Hechizo de amor (brujas 2)

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Capitulo 12

Nasila no podía moverse, se había quedado en blanco, sin ideas ni posibilidades, no sabia que decir, que hacer, si moverse o hablar, nada, lo único que sabia es que no podía estar sintiéndose peor.

Antes de cometer algun error o quedar como la estúpida del castillo, aguantándose las lagrimas y el dolor que hacía que a su corazón le costara palpitar con normalidad, dio un par de pasos atrás y en cuanto estuvo lo suficientemente lejos, dio media vuelta y salió corriendo escaleras arriba, fue directamente a su habitación, tomo su maleta y empezó a empacar todo cuanto estuvo a su alcance, poco le importaba dejar un par de cosas, solo quería irse, poner miles de kilómetros entre ellos, ya no tenía razón alguna para continuar en ese lugar.

La reina no podía creer lo que sus ojos estaban viendo, parpadeo y hasta rasco sus ojos esperando estarse equivocando, pero no fue así, ahí seguía su hijo, besando a esa mujer como si fuera el más exquisito manjar.

-¡Alan! –grito enfurecida haciéndolos sobresaltar, ellos se alejaron de golpe, su hijo parecía realmente avergonzado, pero lo que termino de acabar con su paciencia fue la sonrisa llena de burla y diversión de la joven, como si aquello no hubiera sido mas que un divertido juego, como si su único propósito hubiera sido ser descubiertos– ¡Largo! –le grito antes de perder la cabeza, lanzársele encima y acabarla a golpes. La actitud de Kralice solo empeoraba la situación, pues no se limito mas que a hacer una reverencia llena de burla para luego emprender el camino a un paso lento, con la espalda recta y la cabeza en alto como si ya tuviera una corona en lo alto.

-Mama, todo esto tiene una explicación –dijo el joven intentando comprender lo que acababa de suceder, no entendía como es que pudo besarla, mucho menos la razón que lo llevo a ello, se sentía confundido y ligeramente mareado.

-De verdad espero que así sea, porque no sabes las ganas que tengo de cogerte y arrancarte la piel de a tiras –lo fulmino con la mirada y lo obligo a seguirla a través del salón y luego hasta llegar al jardín, allí era el único lugar en que podían hablar sin tener que preocuparse porque alguien los escuche– Habla.

-Madre, te juro que no se que fue lo que me paso, iba a buscar a mi padre cuando me la encontré con el pasillo, ella se acerco y me abrazo, nada fuera de la común, pero cuando se fue a alejar acerco sus labios a los míos mas de lo debido, no sé en qué momento termine besándola –la reina lo miro como si no creyera ni una sola de sus palabras, peor es que en su defensa, nadie podría hacerlo, ¿Cómo era posible que no sepa la razón de sus actos? ¡Soy suyos! Nadie lo estaba obligando a nada.

-¿Te das cuenta que tus palabras son todo menos creyentes? –él despeino su cabello como muestra de cansancio y confusión, suspiro y empezó a caminar de un lado a otro como si se tratase de un león enjaulado.

-¿Crees que no lo sé? ¡No entiendo que está sucediendo conmigo! Nunca antes me llegue a imaginar que podía besar a esa mujer, pero… ¡Es algo que no puedo explicar! ¿Qué mas puedo decirte? –su voz estaba llena de frustración, de rabia consigo mismo, estaba confundido, se sentía como perdido, como si ese cuerpo no fuera el suyo, no habían palabras que lo describieran, pero en definitiva estaba lejos de sentirse bien, necesitaba pensar.

-Necesito preguntare una cosa, hace un par de días me dijiste que estabas decidido a encontrar al forma de alejar a Kralice, querías que hablara con tu padre y le dijera que elegías a Nasila, que solo ella podía ser tu reina, que la amabas, que era la mujer perfecta para ti, quiero que seas sincero, ¿Aun lo quieres, la quieres a ella, o estas confundido? –la respuesta no tardó en llegar.

-Si, mama, estoy mas que seguro, mi brujita lo es todo para mí, la amo con todas las fuerzas de mi corazón –al hablar, la miro directamente a los ojos, por lo que a Amira no el quedo duda alguna de que sus palabras eran 100% sinceras, y aquello termino de confundirla, el amor que sentía por la joven era mas que evidente, entonces no había razón alguna que explicara el beso que ella vio, porque eso no había sido un simple arranque, había sido mucho más, en ese momento, un muy mal presentimiento se instaló en su pecho e hizo temblar su cuerpo.

-Hijo, amor, ¿Qué te llevo a besarla? –pregunto con delicadeza, ahora si estaba realmente preocupada. Alan se tomo la cabeza entre las manos y cerro los ojos con fuerza, como si con ello pudiera olvidar lo que acababa de hacer.

-¡No sé, mama! ¡No lo sé! Me voy a volver loco –la reina se acercó, lo envolvió en sus brazos en un tierno y delicado abrazo y acaricio su cabello como cuando era pequeño y la tristeza se apoderaba de él, aquello siempre lo calmaba, y en esa oportunidad no fue diferente, de hecho, se aferro a ella con tanta fuerza como pudo, su madre era su palanca, su fuerza, su ancla, su todo, era lo único que la mantenía en pie, estable, con ganas de continuar, quería una compañera de vida que se convirtiera en su mano derecha, en esa fuente de poder que era la Amira para Adrián, después de todo, hasta en el ajedrez, el rey necesita de su reina, y él quería a la mejor, pero lo que le dolía era saber que aunque la había encontrado, no tenia como aferrarla a su vida.



Fernanda Suarez

Editado: 15.01.2019

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