más fuerza de la que planeo en un intento por detenerla, no quería a esa mujer en su casa, mucho menos cerca de su madre, entre más rápido la saque de allí, mucho mejor, pero en cuanto su mano se cerró alrededor de su brazo, fue como si lo alejaran de ella con una fuerza sobrenatural, fue como si lo empujaran lejos de ella haciéndolo caer varios pasos hacia atrás, pero al caer, su cabeza se golpeó con el suelo y sus ojos se nublaron dejándolo en la inconciencia.

La joven soltó un grito de terror al ver lo que había hecho, esa no había sido su intensión, era por eso que necesitaba ayuda, no era capaz de medir sus actos, sus poderes estaban fuera de control, era como si su cuerpo actuara por instinto, como si al sentir algún tipo de amenaza por pequeña que sea su reacción sea esa, atacar.

Amira de inmediato corrió a auxiliar a su hijo aunque su cabeza no dejaba de repetir el momento, por supuesto, nunca creyó que ella era la única con ese tipo de habilidades, pero ver con sus propios ojos algo así, la dejo perpleja, tenía que hacerse cargo de ese tema, pero primero estaba su hijo; con mucho cuidado, tomo su cabeza y reviso que no tuviera ninguna herida o sangrado, al no encontrar nada, pudo respirar con tranquilidad, ahora necesitaba ir por un poco de alcohol o algo con un olor fuerte que lo despierte, pero no quería alejarse de él; miro a la joven y sintió lastima, parecía afectada, y la entendía, pero ahora lo importante era Alan.

-Necesito que vayas al castillo y el digas a quien primero se te cruce en el camino que te entregue el tarro amarillo que tengo en mi consultorio, debemos despertarlo, corre –la apremio, pero Nasila negó, se acercó con el cuerpo tembloroso y se arrodillo junto a su cabeza, la reina intentaba decidirse entre alejarla continuar con lo que sea que estuviera haciendo, ambas opciones tenías sus pro sus contras, pero aunque temía que el causara algún daño, prefirió la creía capaz de lastimar a alguien.

-Puedo ayudarlo –fue lo único que dijo antes de tomar la cabeza del apuesto príncipe y colocarla sobre sus piernas, paso su mano a lo largo de la frente del joven en un movimiento muy lento y delicado, tomo aire, cerro sus ojos y empezó a mover los dedos sobre el rostro masculino en lo que parecía una danza, pero lo que la dejo sin aire fue ver como de estos salían una especie de viento ligeramente verde en forma de remolino, que en cuanto se acercó a la piel, él de inmediato empezó a recuperar el conocimiento, dejándolo fortalecido y sano.

En cuanto abrió los ojos, se arrastró hacia atrás alejándose de él, quien no se alcanzó a golpear la cabeza porque la alzo justo a tiempo; ella, avergonzada y nerviosa, bajo la mirada y mordió su labio inferior, empezaba a creer que haber ido no fue una buena idea, debió quedarse en casa junto a su madre.



Fernanda Suarez

Editado: 15.01.2019

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