Helena ©

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Día 90 Con Helena

Sabia que había echado a perder algo el día de la fiesta de cumpleaños de Barbara No lograba recordar nada después de mi conversación con Patrick, según lo poco que Gerardo me había contado, después de que "desaparecí" por más de una hora, él me busco y me encontró discutiendo con un tipo extraño, según él yo  gritaba preguntándole al hombre si también era gay, no lograba hacerme a la idea de estar coqueteando con alguien, no es mi estilo, pero al parecer lo hice. Gerardo me dijo que cuando estábamos en el auto de regreso, le dije que Victor se había ido del país, tal vez volví a cruzarme con Patt y él fue quien me lo contó. Según Helena yo también mencione a Javi, y el parentesco que lo unía a Víctor. Había sido un movimiento arriesgado de mi parte, pero mientras que Gerardo no supiera quien era Javi no había problema. Y esa parte parecía haber sido solucionada, yo mismo no sabia nada se Javi desde hace más de un mes, estábamos en turnos diferentes en la universidad, no nos cruzábamos ni por casualidad; a Barbara si la veía, pero no había vuelto a hablarme y las dos veces que tuvo que coincidimos en clases, me miró mal. No quería hacer ningún tipo de drama pidiendo explicaciones, prefería dejar todo así. Con Victor fuera del juego, no había nada que me uniera a Gerardo, así que deje de frecuentarlo un par de semanas después de la fiesta. Helena seguía apareciendo como siempre a las 2:27, le pedí que evitara molestarme o hacer ruido, o enfriar la habitación, había vuelto a clases hace un par de días y necesitaba estar concentrado. Por suerte para mí, ella me hizo caso, supongo que también lo había entendido, yo no iba a encontrar a la persona que la mató, por lo tanto, ella nunca se iría y tendríamos que convivir toda la vida (bueno, toda MI vida). Al final, me sentía un poco más solo que años anteriores, solo un poco, había encontrado un buen amigo, inesperado, pero buen compañero, Patrick. Él tampoco sabía que había pasado durante la fiesta, ni el porqué Barb de pronto parecía odiarme o porque Javi se había olvidado que alguna vez fui su amigo. Pero en fin, yo no los necesitaba, a ninguno de ellos, había vuelto a un pequeño "vicio" que tenía años atrás, algo que empezó a los 17 y que terminó porque el estúpido rubio de bigotes ridículos me había dicho que yo no era el tipo de personas que necesitaba esas "mierdas". Bueno, pues si lo era, necesitaba eso, solamente eso, eso y a Patrick, mi único amigo. Si, es cierto que la amistad era un poco interesada de mi parte al principio, todo empezó siendo un acercamiento solo para comprar un poco más de "medicina", pero ahora puedo decir que es algo genuino, él me cae bien y no pienso en su cara cuando me masturbo... ¡Es perfecto!. — Enzo... Te he notado muy extraño estos días. ¿Está todo bien? — Madre, madre... ¿Por qué tuviste que salir de vacaciones ahora?. — ¿Me has notado?... Buen chiste mamá — digo con ironía — ¡Estoy perfecto!... Nunca me he sentido mejor. — Bueno... El otro día me encontré con Hector Tosa. ¿Lo recuerdas?, es el padre de Marco, él me dijo que tú subiste a su taxi y él te pidió perdón por... — — ¡Si mamá, yo estuve ahí!... Me pidió perdón, dijo un montón de estupideces, lloro y...— — Me dijo que tú eres gay. ¿Qué?. — ¿Qué? — digo en voz alta. — Me dijo que tú eres gay, que te dijo cosas horribles cuando te encontró besando a Marco y que en todos estos años no ha dejado de lamentarlo... No quiero presionarte a hablar de esto, pero no es una novedad para mi o para tú padre. Pero quisiera hablarlo contigo — ¡Oh no, ahí esta, cara de ejecutiva comprensiva!... Que ternurita. — Creo que ya no hay nada de que hablar... ¡Tú hijo es maricón! — río. — ¡Enzo!... ¡No digas eso!... Tu padre y yo lo sospechamos desde hace algún tiempo y no nos pareció mal, sólo estabamos esperando que tú nos tuvieras la confianza suficiente para decírnoslo. — ¿Por teléfono?... ¡No, espera!... ¡Por facebook!... Seria una idea grandiosa, el post diría: "Mamá, papá, me gusta el plátano más que la papaya", los etiquetaría y todo estaría muy bien. Por lo menos tres expresiones cruzan el rostro de mi madre, sorpresa, incomodidad, molestia... Si, molestia, decide quedarse con esa última. — No sé que está pasando contigo Enzo, pero últimamente te comportas como un idiota... Ya ni siquiera sales, creo que ya no eres amigo ni del tal Javi... Has cambiado mucho, quisiera haber hablado mas contigo después de que intentaste... — — ¡Ya mamá!... Está todo bien, tengo nuevos amigos... Bueno, uno, pero es suficiente, no necesito más. Antes de que pueda abrir su estúpida boca y seguir con la cháchara absurda de fingir ser una madre, me levanto de la mesa y subo a mi habitación. Aún me queda un poco de la medicina que me dio Patrick ayer. Es suficiente para esta noche, mañana tendré que visitarlo nuevamente. Me tumbo a mi cama y empiezo a imaginar una vida diferente, no para mi, sino para todos, un mundo diferente, un planeta diferente, otro sol, otras estrellas, otra luna, algo totalmente opuesto a la realidad. — Hola Enzo... ¿Por qué estas despierto todavía?, es miércoles, tienes clases en unas horas — ¡Mierda!, he empezado a odiar su estúpida voz chillona. — ¿Ya son las 2?. — 2:27. — ¿Por qué 2:27?... Es estúpido. — Ya respondí eso hace mucho. — Si, si... "No lo sé" — digo   imitando su voz. — ¿Viste a Patrick ayer?. — No... Hoy si tengo que verlo, necesitó más... — Drogas... Necesitas mas drogas. No eras así cuando te conocí. — Aparecerte a la fuerza en mi habitación no es conocerme. — De hecho sí lo es... Me gustaba más como eras hace un par de meses, cuando eras amigo de Javi, incluso de Barb... De Victor. — ¿Te gustaba que viva de fiesta en fiesta, siguiendo como un perrito a un tipo que jamás iba a corresponderme?... ¡Wow, eres una buena amiga!. — Por lo menos me sigues considerando una amiga... — Fue un decir... Eres un fantasma... Una "cosa", no puedes ser mi amiga... ¡Porque no eres nada!. — Cada vez estas más irreconocible... — ¡Lo sé!... ¿No es genial?. — No... Te estas haciendo daño... — ¡Ya basta de esas estupideces!... ¡Mierda!... Tengo que ver a Patrick ahora mismo, ojalá la zorra de Barbara no esté con el... ¡Tú desaparece, ya!. Helena me hace caso y se esfuma, busco mi celular en la mesita de noche y marco el número de Patrick. Que esté solo, que esté solo. — ¡Enzo, amigo!... ¿Necesitas algo de mí a esta hora de la madrugada? — podría jurar que está sonriendo en este momento. — Si... Sabes que necesito... ¿Puedo ir ahora?. — Por suerte para ti, Barbara no vino, asi que puedes venir, aunque... Hombre... Te di una buena dosis, debió durante un par de días más. — ¡Ya no hay nada!... ¿Voy o no?. — Por supuesto — ríe — Yo pago el taxi. Los minutos hasta llegar al departamento me parecen eternos, incluso le grito al chofer que vaya más a prisa, el hombre solo me mira mal y sigue al mismo ritmo. Maldito imbécil. Patrick está parado en la puerta de su edificio, se acerca con una sonrisa en el rostro hasta el taxi y le da al chofer un billete que vale más que la carrera. Subimos al ascensor y empiezo a sentir como el sudor inunda mi nuca. — ¡Hombre ya!... Ya vamos a llegar — dice Patrick con una sonrisa en el rostro. Finalmente llegamos. Me pide que lo espere en la salita y él se pierde en alguna de las habitaciones. El sonido de un reloj a lo lejos hace que mi mente esté a punto de explotar, no lo soporto. Empiezo a caminar hasta que el sonido quede lejos de mí, tic, tac, tic, tac... ¡Maldita sea!. Llego al final de un pequeño pasillo, hay una habitación a la que nunca antes he entrado. Tanteo la perilla para ver si tiene cerrojo, pero está abierta. Entró y no logro encontrar el interruptor. El sonido del reloj no se oye aquí, cierro la puerta en la oscuridad y trato de calmar mi respiración. Trato de dar unos pasos, pero me choco con algo duro en el piso, en el afán de no caerme me apoyo a la pared y... ¡Bingo!, el interruptor. La luz me marea al principio, es una habitación llena de cosas, de todo y de nada, hay libros, maletas, ropa, zapatos, todo apilado de forma desordenada, la cosa dura con la que choqué antes era un baúl antiguo. Me llama la atención la forma de la cerradura, me recuerda a los que salen en las películas de época. No tiene candado ni nada, lo abro con temor de encontrarme algún cráneo o cosa extraña adentro. Pero mi hallazgo es aun más aterrador. Cierro el cofre con fuerza y salgo corriendo de ahí, rogándole al cielo que Patrick no haya aparecido aún, por primera vez me siento con suerte. No espero el ascensor, bajo las escaleras corriendo, doy un traspiés en tres de ellas y caigo de espaldas, pero me levanto y sigo corriendo hasta estar varias cuadras lejos de ahí. La falta de la cocaína en mi cuerpo empieza a chocarme, camino hacia un pequeño parque que está totalmente vacío a esta hora para tratar de reponerme. Inhaló, exhalo, inhaló, exhaló, repito esa mierda varias veces hasta sentirme un poco mas calmado, pero no hay manera, no puedo borrar de mi mente lo que había en ese baúl: un par de sandalias rosadas con conejitos encima, estaban asquerosas y uno de los conejos no tenia oreja. Junto a esto, había un vestido celeste hecho jirones, aún así, se podía distinguir el estampado de flores.



R. A Bisso

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En el texto hay: humor, misterio, romance

Editado: 01.07.2018

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