Helena ©

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Día 52 (Parte I)

La oportunidad de traicionar a mis amigos había llegado, porque no podía llamarlo de otra manera... ¿Por qué exactamente estaba haciendo esto?... No lo sé, no era por Helena, porque ella misma me había pedido no adelantarme en culpar a Víctor, pero yo lo había hecho. Tal vez él no era el acosador y sin embargo, yo lo hice quedar así frente al demente de Gerardo.

 

Y no solo eso, ahora estaba a punto de poner a los dos bajo el mismo techo. Esta noche terminaría en masacre.

 

Bárbara me había invitado a celebrar su cumpleaños en una casa que tiene Patrick a las afueras de la ciudad y me dijo que podía llevar a alguien, por lo que se me ocurrió la estúpida idea de que ese "alguien" fuera Gerardo.

 

Él aceptó porque le dije que Víctor estaría ahí, y que esta sería una buena oportunidad para acercarse a él. Por suerte, el psicópata no quiso indagar mucho en cómo es que yo tenía cercanía con el supuesto asesino. Si lo hubiese hecho, yo hubiese tenido que hablar de Javi, y no quería meterlo en esto.

 

— ¿Tú tienes auto? —preguntó durante una llamada que me hizo en la tarde.

 

—No, supongo que podríamos llamar a algún taxi con UBER.

 

—Yo tengo auto, mándame tu dirección en un mensaje y paso por ti a las 8, ¿está bien?

 

—Claro... Pero, por favor... Debes saber moderarte cuando estemos ahí, no te comportes como un demente.

 

—Nunca me comporto como un demente—dijo con voz irónica—. Pero no te preocupes, voy a tratar de verme lo más lúcido posible.

 

Y vaya que cumplió, a las 8 en punto apareció en mi casa, totalmente cambiado, se había recortado la barba y estaba usando ropa decente. Su camioneta era una Suzuki color negro. No sé mucho de autos, pero se veía bastante nueva.

 

— ¿Y bien? —dijo cuando entré al auto— ¿Así luzco menos "demente"?

 

—Un poco más normal—Sonreí sin ganas, aunque de hecho el tipo no lucía nada mal, si vistiera así siempre, estoy seguro que tendría muchas chicas detrás de él.

 

—Y el tal Víctor... ¿Cómo es?... ¿Tú lo conoces bien? —dijo durante una espera de semáforo.

 

¡Mierda!... Tenía que encontrar la manera de hablarle de él sin mencionar a su primo.

 

—Ehm... No tan bien... Él es un amigo del novio de mi amiga Bárbara, la del cumpleaños.

 

—Ah... ¿Nunca han hablado?

 

—Un poco... Un par de palabras... De hecho me cayó bien.

 

—Y si te cayó bien, ¿por qué lo estás poniendo como un presunto asesino?

 

— ¡Ya te dije que no lo conozco a profundidad!... Sólo me cae bien por lo poco que he hablado con él.

 

Él vuelve la vista a la carretera y sonríe.

 

—Helena era como tú... Le caía bien cada persona sin siquiera conocerla... Supongo que por eso terminó de esa forma.

 

—Sé que no es momento para hablar de esto, pero... ¿En dónde está enterrada ella?

 

—No lo sé… Nunca encontraron ningún rastro de mi hermana. Después de dos años, la dieron por muerta y el caso se cerró... Ni siquiera se preocuparon por buscar el cuerpo—dice con ira contenida.

 

No sé qué más podría decir después de eso, así que el resto del camino estamos en total silencio.

 

El último tramo hacia la casa de Patrick es una carretera abandonada; no hay faroles de luz ni ninguna otra señal de tránsito por ahí, todos parecen ser terrenos baldíos, hasta que una enorme casa empieza a divisarse a lo lejos. Es realmente grande, debe tener unos cinco mil metros cuadrados y está cercada por una barricada de piedra que solo deja ver la superficie de la vivienda.



R. A Bisso

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En el texto hay: humor, misterio, romance

Editado: 01.07.2018

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