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Día 18 Con Helena

La madrugada anterior había logrado evitar a Helena. ¿Cómo? Pues fue más fácil de lo que pensaba, solo tuve que dormir oyendo música a todo volumen con audífonos, para no escucharla. Y para que no me fastidiara con "su onda gélida", saqué varios cobertores de la habitación de mis padres y las puse en mi cama. No tengo idea si apareció o no, pero no verla aunque sea un día, fue genial.

 

El amanecer del 24 no fue tan bueno.

 

Me dolía la cabeza por la música y estaba demasiado sofocado por el fuerte calor. Además de todo, recordé la ruma de regalos que aún había dejado amontonados a medio envolver.

 

Miré hacia el escritorio, donde los había dejado la noche anterior, y no estaban ahí. Me levanté de la cama rápidamente y los vi, apilados en una esquina. Estaban bien envueltos e incluso tenían extraños moños encima. La única que pudo haberlo hecho era el espectro. Consideré la posibilidad de que, tal vez, ella había cambiado los amables electrodomésticos por ratas muertas o heces de perro (eso sería irónico), pero preferí pensar que esa fue su manera de disculparse por haber dicho que mi vida era miserable (cosa que no era del todo falsa, por supuesto).

 

A media tarde, empecé a alistarme para ir a casa de los Braco. Me los imaginaba abriendo sus regalos envueltos por un alma en pena. Era algo más para Halloween que para navidad, pero bueno, ella los había envuelto mucho mejor que yo. ¿Acaso habrá visto tutoriales de Yuya sobre "Cómo envolver el regalo perfecto" en el más allá?

 

— ¡Pensé que ya no venias! —dice Javi ayudándome a meter los regalos a su casa.

 

—Sí, disculpa, se me hizo un poco tarde.

 

— ¡No te preocupes! Mis papás han salido para recoger el pavo. Me dejaron solo con ellas—dice señalando despectivamente a sus hermanas.

 

La hermana menor de Javi, la de 14 años, da un brinco de su sofá en cuanto me ve entrar y se acerca a nosotros con cara de loca.

 

— ¡Oh, por Dios! —Da un grito ahogado— ¡Zoe, te dije que este día iba a llegar! —dice refiriéndose a su hermana, quien la mira con cara de pocos amigos.

 

— ¿De qué estas hablado? —Le contesta Zoe de mala gana.

 

— ¡Por fin estamos conociendo al uke de Javi! — ¿Pero qué demonios es un uke?

 

La cara de Javi se enciende como un farolillo, y Zoe trata de ocultar su risa tapándose la boca con la mano. Yo los miro a los tres, muy confundido.

 

— ¿Qué es un uke? —Le pregunto a Gabriela. Zoe empieza a reír esta vez sin ocultarlo y Javi me mira furioso.

 

La muchachita parece satisfecha por la incomodidad causada. Sonríe maliciosamente, pero no es capaz de responderme nada.

 

En ese momento, llegan los padres de Javi. A ellos sí los conocía desde antes, solo sus "terroríficas hermanas" eran un misterio para mí. La señora Vittoria me saluda con mucho cariño, y el señor Braco (cuyo nombre nunca logro recordar) es más serio pero igual de respetuoso.

 

Aún no sé cómo voy a manejar el asunto del fantasma caminando mórbidamente entre nosotros a las 2:27am. Prefiero olvidar ese hecho por el momento.

 

El resto de la velada, es por demás extraña (para mí). La familia de Javi es muy unida, todos se ríen y de pronto, empiezan a discutir por algún asunto tonto y al final, se ríen otra vez y todo queda arreglado.

 

Gabriela me mira de rato en rato y le murmura cosas a Zoe. Ambas se ríen discretamente y vuelven a lo suyo. Trato de escuchar de qué están hablando, solo logro oír un par de frases dichas por Gabriela, que no entiendo: "Creo que Javi es el uke", "tal vez ambos sean sukes", "¿Crees que sea algo como el Mako-Haru o como Victuuri?".

 

—No le hagas mucho caso a Gabriela —Me susurra Javi—. Ella es... Rara, y todo empeoró cuando se volvió Fujoshi.



R. A Bisso

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En el texto hay: humor, misterio, romance

Editado: 01.07.2018

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