Helena ©

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Día 35 (¡Todavia!)

— ¿Ocho años? — ¡No! ¡Este tipo me está jodiendo!

 

— ¿Qué diablos quieres? —Parece más irritado que antes.

 

—Yo... Yo...— ¡Mierda!

 

Él tipo se sujeta del borde de la puerta y aprieta ligeramente el puente de su nariz.

 

— ¿Tú quién eres? —pregunto... ¡Al fin se me ocurrió algo bueno!

 

—Su hermano...—dice sin prisa.

 

No... Él no puede ser el hermano de Helena. ¿Cómo era que se llamaba…?

 

— ¿Gerardo? —susurro, pero él logra oírlo.

 

— ¿Cómo lo sabes?

 

—Te lo dije... Yo conocí a Helena.

 

—Pero... ¿Cómo? — ¡Sí! ¡Por fin bajó la guardia!

 

—Yo iba estaba en primaria aún...

 

— ¿En el colegio San Andrés?

 

— ¡Sí! En ese colegio... En el San Andrés. Helena era mayor que yo, pero nos hicimos amigos.

 

Si no me equivoco, una ligera sonrisa se asoma por el extremo de su rostro.

 

—Ella era muy infantil... Nunca la vi con niños, pero supongo que era capaz de llevarse bien con ellos... Helena era capaz de llevarse bien con todos...

 

—Helena es... ¡Era…! Una gran persona, nunca voy a olvidarla—Ella voltea y me mira agradecida.

 

Había olvidado por completo que Helena seguía ahí, conmigo, mirando a su hermano con tristeza, sosteniendo su hombro aunque él no pudiera sentirla.

 

— ¿Quieres pasar?

 

No... No debería.

 

—Claro.

 

Pasando la puerta, detrás de la enorme pared, hay un amplio jardín. Aún sin luz, puedo distinguir que está totalmente destruido.

 

Un delgado camino de piedras nos lleva hasta el centro, hacia la casa. Un lugar mediano, de dos pisos con ventanas enormes. Por un segundo, imagino este lugar de día, con la luz del sol entrando por cada ventana, llenando cada habitación. Me imagino a Helena, conversando con su madre, sintiendo los rayos en los ojos. Algo me dice que después de su muerte, nunca volvió a entrar el sol en esta casa.

 

Gerardo empuja la puerta y prende la luz de la primera habitación; es un salón grande, no hay muebles en él, solo un viejo sofá que seguramente alguna vez fue azul. Hoy solo tiene algunos retazos raídos con el color casi extinto.

 

Él me invita a sentarme ahí. Debería tener miedo, eso sería lo natural, pero no siento sino curiosidad por saber más de esta familia.

 

— ¿Sabes lo que pasó con mi hermana? —Pregunta por fin, rompiendo el silencio.

 

—Sí... Bueno, no en realidad.... He oído algunas cosas, pero no estoy seguro de qué tan ciertas sean.

 

—Bien...—dice asintiendo despacio—. No sé porque estás aquí... A estas horas...

 

—Yo solo... la recordé esta noche y quise saber más de ella— ¿En qué momento me volví tan buen mentiroso? Sonrío en mi interior.

 

—Claro... Bien... Ella era... Helena era... Helena era maravillosa, ¿sabes? Ella era capaz de sacarle una sonrisa a cualquiera, aunque estuviera en el peor lugar del mundo, nunca demostraba fastidio, solo en ocasiones especiales...—Sonríe—. Helena confiaba mucho en las personas... Si alguien se aparecía frente a ella con una sonrisa, ella pensaba de inmediato que esa persona era buena... Era bastante estúpida en ese sentido—Su voz empieza a exaltarse palabra con palabra.



R. A Bisso

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En el texto hay: humor, misterio, romance

Editado: 01.07.2018

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