Helena ©

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Aún Día 25

— ¡Mierda!... ¡Dios!... Vas a estar bien, Enzo, vas a estar bien...—Podía sentir el movimiento de la ambulancia y el frío de sus manos mi rostro, ¿o era mi rostro el qué estaba frío?... No lo sé. Su cabello oscuro cubría parte de su rostro... ¿Cómo es posible que estuviera aquí en este momento?

 

 

****

 

Podía ver las cosas a mi alrededor, pero era como si no estuviera viendo con mis propios ojos, no podía controlar nada, solo estaba ahí, como un invasor no autorizado.

 

— ¡Helena! —La voz de la mujer sale de la habitación contigua— Helena, cariño, antes de irte, ¿puedes venir para verte? Por favor.

 

La persona que me está permitiendo ver todo (que ahora sé que es Helena), se mira al espejo y se acomoda por última vez la chompa de lana rosa con estampado de mariposas y ajusta la trenza de su cabello. Sonríe satisfecha y va a la habitación que esta junto a la suya. La mujer que la llamó antes la espera con una enorme sonrisa.

 

— ¡Te ves preciosa, mi amor!

 

— ¡Gracias, mami! —Sonríe emocionada.

 

En este momento puedo notarlo. A pesar de sonreír, Helena siente mucha tristeza al hablar con esa mujer, con su madre, que permanece postrada en la cama con una pañoleta en la cabeza.

 

— ¿Gerardo ya está listo? —pregunta la madre de Helena.

 

— ¡Ya sabes cómo es él! —bufa—. No sé porque no pudo celebrar su cumpleaños aquí...

 

—Mi amor... Tú hermano ha esperado cumplir dieciocho desde hace mucho—La mirada de la mujer se entristece—. Piensa que ahora sí conseguirá trabajo y podrá ayudar más...

 

— ¡Mami, no te pongas así! —Helena camina hasta la cama de su madre y se acuesta a su lado.

 

—Te vas a arrugar la ropa —dice la mujer en tono cariñoso.

 

—Es lana, no se arruga.

 

La mujer le sonríe y le da un beso en la frente.

 

—Quiero que hoy estés cerca de tu hermano en todo momento. ¿Está bien?

 

—Tengo dieciséis... Se supone que tú y papá deberían oponerse a que yo vaya a una discoteca—dice con un puchero en el rostro.

 

—Se supone... Pero tú te la pasas encerrada aquí todo el tiempo. Además, alguien debe acompañar a tu hermano a su celebración—La señora sonríe con ternura—. Por favor, ten mucho cuidado ahí.

 

—Sabes que soy la persona más aburrida del mundo, no debería preocuparte que regrese borracha...

 

—Sé que eres muy centrada en esas cosas, pero también eres... Ya sabes... Confías mucho en las personas... Y las discotecas a veces son peligrosas.

 

Discotecas, dieciocho... ¿Podría ser este el día que vi en Discobery?

 

En ese momento, alguien irrumpe en la habitación. Tal como pensaba, es el cumpleañero que vi en la discoteca ese día; un muchacho de cabello castaño muy oscuro, tiene los ojos color celeste mar, igual a Helena.

 

Es como verla a ella en una versión masculina (con mucha barba, por cierto).

 

—No puedes ir con esa chompa—dice él con rostro serio.

 

— ¡Bueno, no pienso ponerme otra cosa! —Le responde decidida.

 

Él trata de mirarla serio por un rato, pero no lo logra y empieza a reír.

 

— ¡Bien!... Puedes ir con esa chompa horrible.

 

Su madre los mira a ambos y ríe.



R. A Bisso

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En el texto hay: humor, misterio, romance

Editado: 01.07.2018

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