Hechizo de amor (brujas 2)

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Capitulo 16

Y ahí estaba de nuevo, en medio de un mundo lleno de neblina y ella usando un sencillo y vaporoso vestido color negro; podía sentir la suave brisa del viento moviendo su cabello y las delicadas telas que la cubrían, aquello le permitía relajarse y tranquilizarse, lo que le ayudaba mucho a la hora de vivir ese tipo de visiones, nunca era fácil ver a una mujer que dice ser tu abuela y quien te heredo ciertos poderes que no pueden catalogarse como normales, además que siempre que la veía era porque algo malo estaba por suceder, lo cual lo mataba de los nervios.

Tal como sucedió en ocasiones anteriores, frente a ella se abrió un camino, pero en esta ocasión, el suelo no era el usual césped que parecían recién cortado y que no hacia daño alguno a sus pies, eran ramas llenas de lo que parecían ser espinas, no había empezado a caminar cuando ya sentía el dolor en la planta de sus pies.

Despertar o quedarse quieta para evitar las heridas que de seguro se haría era imposible, cuando tenia ese tipo de sueños su cuerpo tenía vida propia, se mandaba por si solo, no moverse no era una opción para ella.

A medida que caminaba, sus pies iban dejando un rastro de sangre a su paso, el dolor era agonizante y cada vez mas fuerte, pero solo no podía detenerse, ni siquiera lograba de bajar el acelerado ritmo de sus pasos, por lo que hizo uso de toda su valentía y fuerza para no renegar.

Cuando todo cambio, frente a ella apareció un hermoso paisaje lleno de flores, altos y frondosos árboles, un hermoso, despejado y azuloso cielo y el césped más verde de la historia, era lo más hermoso que había visto en su vida, era simplemente perfecto, lo curioso era que a pesar de moverse de un lado a otro intentando escapar de las espinas estas siempre aparecían en el suelo que pisaba.

-De querer, podrías elevarte para dejar de lastimarte o en defecto, tienes el poder suficiente para cubrirlas con algo grueso y cómodo, ¿Por qué la magia siempre es tu ultima opción? –dijeron sobresaltándola; miro a su derecha y ahí estaba la que se suponía era su abuela. Ella, normalmente vestía colores vivos, alegres, pero ese día tenia un vestido negro que cualquiera usaría para un velorio, ese pensamiento al dejó helada, ¿Ella había muerto? ¿Alan? No, tenía que estar equivocada, además, solía mostrarle el pasado, por ende, seria imposible ver su muerte o la de su amado.

-¿Por qué hay tantas espinas? Parecen perseguirme, como si buscaran herirme, lastimarme; creo que no estoy entendido estas visiones –tal como la mujer le indico, creo una ligera corriente de viento que atrajo una gran cantidad de las hojas caídas de los arboles hasta que se formó un colchón que protegió sus pasos.

-La magia es algo casi imposible de entender, Nasila, no tiene una explicación como la ciencia, no tiene un resultado especifico como la matemática, no esta formada por sucesos anteriores como la historia, cada habilidad de cada bruja es completamente diferente, por ende, aunque la reina puede ayudarte mucho a ganar confianza en su uso, solo tu puedes aprender a manejarla a tu antojo, después de todo, eres tu quien provoca estos sueños que mas que ver el pasado, te muestra aquello que ignoras y que es de vital importancia que sepas, ¿no has pensado que esas espinas pueden ser una muestra del daño que te están haciendo? Tu eres la bruja –la joven se quedó sin palabras mientras observaba sus pies, no sabía quién podría estar haciéndole daño, a menos que Kralice no se haya dado por vencida.

-Me mostraste el hechizo de amor y logre cambiarlo, espero haberlo hecho a tiempo, pero lo hice, ayúdame a entender las espinas, me lastiman –ella se acercó y acarició la mejilla de la joven causando un delicado corrientazo justo allí en donde su mano se topó, fue algo tan pequeño que bien puedo haber sido producto de su imaginación, de lo mucho que deseaba alguien tener una verdadera familia.

-Yo no te mostré nada, fue la magia, yo solo estoy aquí para guiarte, acompañarte y aconsejarte. Tu tienes la habilidad de ver el pasado siempre que así lo provoques o lo desees, eso sin, no puedes olvidar que es algo que hace parte del pasado, no lo puedes cambiar por mucho que lo intentes, y aun así hace parte de ti –de repente, todo a su alrededor cambió, las espinas desaparecieron y frente a sus ojos se levanto una pequeña y humilde casa que aunque se le hacia familia, no lograba recordar con exactitud en donde la había visto.

-¡Estoy harto! ¡Déjame en paz de una buena vez! –gritó un hombre que en ese mismo momento salía de la casa.

-¡Esto es tu maldita culpa! ¡Te odio, te odio a ti y a este maldito bebe, yo quería abortar! –respondió una joven un par de pasos más atrás; para Nasila no fue difícil reconocer su rostro, era su madre, aunque mucho más joven y con un gran vientre. El hombre se detuvo, dio media vuelta y camino hacia ella a grandes zancadas.

-¡No se te ocurra lastimar al bebe porque te juro que lo lamentaras, también es mi hija! –no fue difícil entender que el hombre era su padre, era la primera vez que lo veía, no sabia que sentir, de hecho eran muchas las facciones que tenían en común, como los ojos verdes.



Fernanda Suarez

Editado: 15.01.2019

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