Helena ©

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Aún En El Día 34

—Yo... Eh... Bueno…— ¿¡Ahora qué!?

 

La expresión de Javi cambia de sorprendido a molesto, y luego se vuelve indescifrable. Da un par de pasos hacia el sofá donde estamos Víctor y yo, se queda quieto un momento y luego con una mueca estúpida, empieza a vomitar como la tipa de El Exorcista. Me pregunto cuánto más habrá estado tomando.

 

Bárbara se acerca de prisa, parece preocupada y a la vez se está muriendo de risa.

 

— ¡Mierda, Javi! —dice ella con una sonrisa de lado.

 

Él solo le responde con una mueca estúpida y luego se sienta a mi lado con la cabeza entre los brazos.

 

Un hombre se acerca a Bárbara por la espalda, le da un beso en la nuca y luego mira el charco de vómito y el espectáculo de borrachos en el sillón. Cuando mira hacia mí, puedo divisarlo bien. Es bastante alto, tiene el cabello café y ojos claros (tal vez verdes o azules).

 

— ¡Que mierda! —exclama el desconocido— ¿Ese es Víctor? —dice reparando en la presencia del bulto ebrio a mi derecha.

 

—Sí, y el otro borracho es su primo Javi. Y la cosita que está entre los dos es Enzo —dice Barb.

 

—Bueno, Enzo... Yo soy Patrick, el dueño de la casa—Él rodea el charco de vómito y extiende la mano hacia mí como saludo.

 

—Mucho gusto…—digo avergonzado.

 

—Bueno Enzo... Viendo el "estado" en el que están esos dos, creo que ya deberían irse.

 

¿Irnos? ¿Cómo se supone que voy a cargar con dos enormes sujetos, completamente borrachos, por todo el camino hasta la carretera?

 

—Bueno... No te preocupes por Víctor— ¡Gracias al cielo! —. Él es mi amigo, puede quedarse, pero sí te vas a tener que llevar al chico volcán de aquí.

 

— ¡Claro! No hay problema... Disculpa por... Esto—Solo espero que no me obligue a limpiar el charco de vómito antes de irme.

 

Ayuda a Javi a levantarse. Él se niega, pero finalmente lo sujeto por la cintura y paso uno de sus brazos por mi hombro. Bárbara se ofrece a acompañarnos hasta la salida, le da un beso a Patrick antes de salir. La expresión que tiene con él es diferente a la que ha tenido con otros tipos, este si le interesa, en serio.

 

— ¿Hace cuánto conoces al tal Patrick? —Le pregunto a mitad del pasillo.

 

— ¿Por qué? ¿Acaso estas celoso? —Empieza a reír descaradamente—. Lo conocí hace poco en el Discobery... Patt es el dueño—murmura, aunque no hay nadie cerca que pueda oírnos—. Fui con Javi y su primo, Víctor, nos lo presentó y bueno...

 

—Te ves feliz con él.

 

—No me quejo... Tú deberías estar feliz justo ahora—Yo la miro sin entender a qué se refiere—. Bueno, ya sabes... Estás llevando a este chico casi inconsciente a quién sabe dónde. Podrías... No sé... Aprovecharte un poco.

 

¡Cómo se le ocurre! Prefiero no responder nada. El elevador llega hasta primer piso, ella me da un beso fuerte en la mejilla y luego vuelve al penthouse de "Patt".

 

La carretera queda a cuatro calles pasando una pequeña plaza, el peso de Javi empieza a hacer efecto cuando llegamos a la segunda calle. Mientras estábamos por cruzar la plaza, nuevamente quiso vomitar. Nos sentamos en unas bancas de madera mientras él seguía botando todas las porquerías que se había estado metiendo.

 

—Cada vez que mi primo se emborracha, empieza a pedir perdón—balbucea Javi.

 

¿Perdón por qué?

 

—Nadie sabe a quién se lo dice... Él solo... pide perdón, a cada persona... Según mi tía, eso empezó por un amor no correspondido.



R. A Bisso

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En el texto hay: humor, misterio, romance

Editado: 01.07.2018

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