Hechizo de amor (brujas 2)

Tamaño de fuente: - +

Capitulo 14 (parte 1)

Luego de despertar, no fue capaz de intentar volver a dormir, se sentía mas confundida que nunca, sus sueños eran cada vez mas extraños, era poco lo que lograba entender, su cabeza no dejaba de darle vueltas. ¿Acaso era posible que Alan estuviese siendo hechizado por la reina? Pero si ella era la menos interesada en que se casara con Kralice, a menos que le haya estado mintiendo todo este tiempo, y de ser así, más le valía encontrar un antídoto o alguna solución, no iba a perder el amor de su vida por una bruja.

En medio de la noche y sin ganas de dormir, se levantó y fue directamente a la mesa en la que permanecían todas sus plantas e ingredientes, para encontrar el antídoto, primero debía encontrar el hechizo, debía descubrir que poseía, como funcionaba, teniendo eso, podría buscar la forma de revocarlo, pero debía hacerlo pronto.

Empezó machacando varias plantas para luego revolverlas, agregaba ciertos líquidos y las iba almacenando, si algo había aprendido de las pociones era que todas tenían cuatro opciones de base, en otras palabras, tenían el mismo comienzo, por ende, creo todas las bases que se sabia y las dejo listas y en reposo, eso ayudaba a que el liquido fuera mas potente, pues los ingredientes eran mas concentrados. Decidida a encontrar las respuestas que necesitaba, cuando el sol ya empezaba a levantarse entre las montañas, tomo un baño rápido, se recogió su cabello en una moña alta, su puso un jean cómodo y una blusa sencilla, tenis y estaba lista. Salió de su habitación luego de dejar todo muy limpio y busco a la reina.

-Majestad –llamó su atención cuando la vio salir de su habitación– ¿Podríamos retomar las clases de magia? No quiero que por falta de practica pierda lo mucho que hemos avanzado en las lecciones –siempre que estaban en clase, una parte de ellas se unía, tal vez esa era una muestra de lo que en verdad eran, pero ahora que necesitaba verdades, era cuando mas le seria de ayuda esa conexión.

-Claro, yo encantada, si quieres empezamos luego del desayuno, en este momento tengo unos asuntos pendientes y en la tarde estaré un poco ocupada con las visitas –una vez al mes, la reina, como mano derecha del rey, debía visitar distintos puntos del país, lugares en los que se encargaba de prestar ayuda a los mas necesitados, ya fuera con sus conocimientos sobre la medicina, dándoles alimento o abrigo, en varias ocasiones, ha creado proyectos en los que se construyeron casas para los mas necesitados y escuelas para los niños, siempre con trabajo en conjunto, demostrándole al pueblo que aunque si, tienen unos reyes que velan por su bienestar, también es su deber trabajar juntos por ello, y casualmente, ese día serían las visitas.

-Perfecto, no hay ningún problema –se acercó, le dio un pequeño abrazo y la joven fue hasta el comedor, llevaba varios días encerrada y extrañaba el ajetreo del castillo, por lo que decidió ayudar a preparar el comedor para el desayuno. Junto a dos sirvientas, dejaron todo listo para cuando la familia y personal cercano tomaran lugar, Nasila estaba terminando de poner las bandejas en el centro de la mesa cuando Kralice cruzo la puerta, estaba tan elegante y hermosa como siempre, era una mujer imponente por naturaleza, su belleza complementada con un perfecto vestido de flores y unas delicadas sandalias.

-Tráeme un juego natural –le ordeno como si ella no fuera mas que parte del personal, ese era uno de sus grandes defectos, nunca pedía el favor, siempre buscaba la forma de demostrar su supremacía, poco le importaba pasar por encima de los demás.

-Ya mismo se lo traigo, señorita Nowak –respondió una de las mujeres encargadas de servir. La joven levanto la mano y la detuvo.

-No, usted no, quiero que me lo traiga ella –la señalo con desdén, con desprecio, en su rostro se reflejaba la rabia que le causaba el solo hecho de verla, ni hablar de lo que le provocaba el tener que dirigirle la palabra, pero ya que ella no podía mandarla lejos, estaba decidida a obligarla a irse por su propia voluntad.

-Lo lamento, pero, yo no le sirvo a usted –dijo la joven bruja simulando tranquilidad, no podía darse el lujo de perder los estribos con esa mujer, debía demostrarle que ella poseía cosas que el dinero nunca le darían– Carolina, ¿Tu quieres un jugo? –en el tiempo que llevaba viviendo en el castillo, se había tomado el trabajo de aprenderse los nombres de todas las personas que trabajaban o vivían allí, pues se le hacía muy grosero y poco familiar tratar a las personas de usted, quería sentirse como en familia. La expresión en el rostro de la elegante dama fue indescriptible, la rabia que le causo ver que no la atendía a ella pero si a una sirviente fue refrescante.

-Eh, no, tranquila Nasila, no es necesario –respondió con timidez y dulzura sin dejar de ver a Kralice esperando enfrentar una reacción no muy buena, pero la joven bruja, para evitarle malos momentos, se acercó, la tomo de la mano y la encamino a la cocina.

-Ve y ayudas con otra cosa que yo me hago cargo de terminar con el comedor, no te preocupes –la aludida salió casi que corriendo de ahí, el personal del castillo, mas que respeto, le tenían miedo a la invitada de los reyes, no solo por la forma en que los trataba que no era más que grosería, también por que en varias ocasiones escucharon como ella pedía que despidieran a ciertas personas que no cumplían sus ordenes a cabalidad, por suerte, los monarcas nunca habían accedido a ello, pero preferían evitarlo.



Fernanda Suarez

Editado: 15.01.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar