Helena ©

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2374 Días Antes De Enzo

El reloj está por marcar las 3:30pm, se supone que Victor pasaría por mí a las 4, camino nerviosa de un lado a otro pensando que seré plantada en mi primera cita.


Nunca antes había sentido "eso", todo "eso", pensar las veinticuatro horas en una misma persona, imaginarte en las situaciones más estúpidas a su lado, poner tu apellido y el suyo para ver si sería una buena combinación, bueno... Todo eso era estúpido, yo me había vuelto una total estúpida desde que conocí a Víctor, y estaba un poco (muy) feliz por eso.

Según Luisa los chicos de esa edad (Victor tiene 20), solo buscan sexo, pero yo no lo creo, él parece ser alguien de buenas intenciones.

—Helena... Mi amor, a penas son las 3:30. ¿Puedes dejar de caminar de un lado a otro como loca? —dice mamá con una ligera sonrisa.

Lo siento mami, pero... ¿Qué tal si me deja plantada?... O si cuando habla más conmigo, se da cuenta que soy aburrida.

—¡No eres aburrida!... Solo eres... Diferente, a los chicos les gusta eso cuando quieren algo en serio.

—¿Crees que debería hablarle sobre París?.

—Yo creo que si, sino pensaría que desapareciste solo porqué sí, además solo serán unas semanas... Si a él le importa conocerte mejor, sabrá esperar hasta tu regreso.

Mamá luce reluciente este día, es bonito verla así. Sin importar que pueda arrugar mi ropa, gateo desde la orilla de su cama hasta apoyar mi cabeza junto a su almohada.

—Tal vez no debería ir a Francia —digo.

—¿Por el chico? —dice acomodándome un mechón de cabello detrás de la oreja.

—No... Por ti, no quiero dejarte sola.

—Tienes dieciséis años Helena, no te puedes pasar la vida entera pensando en lo que me podría pasar, además me he sentido mejor estos días; y tú papá hizo mucho para conseguir el pasaje.

—Pero ni papá ni Gerardo paran en casa, tú pasarías estas semanas sola.

—Viví sola por varios años antes de conocer a tú papá ¿Sabes? —dice divertida —Además tengo televisión premium. ¿Qué más puedo pedir?.

En ese momento el timbre de la casa empieza a sonar, se repite varias veces antes de que podamos oírlo.

—Debe ser el dichoso muchacho —dice mamá —¿Gerardo lo conoce?.

—Supongo que lo ha visto... No los he presentado, pero supongo que lo conoce de vista.

—¿Tiene teléfono celular?.

—Creo que no... Si quieres puedo cancelar —digo insegura.

—No... No es necesario. ¿Solo ten cuidado, sí?, no quiero que nada te pasé.

—Nada me va a pasar, creo que estaré aquí como a las 7, de repente podríamos ver La Ley y El Orden cuando vuelva...

—¿La Ley y El Orden? —ríe —Prefiero CSI, pero me conformo.

Me acerco para que me de un cálido beso en la frente y luego me despido de ella con la mano.

El timbre vuelve a sonar cuando estoy a pocos pasos de la puerta y grito: "Ya voy", aunque luego me arrepiento de haberlo hecho, mi voz parece un pitido más agudo de lo normal.
Cuando salgo, Victor camina de un lado a otro con las manos en los bolsillos, parece nervioso, se ve lindo.

—Pensé que no ibas a salir, o que la dirección era falsa —dice con una sonrisa de lado.

—Yo pensé que tú no ibas a venir —¡Diablos, pensé en voz alta!. Esto hace que él suprima una sonrisa.

—Llegue demasiado temprano, estuve dándole vueltas a la cuadra por media hora —murmura.

Un silencio plácido se instala entre nosotros dos, es un momento raro.

—Y bien... ¿A dónde vamos? —dice.

—Pensé que tú habías planeado algo.

—Si... Si, por supuesto... Soy un idiota —ríe —¿Qué tal si vamos al cine?

¿Al cine?, ¿Hay alguna buena película en cartelera?.

 

—Una de Terminator... Si te gustan de esas, y si no, podemos ver Coraline —dice nervioso.


—¡Coraline! —digo emocionada, prefiero ver a un personaje con botones en los ojos, que a Aburrinator.

Mi respuesta parece decepcionarlo un poco, pero por suerte, la película lo hace cambiar de opinión, creo que incluso llega a disfrutarla más que yo.

—Bueno... Esa película fue genial, aunque sigo teniendo dudas de como veían con los ojos de botón —dice con una mueca divertida.

 

De pronto una brisa muy fría cala por debajo de mi blusa y hace que se me crispe la nuca. Es nuevamente esa sensación extraña, que tengo cada vez que siento que ese "alguien" me observa, escondido en algún arbusto, o debajo de una farola, es como una sombra constante que parece estar en donde menos lo espere, pero es imposible, o eso dice Luisa.


—¿Qué pasó? —pregunta al notar el ambiente tenso.



R. A Bisso

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En el texto hay: humor, misterio, romance

Editado: 01.07.2018

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