Helena ©

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Día 11 Con Helena

Por suerte las vacaciones habían empezado. Aún no tenía todas las notas de los cursos, pero sacando mis cuentas, era obvio que iba a repetir el ciclo. Siempre fui buen estudiante, desde que estaba en el colegio estuve entre los tres primeros de la clase. La universidad era diferente, pero la supe llevar. Cinco ciclos invictos. 

Hasta que conocí a Javi Braco a principios de este último semestre; Javi no es malo, ni ocioso. Él, por así decirlo, disfruta su vida al máximo. Nunca le dice No a una fiesta (sin importar que sea entre semana). Tampoco se niega a los coqueteos con alguna chica (sin importar que tenga novia). Digamos que él me contagió un poco de esa alma despreocupada. Prefiero pensar eso a pensar que tengo "otros motivos" para haberme descuidado tanto en estos meses.

He tratado de averiguar más sobre Helena; busqué en internet mujeres que hayan sido asesinadas o que hayan desparecido en los últimos meses, y el número de resultados es alarmante. ¿Cómo podría saber quién de todas es Helena? Ni siquiera estaba seguro de que su nombre fuera realmente ese, y no porque ella quiera mentir a posta, sino porque tal vez ese es el nombre que le dieron en el lugar donde está (donde quiera que eso sea).

— ¿Estás segura que tú nombre real fue Helena? —le pregunto—. Y no me salgas con eso de "No lo sé".

—Estoy segura que ese es mi nombre, pero no sé si lo fue antes de llegar aquí— ¡Vaya mierda!

— ¿Y no hay nadie a quién se lo puedas preguntar en "el más allá"? —digo con ironía.

—No sé a qué te refieres, acá solo estoy yo.

¿Por qué no pudo tocarme un fantasma como Gasparín o como el de Bruce Willis en El Sexto Sentido? Esos son, por mucho, más interesantes que la dichosa Helena.

— ¿Cuándo crees que pueda verte? Si yo fui la penúltima persona que te vio con vida, no voy a reconocerte solo por la voz.

Tengo 20 años, debería estar en alguna fiesta, en un campamento o con alguna chica, no hablando con un fantasma.

—Solo hay una condición—dice con su estrepitosa y chillona voz—. No puedes enamorarte de mí.

— ¡Ni siquiera te preocupes por eso! —respondí casi de inmediato.

—Por supuesto... Yo no soy "tú persona especial"— ¿Pero cómo...?

En ese momento, la habitación se inundó de frío, como la primera vez que Helena me habló. Tuve el instinto de abrigarme con algo, pero no lo hice, solo me quedé esperando a que algo más sucediera.

Los minutos pasaban de largo y nada, Helena quería hacerse esperar.

— ¿Te parezco muy fea? —Su voz hizo que diera un brinco en mi cama.

Ella estaba sentada en la silla del escritorio. Llevaba puesto un vestido corto de color celeste con estampado de girasoles pequeños, su cabello era color azabache, muy largo y lacio, su rostro era como el de una muñeca de porcelana, muy pálida, firme y con unos ojos tan celestes como el mar. Lo que más me llamó la atención fueron sus zapatos. ¿No se supone que los fantasmas no usan zapatos? Bueno, Helena sí usaba. Eran unas sandalias color fucsia con broche de conejito. Toda su vestimenta era muy infantil, pero a juzgar por su apariencia, debió tener unos 18 o 20 cuando murió. La idea de que tal vez ella murió usando esa misma ropa cruzo mi mente. ¿Cómo pudo su asesino matarla mientras ella usaba sus sandalias con broche de conejito? Por primera vez, sentí lástima por Helena.

—Perdón si te asuste—hablaba casi sin abrir la boca ni mover los músculos faciales.

—No tienes que pedir "perdón" por todo lo que hagas, ¿sabes? —No dejaba de mirarla. Había imaginado a Helena de muchas maneras, menos como es en realidad.

—Perdón—empezó a reír suavemente al darse cuenta que lo había dicho de nuevo—, pero tengo que decírtelo porque si no, tú no lo entiendes.

— ¿Qué?

—Que a veces, las personas se disculpan contigo sin decir la palabra "perdón" o " disculpa" y tú sigues pensando mal de ellos.

— ¡No sé de qué hablas! —dije molesto. Si tenía que desaparecer en algún momento, debía ser ahora.

—No puedo recordar nada de mi vida, pero por algún motivo sé muchas cosas de la tuya, y sé que eres muy rencoroso. No eres una mala persona, pero no puedes perdonar a la gente que te ofende—Se quedó en silencio, como esperando una respuesta de mi parte, que por supuesto no llegó.

Di la vuelta en la cama y me quedé mirando a la pared. Esperé unos minutos y tal como había pensado, cuando volví la vista hacia el escritorio, ella ya se había ido. 

 

Al día siguiente, Javi me envió un mensaje temprano para que lo acompañase en la noche a una fiesta. Había conocido a una nueva chica por Facebook y ella lo había invitado, pero él no quería ir solo.

— ¡Por favor, Enzo! ¡Tienes que estar ahí conmigo! —Javi sabía que no tenía que insistir porque yo siempre acababa cediendo, pero igual lo hacía. Era algo divertido para él.



R. A Bisso

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En el texto hay: humor, misterio, romance

Editado: 01.07.2018

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