Hechizo de amor (brujas 2)

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Capitulo 13 (parte 2)

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FER 

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-¿No se te ocurrió pensar que yo no quería hablar contigo? –respondió cortante, aun no estaba lista para tener una conversación con él, en su interior continuaba la lucha entre cerrar los ojos y creer ciegamente en el dueño de su corazón o por el contrario dejarse llevar por la razón, lo que muy probablemente la llevaría muy lejos de ese lugar, pero entonces el problema era todos esos sentimientos que albergaba muy bien guardados en su pecho.

-Se que todo este tiempo has estado evitando cruzarte conmigo, no soy estúpido, apenas si sales de tu habitación, pero nos merecemos una conversación, tenemos que hablar de lo que sucedió, te lo ruego –ella lo miro sin saber que pensar, mucho menos que hacer, empezaba a sentirse entre la espada y la pared– no he vuelto a acercarme a ella, te lo juro, la única mujer que me interesa, la única mujer que me gusta, de verdad, eres tú, no me dirigiré a ella a menos que sea completamente necesario –Nasila esquivo su mirada y la fijo en el plato medio lleno, habría preferido no tomar el tema de Kralice.

-No se que decirte, Alan, a veces creo que no me importa, que puedo perdonarte y empezar justo donde dejamos lo nuestro, como si nada hubiese sucedido, solo tu y yo, sin terceros, sin secretos, sin mentiras, con mucho amor, pero entonces lo recuerdo todo, la forma en que la besaste, estabas aferrado a ella como si fuera el único salvavidas en medio del océano, como si la necesitaras para vivir, entonces, ¿Cuál es la diferencia entre ese beso y los muchos que me diste a mí? Y puede que ese sea el menor de los problemas. Cuando te vi a su lado, ella entre tus brazos, lo pude ver, entendí porque tus padres la llamaron, ella tiene el dinero, la elegancia, el carisma, la belleza, lo tiene todo para ser reina, yo no, es que no hay punto de comparación entre nosotras, somos como el día y la noche, aclarando que ella es el día, ese que todos disfrutan, mientras que yo soy la noche, oscura y fría, ¿Qué quienes que piense? –una de las pocas cosas que le enseño su madre y que le han sido muy útiles en su vida es la sinceridad, pero la sinceridad consigo misma, entender que es su debe ver las cosas como son, no como le gustaría que fueran, aunque aquello fue un poco contradictorio, con la mujer que el dio la vida apenas si le permitía crear una opinión libre.

-Te estas dejando llevar por los prototipos, a mi no me importa lo que todos esperan de mi reina, no me importa si debe ser rica, alta, rubia, castaña; si, tengo un deber con mi pueblo, uno que no puedo rechazar, pero no voy a permitir que sea una corona la culpable de mi desgracia, no cuando tengo el poder de elegir, para algo seré rey, puedo hacer lo que me venga en gana, y si de verdad me aceptan como monarca, tendrán que recibirme con todo y reina, además, ¿No crees que todas esas habilidades que corren por tus venas te hace mucho mas especial que cualquier otra mujer? –la joven negó, ese era otro asunto que la preocupaba cada vez más.

-Una magia que no controlo, unas habilidades que en cualquier momento pueden lastimar a alguien, ¿De verdad crees que soy la mujer para ti? Y de ser así, entonces, ¿Por qué la besaste? Es que no entiendo porque lo hiciste si según tu estas encantado conmigo, ¿Qué pensarías de mi si después de besarte y prometerte la luna y el sol me encuentras besándome con otro hombre? Ponte en mi lugar, Alan, ¿Qué habrías sentido? –el príncipe se quedó sin palabras, él se habría vuelto completamente loco, sin dudarlo, habría acabado a golpes a cualquier hombre que se atreviese a acercarse a su bruja.

-Yo reaccionaria mucho peor de lo que tu lo hiciste, no lo habría soportado –admitió, ¿Qué iba a hacer para recuperarla? ¡Pero que imbécil! Cada paso que daba la alejaba cada vez más.

-Y sin embargo yo sigo aquí, en el castillo, cerca de ti a pesar de no dirigirte la palabra, intentando pensar y encontrar la mejor solución para ambos, porque te aseguro que por mucho que me prohíbas salir, no todos los guardias podrían detenerme si decidiese alejarme, no me he ido porque no quiero apresurarme y hacer algo de lo que luego pueda arrepentirme –soltó la cuchara y suspiro, el hambre pareció írsele de repente, que Dios la ayude porque no podía estar más confundida.

-Lo sé, soy plenamente consciente de ello, pero hablémoslo, pídeme lo que quieras y juro que lo hago de inmediato, puedo ordenar que la lleven a su casa, solo pídemelo– Nasila suspiro con desilusión, esperaba mucho mas de él, no era ella quien debía tomar una decisión. Tomo su plato y se puso de pie, se acercó y lo miro.

-No, jamás te pediría algo así, si la besaste es porque hay algo en ti que te llevo a hacerlo, por lo que alejarla, en el futuro, más que una solución se podría convertir en un problema o bien en la causa de tu tristeza. Piensa en lo que quieres, en lo que sientes, y toma una decisión, mientras tanto, yo solo puedo esperar que no te tomes demasiado tiempo para ello, no me quedare esperándote toda la vida –no lo dijo con todas las palabras, pero para el buen entendedor pocas palabras, debía elegir, y aunque él en su cabeza ya tenía una elección más que segura, algo no le permitía llevarla a cabo.



Fernanda Suarez

Editado: 15.01.2019

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