Helena ©

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Día 16 Con Helena

— ¡Es un regalo! — chilla Helena.

 

— ¿Por qué has venido antes? —digo tratando de despegarme la cinta adhesiva de los dedos.

 

—No vine antes.

 

Miro el reloj, y efectivamente, son las 2:27. Con todo eso de envolver regalos y alistar mi ropa, la hora se había pasado sin darme cuenta.

 

Ayer, antes de irse, Javi me invitó a pasar navidad en su casa. Quise decir que no, ya me había acostumbrado a pasar esa fecha como un día normal. Además, ahora tenía al espectro indiscreto, que seguramente aparecería a mitad de la cena y empezaría a dar vueltas encima de la mesa. No, no quería eso. Pero Javi, como siempre, siguió insistiendo hasta que cedí.

 

Por la tarde, tuve que correr al centro comercial a comprar regalos para toda su familia. No tenía ni puta idea de qué podría gustarle a sus hermanas o a sus padres. Peor aún, no tenía idea de qué comprarle a él.

 

La mayoría de tiendas estaban casi sin mercadería. Mañana sería 23, así que es algo normal.

 

Lo único que permanecía en pie eran los electrodomésticos. Bueno, era mejor llegar con eso que con las manos vacías. Mientras salía, volví a pasar por la tienda en donde vi el vestido, pero ya no estaba ahí.

 

Tenía dudas sobre lo que debería hacer ahora, pero había pasado más de medio mes conmigo, siendo "cercana" a mí. Lo mínimo que se merecía era que hiciera el intento de regalarle algo. Entré a la tienda y pregunté por el vestido azul. Me dijeron que solo les quedaba uno en color rosa. Bueno, haría juego con sus sandalias raras.

 

— ¿Por qué no pediste que envolvieran los regalos en la tienda? —Pregunta mientras se balancea en la silla del escritorio.

 

—Porque ya no había papel de regalo en la tienda. Además, ¿cómo sabes de eso? Se supone que no recuerdas nada de cuando estabas… bueno...

 

—Tú haces envolver los regalos en la tienda donde los compras cuando vas a ir a algún cumpleaños.

 

— ¡Tienes que dejar de rebuscar cosas en mi mente!

 

— ¡No lo hago a propósito! —refunfuña.

 

— ¿Sabes qué sí deberías hacer a propósito? —Le digo y ella me mira confundida— ¡Ayudarme a envolver esto! ¿No se supone que eso hacen los fantasmas? Decir wuuuu y mover cosas... ¡Bueno, deberías mover el papel y la cinta y envolver estos regalos!

 

—A veces me haces sentir como si fuera una molestia.

 

—Bueno, no es que no lo seas…

 

Esas palabras salieron tan de pronto que no tengo tiempo para arrepentirme de decirlas. Ella me mira dolida, sube sus piernas al asiento del escritorio y las abraza.

Estoy a punto de decir algo que aliviane un poco el ambiente, cuando empiezan a tocar la puerta de mi cuarto.

 

— ¿Enzo, cariño, estás despierto? —pregunta mi mamá al otro lado de la pared.

 

—Sí... —Aunque quisiera haberme negado.

 

Mi mamá abre la puerta y mira todo a su alrededor como si fuese una pocilga extraña.

 

—Tú papá y yo ya nos estamos yendo para el aeropuerto. Creo que vas a pasar navidad con alguien este año…—dice mirando los regalos mal envueltos—. Me alegra, ya sabes cómo es esto de...

 

—Mamá, no tengo seis años—digo fastidiado—. Es suficiente con que digas: "Adiós Enzo, nos vemos el otro año, cuídate y dale de comer al perro"... ¡Ah, no! Espera, no tenemos un perro porque según tú, mi papá es alérgico.

 

—Si quieres, puedes tener un perro...

 

— ¡No quiero un perro mamá! Todo está perfecto como está—Tengo un alma en pena de mascota.



R. A Bisso

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En el texto hay: humor, misterio, romance

Editado: 01.07.2018

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